Se trata de un centro que acompaña a población neurotípica y neurodivergente desde un enfoque domiciliario y comunitario, con actividades de desarrollo psicomotor, juegos educativos, talleres musicales y artísticos, estimulación sensorial y del lenguaje.
En Armenia el centro de estimulación y club de tareas Sapiens AXM hace un aporte significativo en el desarrollo de habilidades y potenciación de talentos. La mente creadora de Sapiens es Jéssica Alexandra Pineda Salazar, una mujer que habla con decisión, entusiasmo y con una claridad que nace de haber vivido en carne propia todo aquello que hoy intenta transformar.
Es administradora de Negocios Internacionales, docente universitaria, coach psicosocial, y líder comunitaria desde los 12 años, Jéssica es también una mujer autista con diagnóstico desde los dos años, una condición que no solo marcó su vida, sino que se convirtió en su brújula.
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Su historia es la de alguien que decidió hacer de sus propias barreras un campo de estudio, de lucha y de servicio.
Nació en Medellín pero creció desde los cuatro años en el Quindío, es una mujer que ha dedicado su vida al trabajo con población vulnerable. Pasó por iglesias, asociaciones barriales, colectivos culturales, procesos políticos, mesas departamentales y veedurías ciudadanas. Todo ese camino le permitió ver e identificar las grietas del sistema, hablando de niños sin acceso a terapias, familias que no pueden pagar un transporte, docentes que no saben cómo abordar la neurodivergencia, entidades enredadas en trámites y ciudadanos que renuncian a exigir sus derechos o que desconocen y no saben exigirlos.
De esa mezcla entre experiencia personal, conocimiento técnico y sensibilidad social nació Sapiens, un centro de estimulación y club de tareas que trabaja desde el diseño universal, con enfoque domiciliario y un equipo interdisciplinario de más de diez profesionales. Allí, niños, jóvenes y adultos neurotípicos y neurodivergentes reciben acompañamiento pedagógico, terapéutico, social y jurídico.
Para sostener su labor social, Jéssica y su grupo crearon incluso un café propio: Flor Terra Café, un emprendimiento que apadrina a niños de bajos recursos y rinde homenaje a su madre, Flor Amparo, quien fue su sostén emocional y la primera en negarse a que su hija fuera excluida y de quien heredó la sensibilidad de ayudar al prójimo, por ello su vida se convirtió en un testimonio vivo de intención sincera y trabajo silencioso, algunas veces poco reconocido pero que genera gran impacto.
¿Cómo entiende usted la inclusión?
Para mí la inclusión no es integración. No es “ellos allá y nosotros acá”. Es diseñar espacios donde nadie tenga que pelear por su lugar. Todo debe pensarse desde el diseño universal, donde todos, con o sin discapacidad, podamos disfrutar sin barreras.
¿Cómo influyó su formación y su historia personal en este camino?
Aunque estudié Negocios Internacionales, me he enfocado en educación porque creo profundamente que la educación es la puerta para transformar cualquier ámbito. Además, mi diagnóstico temprano hizo que viviera en carne propia las falencias del sistema: falta de ajustes razonables, desconocimiento sobre autismo, poca empatía. Todo eso me impulsó a estudiar, a buscar terapias y a convertirme en agente de cambio.
¿Cuándo decidió empezar a trabajar con comunidades vulnerables?
Desde muy joven participé en una iglesia cristiana haciendo labor social. Trabajamos con habitantes de calle, con niños de bajos recursos y eso me obligó a ser muy recursiva, como aprender a enseñar con fríjoles, lentejas, botellas recicladas. No había dinero, así que la creatividad era la herramienta. Más tarde participé en asociaciones culturales y procesos de chirimías, teatro y juegos tradicionales.
Estuvo trabajando con un representante a la Cámara en el Congreso y se postuló para edil de la comuna 3. ¿Qué aprendió allí?
Fui asesora de un representante a la Cámara y eso me permitió entender cómo funcionan las leyes y los proyectos legislativos. Desde allí participé en mesas técnicas para la Ley TEA y en iniciativas de salud mental. Me apasionó la política bien hecha: la política como el arte de gobernar y no como corrupción. Los políticos son empleados de los ciudadanos, no superiores.
Actualmente soy consejera departamental de discapacidad en la Secretaría del Interior, vicepresidenta de la Veeduría Ciudadana por la Discapacidad en el Quindío y hemos hecho seguimiento a proyectos como el Centro de Rehabilitación de Calarcá. Ese proyecto, de 4.500 millones, estuvo prácticamente perdido, pero logramos intervenir y sacarlo adelante. La Contraloría incluso nos felicitó.
¿Cómo nació Sapiens?
De una necesidad: hay centros de estimulación, pero son costosos y las familias de personas con discapacidad no siempre pueden pagarlos o desplazarse. Nosotros trabajamos desde lo privado, pero con enfoque social, apadrinamos niños y brindamos servicios sin costo en algunos casos. Nuestro eje es la estimulación domiciliaria, para que el usuario esté en su entorno.
Directamente acompañamos unas 60 personas entre niños, jóvenes y adultos. Pero si sumamos familias y comunidad, impactamos entre 200 y 250. Y desde la incidencia política, mucho más. También brindamos asesoría jurídica gratuita en derechos de petición, tutelas, acciones populares. Cubrimos toda la ruta, porque conocemos las dificultades tanto como pacientes como desde lo técnico.
¿Cuál ha sido el caso más significativo que recuerda que hizo parte de Sapiens?
Una niña llamada Sarita. Cuando llegó a Sapiens tenía 3 años, no hablaba, no controlaba esfínteres y había sido rechazada en colegios, era muy agresiva también. Empezamos desde la autoestima, desde la regulación sensorial y con acompañamiento familiar. Hoy tiene 9 años, cursa cuarto, habla fluido, patina, pinta y aprendió a autorregularse. Es un proceso integral y muy emotivo que pudimos vivir con ella.
¿Qué significa Sapiens para usted?
Es mi manera de transformar lo que yo viví y lo que viven miles de personas. Sueño con que Sapiens sea referente en Latinoamérica en estimulación sensorial domiciliaria. En Europa las barreras son menores; aquí, la falsa inclusión nos tiene estancados. Quiero aportar a cambiar ese paradigma.
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