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A sus 27 años, este quindiano integra su vocación de servicio con la ciencia, trabajando en el Williams Cancer Institute mientras continúa su labor en la Defensa Civil y el Jardín Botánico.

A sus 27 años, Julio César Duque Gaviria comprendió y construyó su vida atravesada por un mismo propósito, el de ayudar al prójimo. Es biólogo de profesión, graduado de la Universidad del Quindío, ha logrado integrar tres caminos que, aunque distintos, se conectan en esencia: la ciencia, el servicio comunitario y la educación ambiental.

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Desde niño, y por anécdotas que le contó su familia, entendió que su vocación estaba en socorrer a los demás cuando sucedían accidentes, en momentos como esos, a sus 11 años, sus esfuerzos solo se centraban en ayudar a los demás. Por lo que desde el colegio quiso ser parte de la Defensa Civil, un llamado al que pudo atender muy joven.  

Aunque entre sus opciones se balanceaba formarse para ser rescatista, estudiar para atención prehospitalaria y ser paramédico, la biología llegó a su vida más como azar que por decisión propia-

Actualmente, su trabajo está vinculado al Williams Cancer Institute, donde ha participado en investigaciones orientadas a encontrar tratamientos más efectivos contra el cáncer de mama, próstata y pulmón. A través del análisis molecular y genético, ha aportado a la construcción de una medicina de precisión, en la que cada paciente es entendido como un caso único. Hoy, desde Calarcá y apoyado en herramientas digitales, se enfoca en la oncología computacional, analizando datos y estadísticas que permitan tomar decisiones médicas más acertadas.

La investigación sobre tratamientos para el cáncer desde la oncología computacional es un trabajo que desarrolla desde Calarcá, mientras que los fines de semana ejerce como guía en el Jardín Botánico del Quindío.

 

¿Cómo se complementa el ser voluntario de la Defensa Civil con su formación como biólogo?

Mucho. Sobre todo en búsqueda y rescate en entornos naturales. La biología me da herramientas para entender el entorno, los riesgos, las especies, y también conocimientos de anatomía y fisiología que aplico en la atención de personas.

 

¿Por qué trabajar como guía en el Jardín Botánico?

Porque también es una forma de aportar. Educar a las personas, acercarlas a la naturaleza, generar conciencia ambiental. Además, fue un trabajo que llegó en un momento difícil de mi vida y me permitió salir adelante.

¿Qué momentos han marcado su vida?

La muerte de mi papá. Fue un golpe muy duro, pero también me impulsó a seguir adelante, a terminar mi carrera y a enfocarme aún más en la biología y la investigación. Fundamental, él me apoyó siempre, incluso fue quien me ayudó a entrar a la Defensa Civil. Todo lo que hago también es por él.

 

¿Qué significa para usted salvar una vida?

No siempre es en una emergencia. A veces es escuchar, acompañar. Para mí, salvar una vida es darle un sentido, un propósito, una razón para seguir adelante.

 

¿De dónde nace esa vocación de servicio?

Desde muy pequeño. Mi familia cuenta que cuando ocurrían accidentes cerca de mi casa, yo, con 11 o 12 años, salía a ver cómo podía ayudar. Siempre sentí que debía estar ahí, en los momentos críticos.

 


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