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En el corazón de la comuna 9, una Ceiba Bonga con más de 40 años busca ser declarada patrimonio natural y cultural de la ciudad. La propuesta, impulsada por la comunidad y respaldada por instituciones locales, destaca la importancia de proteger este ejemplar en medio de la ciudad, que hoy se perfila como un emblema verde.

En el Parque ambiental, cultural y deportivo Coliseo del Café, una ceiba bonga (ceiba pentandra) se ha convertido en un símbolo de arraigo y resistencia para la comunidad, y en la actualidad es el eje de una propuesta que busca su reconocimiento como patrimonio ambiental y cultural de la ciudad. El proceso, liderado por la Junta Administradora de la comuna, no solo busca proteger un recurso natural valioso; sino proyectar un modelo de desarrollo urbano más sostenible y educativo.

 

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En Armenia existen otros ejemplares destacados de esta especie, como la Ceiba del Parque sucre o la del parque El bosque, árboles que también son imponentes por su altura y estructura morfológica característica. A nivel departamental, en el municipio de Quimbaya, se encuentran individuos con alrededor de dos siglos, específicamente en la vereda Palermo, quienes han sido testigos del paso de los años.

A esta ceiba también se le conoce como Ceiba Pentandra, y en el Eje Cafetero tiene el nombre de “Ceiba bruja”. Se trata de una especie nativa de América, familia de las malváceas, originaria de México y distribuida por Centroamérica, y Suramérica, incluyendo países como Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú, según el ingeniero forestal y especialista en gestión ambiental Carlos Mauricio Benavides Pacheco.

“La ceiba es un árbol de gran porte, majestuoso, que puede vivir varios siglos. Es una especie que, en esta región cafetera, también tiene un valor simbólico profundo, e incluso en algunos contextos, religioso”, explica Benavides. “En Armenia hay pocos árboles longevos como este, que realmente destacan por su historia y dimensiones. Por eso, este ejemplar debe ser visto no como un elemento más del mobiliario urbano, sino como un símbolo vivo que construye identidad colectiva.”

Este árbol se encuentra en el Parque Ambiental, Cultural y Deportivo Coliseo del Café, uno de los espacios públicos más importantes de la ciudad. Con una altura que puede superar los 50 metros y una longevidad típica entre 200 y 600 años, este ejemplar ha acompañado el crecimiento de los barrios aledaños desde su sombra en los años 70, época en la que fue sembrado a partir de semillas traídas desde la costa Atlántica.

“La ceiba representa la memoria viva del territorio; ha sido testigo del desarrollo urbano, y del paso de varias generaciones”, señala Cristian Mauricio Rivas, edil de la comuna 9 y principal ponente del proyecto. Su declaratoria como patrimonio busca consolidar una identidad compartida y proteger el tejido cultural de la ciudad.

¿Por qué declararlo patrimonio?

La propuesta declaratoria está dirigida a la Alcaldía de Armenia, el Concejo Municipal y la CRQ, y se fundamenta en razones ambientales, históricas, educativas y sociales. Para la comunidad, esta Ceiba representa una oportunidad para visibilizar el valor de la naturaleza como eje articulador de procesos comunitarios, y como herramienta para promover la conciencia ambiental y la identidad territorial.

Nos motivó la urgencia de visibilizar y proteger lo que nos representa como comunidad. Esta “ceiba bruja” no solo es un árbol, es un hito ecológico, histórico y emocional”, expresó Rivas.

Actualmente, el proyecto cuenta con una justificación técnica y contextualización ambiental, y avanza hacia en proceso de formalización ante el Concejo Municipal como Acuerdo local, con el respaldo de instituciones como la CRQ, el SENA, la Universidad del Quindío, Universidad La Gran Colombia, clubes deportivos que frecuentan el sector y otras entidades.

Estructura majestuosa y características peculiares

La Ceiba Bonga no solo destaca por su tamaño o edad, sino por su valor dado que en zonas del país como el Caribe y el Magdalena es sagrado. Su rol ecológico es fundamental es refugio de aves como mirlas, tórtolas y copetones, su corteza es hábitat de epífitas, líquenes y en sus ramas habitan polinizadores como abejas nativas y mariposas, lo que demuestra un microhábitat urbano que puede coexistir en la ciudad.

