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En el barrio La Unión Bajo de Armenia, varias familias habitan casas levantadas sobre terreno inestable, inclinadas hacia la quebrada y catalogadas en zona de alto riesgo.

El barrio está ubicado en una zona catalogada como de alto riesgo por la alcaldía, varias casas, se levantan con un marcado desnivel hacia la quebrada, llamando la atención de quienes transitan por allí, que ven en este lugar una futura emergencia, como las que se han registrado en los últimos días en diferentes sectores de la ciudad y del departamento del Quindío, debido a deslizamientos.

Muchos se preguntan ¿por qué hay personas que deciden vivir en esos sitios? y de acuerdo con algunos ciudadanos consultados por La Crónica, asumen que es porque han invadido estos predios del Estado para no pagar arriendo, impuestos, servicios públicos, entre otros, pero la realidad, vista desde otra arista… desde quienes habitan estas casas, es distinta.

Por ejemplo, dos de las personas que viven estas construcciones subnormales, que accedieron a hablar con este medio de comunicación, aseguraron que pagan arriendo.

Mi casa se quemó y encontré este lugar para vivir

A simple vista, el terreno parece ceder en silencio, las construcciones en guadua y un poco de material en algunas partes, se aferran a la ladera como si resistieran un pulso constante contra la gravedad. Desde algunos puntos se observa cómo la madera, que hace de columnas y soporte en el piso, ha comenzado a podrirse y a ceder, dejando la sensación de que cualquier aguacero fuerte podría marcar un antes y un después.

Una de las ciudadanas que compartió su historia con La Crónica es Gloria Cecilia Piedrahíta, pero como ella, muchas de las familias que habitan las denominadas zonas de alto riesgo, tienen vidas marcadas por tragedias, sufrimiento y necesidades, pero pese a esto, esta mujer asegura que “Dios aprieta pero no ahorca”.

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Piedrahíta vive allí desde junio del año pasado, cuando el incendio de su anterior vivienda la dejó sin alternativa. “Yo llevo viviendo aquí desde el Día del Padre. Mi casa se quemó en un incendio registrado en el sector conocido como La 30. Lo perdí todo, nunca tuve una ayuda ni de la alcaldía ni de la gobernación, no me dieron ni una panela, no tuve más remedio que venir a pagar arriendo acá”, relató. “Vivo sola, mi esposo falleció, tengo muchas limitaciones debido a un accidente, no puedo sujetar nada con mi mano izquierda y una de mis piernas tampoco me deja estar mucho tiempo de pie. Tengo que salir a pedir para sobrevivir. Hay mucha gente que me conoce y me ayuda, lo que ahora tengo en la casa es porque me lo han regalado. A veces voy a trabajar limpiando algunas cosas en el sector de las concesionarias, allí saben que soy una mujer honesta”.

Sobre la posibilidad de volver a reconstruir su vivienda donde fue el incendio en el sector de La 30, dijo que ese lote hace parte de una sucesión familiar por parte de su esposo y el proceso está en manos de la Fiscalía. “Hay que esperar un veredicto”.

“La casa tiene buenas bases”

Pese al desnivel de la casa, que se observa desde la calle, Gloria Cecilia dice que la casa tiene “buenas bases. Es cuestión de ir cambiando las guaduas que se van pudriendo y dañando, ya le han hecho algunos arreglos, porque antes se veía peor”.

No hay duda de que para ella el riesgo se mezcla con la resignación y agradece tener un techo, aunque sea en condiciones inciertas. Asimismo, tiene claro que la naturaleza no negocia y que las lluvias no entienden de necesidades.

En La Unión Bajo, la pendiente no solamente es geográfica, también es social. Y mientras el invierno avanza, la pregunta queda en el aire: ¿cuánto más podrá sostenerse la tierra antes de ceder?


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