El caficultor quindiano y nadador de aguas abiertas, terminó la final mundial de Oceanman en Dubái y se ubicó entre los mejores del mundo en su categoría, demostrando que la resistencia también se cultiva fuera del agua.
Luis Miguel Hoyos Ramírez no nada para vivir: vive para nadar. Es un quindiano caficultor de oficio, emprendedor del café de especialidad y nadador de aguas abiertas por convicción, este armenio de 37 años logró en diciembre uno de los hitos deportivos más importantes de su vida, el de terminar la final mundial de Oceanman en Dubái, una prueba de 10 kilómetros en mar abierto, y ubicarse entre los 26 mejores del mundo en su categoría (30-39 años).
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Su camino no ha sido lineal. Estudió Derecho en la Universidad Externado de Bogotá, se alejó del deporte, atravesó una etapa de adicciones, regresó a Armenia para reencontrarse con la natación, fue diagnosticado con una cardiopatía que lo sacó del agua durante un año y, aun así, volvió más fuerte. Clasificó al mundial tras competir en Guatapé y viajó a Dubái autofinanciado, con el apoyo de su familia y amigos, para nadar por su padre, quien atravesaba un delicado momento de salud.
Hoy, desde su proyecto Polímata, donde acompaña el café “de la tierra a la taza”, todo el proceso hasta la entrega final y el servicio en su café, Luis Miguel sigue entrenando para retos cada vez más largos, convencido de que la natación además de resistencia es, sobre todo, una batalla mental y espiritual.
Estudió Derecho, pero no ejerció. ¿Por qué tomó este otro camino?
Porque estudiar Derecho en Colombia es como estudiar ciencia ficción, lo que uno lee no pasa. Además, no me sentía cómodo resolviendo problemas derivados de la irresponsabilidad de otros. Me generaba angustia. Yo necesitaba un oficio que me diera libertad y paz, y ahí fue donde encontré el café.
¿Cómo nace Polímata Café, Arte y Ciencia?
Polímata nace como respuesta a una necesidad personal y como recomendación terapéutica, la de encontrar un lugar para ser. Cumplí 30 años en 2018 y decidí regalarme un proyecto nuevo. Empecé sin capital, solo con la idea. En abril de 2019 lanzamos la marca y en septiembre abrimos el punto físico. Hoy hacemos todo: cultivo, secado, tostión, empaque y venta. Es un proyecto que exige ser polifacético, de poseer varios conceptos y eso me encanta.
En 2018 nos trasladamos hasta el punto físico en la calle 3 Norte y aquí hemos resistido hasta hoy.
La natación ha estado presente desde niño, pero hubo una pausa larga. ¿Cómo fue ese regreso?
De niño nadé hasta los 11 o 12 años. Luego jugué baloncesto y me fui a Bogotá. Allá me alejé del deporte y atravesé una etapa dura de adicciones. A los 20 años paré, y cuando regresé a Armenia, a los 27, volví a encontrarme con la natación. Fue como un amor reencontrado.
¿Por qué las aguas abiertas?
Porque me gusta la resistencia. Yo no soy veloz, pero aguanto mucho. Me identifico con las largas distancias. La piscina me dio bases, pero no me llenaba. En aguas abiertas encontré sentido, reto y libertad.
¿Cómo logró clasificar al mundial de Oceanman?
En abril competí en Guatapé en los 10 km. Mi única expectativa era terminar. Nadé tranquilo, con alegría, y quedé entre los 10 primeros de mi categoría. Eso me dio el cupo al mundial en Dubái.
¿Cómo fue el proceso para viajar a Dubái?
Todo fue autofinanciado. Nadie te paga nada por clasificar. Vendí más café, trabajé más y recibí apoyo de mi familia y amigos. Mis papás me dijeron: “Nos vamos para el mundial”. Eso fue muy poderoso.
En la competencia logré bajar mi marca, hice 3 horas 18 minutos, quedé 117 en el mundo y 26 en mi categoría. Estoy muy orgulloso.
Cuando está nadando, ¿qué pesa más, lo físico o lo mental? ¿Qué pensó luego de pasar más de dos horas nadando?
La mente. El cuerpo responde si la cabeza está bien. Pero todo debe estar equilibrado. Prepararse también es saber retirarse si es necesario. Retirarse es un acto de valentía.
Uno piensa en todo, a la mente vienen pensamientos sin importancia, recuerdos, cosas simples. En Dubái repetí mucho la palabra “Bismillah”, que significa “en el nombre de Dios”. Me dio alegría y calma. Fue una experiencia espiritual muy bonita.
Está planeando próximamente cruzar el estrecho de Gibraltar, ¿cómo nace este reto y qué otros tiene en mente?
En 2026 quiero volver a Open Swimmers en Santa Marta y empezar a ir más allá de los 10 km. También quiero cruzar Calima, La Cocha y Tominé. A los 40 años quiero cruzar el Estrecho de Gibraltar. Sería celebrar 40 años de vida y 20 años limpio.
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