Desde su morfología, este árbol posee unas condiciones fenotípicas muy particulares, entre ellas sus espinas cónicas no vasculares, visibles en su etapa joven que actúan como mecanismo de defensa natural contra algunos animales, y desaparecen en la madurez. En la base sobresalen sus contrafuertes, conocidas como grandes formaciones que nacen en la base del tronco y se extienden hacia el suelo.

Estas estructuras no solo otorgan estabilidad y resistencia, sino que representan una de las características más imponentes de la Ceiba, permitiéndole soportar su altura y peso, así como la adaptación a distintas condiciones. Además, es un árbol caducifolio, es decir pierde su follaje para renovarlo en ciertas etapas del año.

Para Mauricio Benavides, la Ceiba Bonga puede ser un firme candidato a ser declarado árbol patrimonial, pero si se tiene un sustento técnico. Advierte que este tipo de declaratorias deben ir más allá del simbolismo y considerar factores como el estado físico, sanitario, y el entorno del ejemplar.

“Los árboles no deben ser reconocidos de manera caprichosa, sino bajo metodologías técnicas y científicas que evalúen su valor real. En Cali, por ejemplo, se ha usado un decreto y herramientas específicas para declarar patrimoniales a árboles con profundo simbolismo cultural y ambiental”, comenta.

Benavides comparte un referente valioso que refuerza la viabilidad de la propuesta, es el caso de dos ceibas pentandra ubicadas en el barrio San Fernando y La Flora, quienes fueron oficialmente declaradas árboles patrimoniales mediante un decreto municipal.

Una de ellas conocida como “la abuela ceiba” se encuentra en el barrio San Fernando, y se estima que tiene 420 años, es considerada un tesoro natural de la ciudad, puesto que destaca su majestuosidad y por haber sido testigo de la ciudad durante siglos.

Este proceso se logró gracias a la articulación entre el departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA), la Alcaldía de Cali, y expertos en arboricultura urbana, quienes aplicaron una metodología técnica para validar su valor simbólico, ecológico y paisajístico.

Según Benavides, los árboles longevos son fundamentales en el ecosistema urbano, ya que capturan una mayor cantidad de carbono, regulan el clima y aportan diversidad de beneficios ecosistémicos.

Comunidad activa en la protección

Equivalente a ello, la comunidad del sector ha comenzado a activar procesos de protección alrededor del árbol. Se espera en un corto plazo proyectar caminatas ecológicas, talleres educativos, encuentros intergeneracionales y comités de vigilancia ambiental, con el propósito de transformar la Ceiba Bonga en una herramienta de educación viva para las nuevas generaciones.

“El valor que este árbol tiene para nosotros es también educativo. Queremos que los niños, niñas y jóvenes se conviertan en sus principales guardianes”, afirma Cristian Rivas.

La ceiba como emblema de un nuevo parque

La propuesta se integra a un macroproyecto urbano y ambiental que busca transmitir un nuevo concepto en el Parque Coliseo del Café como espacio ecológico, cultural y deportivo; dado que se encuentra bajo el enfoque PROCEDA ( Proyectos Ciudadanos de Educación Ambiental), el parque contará con:

  • Teatro al aire libre (media torta).
  • Senderos ecológicos y observación de aves.
  • Gimnasio al aire libre con enfoque en calistenia.
  • Sistema de iluminación solar como ejemplo de energía limpia.
  • Contenidos educativos centrados en el Paisaje Cultural Cafetero.

En este contexto, la Ceiba no solo será un atractivo natural, sino el primer paso y símbolo central de la transformación en la comuna 9, que busca reconocer y proteger su entorno natural.

Para sus habitantes, la Ceiba Bonga no solo representa un legado ecológico, sino un reflejo de la identidad local. “Representa la fuerza, la resistencia y la generosidad, cualidades que también definen a los armenios”, señala Rivas. Su copa simboliza la solidaridad; sus raíces profundas, la conexión con el territorio; y su longevidad, una historia compartida por generaciones.

El crecimiento urbano y la expansión de la infraestructura han incrementado la demanda de terrenos, reduciendo la cobertura forestal y generando un impacto negativo en la biodiversidad. Frente a ese panorama, la Ceiba Bonga crece como una oportunidad para construir futuro en función a la memoria y el cuidado. Su declaratoria como patrimonio es más que un reconocimiento institucional es un compromiso colectivo con el cuidado, la memoria y la sostenibilidad.


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