El historiador presenta Las 9 Rosas de Filandia y los Idoros, una obra que le tomó seis años de investigación genealógica y rescata la memoria de varias generaciones a través de la historia detrás de sus apellidos.
En el Quindío, hablar de memoria, civismo y construcción regional conduce inevitablemente a nombres que han dejado huella. Uno de ellos es Luis Fernando Ramírez Echeverry, cuya trayectoria ha estado marcada por el servicio público, la promoción del turismo rural, el impulso a la artesanía y una constante defensa de las causas sociales y cívicas.
Historiador por vocación y genealogista por pasión, faceta que lo llevó a ser miembro de número de la Academia Colombiana de Genealogía hace 6 años, Ramírez Echeverry ha dedicado los últimos años a reconstruir las raíces de su familia como una forma de comprender la historia misma del territorio.
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Este domingo 1 de marzo, en el día de su cumpleaños número 73, presentó su más reciente obra, Las 9 Rosas de Filandia y los Idoros, un libro que se perfila como uno de los compendios genealógicos más completos realizados en el Quindío. La publicación recoge seis años de investigación rigurosa, basada en archivos civiles, registros parroquiales, censos, documentos notariales e incluso pruebas genéticas con saliva y a través de herramientas tecnológicas.
El texto gira en torno a la descendencia de su abuela Clara Rosa Echeverry y sus hermanos, especialmente las nueve mujeres bautizadas con el nombre Rosa y combinaciones de este nombre con motivo del amor de su abuela hacia la flor y cuyas historias de vida, contrastes sociales y legado cultural son el hilo conductor de una narración que trasciende lo familiar para convertirse en patrimonio colectivo.
La obra fue presentada en el marco del Primer Encuentro de Descendientes de Las 9 Rosas, un evento que reunió generaciones enteras alrededor de la memoria, la identidad y el reconocimiento de los ancestros.
Más allá de un ejercicio genealógico, la obra de Luis Fernando Ramírez Echeverry se convierte en una invitación a mirar hacia atrás para entender quiénes somos.
El lugar de presentación de este trabajo fue la Institución Educativa Sagrado Corazón de Jesús Hnas Bethlemitas en Filandia, en honor a que las 9 rosas estudiaron y se formaron allí desde los inicios del plantel educativo, así como sus hijas, nietas, bisnietas y tataranietas.
¿En qué momento de su vida nace su interés por la genealogía?
Desde muy niño. Mi abuela se sentaba a contarnos historias familiares y, aunque muchos se cansaban de oírlas repetidas, a mí me fascinaban. Tenía unos 9 o 10 años y ya sentía curiosidad por saber de dónde venía uno, quiénes fueron nuestros antepasados y cómo habían vivido.
¿Cómo pasó de esa curiosidad a una investigación tan rigurosa?
Fue un proceso de vida. Me dediqué a muchas cosas: el derecho, el turismo, la cultura, la política. Pero cuando vi que iba a pensionarme, retomé esa inquietud y me metí de lleno en la investigación. Empecé con la línea de mi madre y luego continué con la de mi padre, que es este nuevo libro.
¿Qué hace especial a Las 9 Rosas de Filandia y los Idoros?
Es un trabajo muy completo que no solo recoge nombres, sino historias de vida, contextos sociales, fotografías y documentos. Incluye desde registros históricos hasta herramientas modernas como pruebas de ADN, que permiten descubrir parentescos en distintas partes del mundo.
¿Qué tipo de hallazgos encontró durante la investigación?
Muchos sorprendentes. Desde un pariente vinculado a la guerra de Corea, hasta una religiosa que llegó a ser autoridad en su comunidad en Colombia y Panamá. También casos de personas que, sin lazos biológicos, asumieron roles sociales importantes, como dar su apellido para proteger a hijos de madres solteras.
¿Qué le dejó personalmente este proceso?
Una satisfacción enorme. Entender el esfuerzo de quienes nos antecedieron, cómo llegaron a estas tierras, cómo construyeron familia y región. Eso cambia la forma de verse a uno mismo y de valorar la historia.
¿Por qué considera importante que las personas conozcan su árbol genealógico?
Porque no somos una generación espontánea. Somos el resultado de muchas generaciones. Conocer nuestras raíces fortalece la identidad, ayuda a entender comportamientos y permite dejar un legado a quienes vienen después.
¿Este libro es más un ejercicio personal o un aporte a la sociedad?
Ambos. Es un homenaje a mis ancestros, pero también un legado para mis descendientes y para el Quindío. La historia de las familias también es la historia de los pueblos.
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