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La física Ana María Gómez Londoño participa en uno de los proyectos más importantes para el desarrollo de reactores nucleares de cuarta generación. Aportando datos clave para reducir los desechos radiactivos y mejorar la seguridad energética mundial.

La quindiana Ana María Gómez Londoño está próxima a convertirse en doctora en física experimental enfocada en las mediciones de fragmentos de fisión nuclear. Es una joven apasionada por las ciencias exactas y el mundo invisible. Es una quindiana brillante que aporta su trabajo en los laboratorios más avanzados de Europa.

Es una joven excéntrica, pero sensible al mundo, la construcción de su personalidad la lleva a desempeñarse de muy buena manera tanto en el mundo expresivo del arte como del mundo matemático. Esta científica hace parte de uno de los proyectos más ambiciosos de la física contemporánea, el de entender con precisión extrema cómo se fragmentan los núcleos atómicos para avanzar hacia reactores nucleares de cuarta generación, una tecnología que promete reducir los desechos radiactivos en casi un 99 % y aumentar la seguridad energética mundial.

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Es Física egresada de la Universidad del Quindío, magíster de la Universidad Nacional y próxima a culminar su doctorado en física nuclear experimental entre Suecia y Bélgica. Buscando ese aprovechamiento Ana María, junto con un equipo de físicos en Suecia, buscan un entendimiento general, profundo, histórico y preciso sobre la cantidad de neutrones que se evaporan al momento de la fisión de los núcleos; su trabajo se centra en medir con altísima precisión las masas de los fragmentos de fisión nuclear y corregir fenómenos físicos complejos que distorsionan esas mediciones. Un aporte clave para que ingenieros y científicos puedan diseñar tecnologías nucleares más limpias y seguras.

En el mundo existen cuatro arreglos experimentales para medir las masas con precisión, uno es ‘Spider’ y está en Estados Unidos, ‘Falstaff’ y ‘Verdi’ están en Europa y ‘FFIS’ se encuentra en China. Ana María trabaja con ‘Verdi’ y su cargo actual es como estudiante de doctorado en el Departamento de Física y Astronomía; división de Física Nuclear en la Universidad de Uppsala.

Su trabajo, publicado en prestigiosas revistas internacionales, ya es reconocido incluso con portadas científicas a nivel mundial.

 

¿Cuándo aparece la física como opción de vida profesional?

Al terminar el colegio no tenía claro qué estudiar. Me gustaba mucho la música y quería dedicarme a eso, pero en Armenia no existía esa opción a nivel profesional. También me apasionaban las matemáticas, y fue un profesor de física quien me sugirió estudiar física porque ahí podía unir ambas cosas. Al inicio dudé mucho de mis capacidades, tenía inseguridades, pero decidí intentarlo y fue una de las mejores decisiones de mi vida.

 

¿Por qué te interesaste específicamente en la física nuclear?

Desde los primeros semestres me llamó mucho la atención la historia de Marie Curie y todo lo relacionado con el núcleo atómico. La física nuclear tiene una conexión profunda con la mecánica cuántica y con preguntas fundamentales sobre cómo se organiza la materia. Aunque en mi universidad no existía una línea fuerte en nuclear, yo sabía que quería ir por ese camino, más fundamental que aplicado.

 

¿En qué consiste su doctorado en física nuclear experimental?

Mi doctorado se enfoca en medir con altísima precisión las masas de los fragmentos de fisión nuclear, es decir, los pedazos en los que se divide un núcleo pesado cuando ocurre la fisión. Estas mediciones permiten saber cuántos neutrones se emiten en ese proceso, información clave para entender la dinámica nuclear y para el desarrollo de reactores nucleares de cuarta generación.

 

Uno de sus aportes más importantes fue resolver un problema experimental complejo. ¿De qué se trata?

Durante mi doctorado detectamos que las mediciones de energía estaban siendo distorsionadas por un efecto de plasma dentro de los detectores, causado por la enorme cantidad de carga de los fragmentos de fisión. Mi trabajo consistió en caracterizar ese efecto y desarrollar un modelo matemático que permite corregirlo. Gracias a ese modelo, hoy podemos recuperar la energía real de los fragmentos y obtener datos mucho más precisos.

 

¿Cómo se relaciona su investigación con el futuro de la energía nuclear?

Los reactores nucleares de cuarta generación buscan reutilizar gran parte de los desechos radiactivos como combustible y que sirva como energía verde. Para que eso sea posible, se necesita un conocimiento muy preciso de la fisión nuclear. Nuestro trabajo aporta datos experimentales que permiten validar modelos y avanzar hacia una energía nuclear más limpia, segura y con menos residuos.

 

¿Qué sigue ahora en su carrera científica?

Estoy terminando mi doctorado y espero continuar trabajando con el instrumento experimental para lograr las mediciones completas, antes y después de la emisión de neutrones. Mi sueño es llevar este proyecto a su punto máximo y me encantaría poder aportar ese conocimiento a Colombia, aunque soy consciente de que requiere inversión, apoyo estatal y una apuesta decidida por la ciencia.

 

Más allá de la ciencia, ¿qué la sostiene emocionalmente en este camino?

La música. Siempre ha sido mi refugio. Canto, participo en encuentros musicales con otros latinoamericanos en Suecia y a través de la música he encontrado equilibrio en un entorno científico que sigue siendo muy masculinizado. La música me ha ayudado a sanar, a resistir y a seguir adelante.


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