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El economista pereirano combina la ciencia de datos con la inteligencia artificial para transformar la forma en que las empresas toman decisiones.

Economista, especialista en alta gerencia, científico de datos y estudiante de la maestría en inteligencia artificial de la Universidad de los Andes, Alejandro Steeven Galeano Moreno ha dedicado los últimos años a entender cómo unir dos mundos que antes parecían distantes: la economía y la inteligencia artificial. Desde Pereira impulsa proyectos de transformación digital en medios, empresas y universidades, convencido de que la tecnología puede predecir la demanda, optimizar los procesos y, sobre todo, potenciar la inteligencia humana.

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¿Cómo logra combinar la economía con la inteligencia artificial?

Justamente es un tema que me apasiona: cómo podemos predecir la demanda de los bienes y servicios utilizando la ciencia de datos. Si yo, como economista, tengo predicha la demanda, ya no tengo que generar oferta a ciegas. Puedo crearla con un conocimiento previo.

Por ejemplo, si sé cómo se comporta históricamente el mercado de los zapatos de cuero, puedo anticipar la demanda futura. Así, una empresa que confecciona zapatos no produciría mil pares, sino los cien que realmente se van a necesitar. De esa forma podríamos incluso controlar los precios y hacer los productos más accesibles para las personas.

¿Cuándo descubrió esa conexión entre economía y tecnología?

Fue reciente, hace unos cuatro meses. Yo soy economista de la Universidad Libre de Pereira, terminé el pregrado en 2013, cuando la ciencia de datos aún no tenía la fuerza de hoy. Luego trabajé como gerente de operaciones en una empresa de asistencia y pasé al área de innovación y procesos, donde me encargaba de buscar tendencias y hacer más eficientes las áreas.

Allí fue donde descubrí la inteligencia artificial. Empecé a meterme en el tema, primero desde la optimización empresarial, pero ahora veo cómo puede aplicarse a la economía. Es, para mí, la evolución natural de la econometría.

Hoy la sociedad parece dividida: los que confían totalmente en la IA y los que le temen. ¿Cómo se llega a un punto medio?

Yo siempre le digo a las empresas que asesoro que la inteligencia artificial no las va a reemplazar. Pero sí las van a reemplazar otras empresas que la usen. Lo mismo pasa con las personas: no las reemplaza la IA, sino otras personas que la usen.

¿Cómo se enseña a las personas a perderle el miedo a la tecnología?

Ese es un reto de cultura organizacional. En La Crónica, por ejemplo, partimos la capacitación diciendo: nadie va a ser reemplazado por una inteligencia artificial, pero todos van a ser capacitados para ser más eficientes. Si antes hacían dos propuestas comerciales, ahora podrán hacer cinco o seis.

La IA no puede hacer cosas humanas como dar la mano, mirar a los ojos o transmitir confianza. Pero sí puede liberar tiempo para que los trabajadores se concentren en esas tareas donde la empatía y el criterio son esenciales.

Algunos dicen que la inteligencia artificial nos va a “embrutecer” porque ya no pensamos tanto. ¿Qué opina?

Todo lo contrario. Ahora hay que pensar más, porque hay que desarrollar criterio frente a lo que la IA nos dice. Ella te puede dar ideas, pero el valor está en analizarlas y decidir qué sirve y qué no.
Cuando construimos herramientas de ventas con IA, por ejemplo, le explico a los comerciales que deben aprender a pedir correctamente lo que necesitan. Si le piden a la IA una imagen de la “Clínica Sagrada Familia”, les sale la Basílica de Barcelona. Hay que aprender a pensar cómo piensa la máquina, pero sin dejar de lado el juicio humano.

¿Cómo ha transformado la inteligencia artificial su vida personal?

Me ha agilizado los procesos de aprendizaje. Hoy, si quiero entender programación o ingeniería química, puedo apoyarme en la IA para aprender más rápido. Antes uno empezaba de cero; ahora comienzas desde el punto treinta o cuarenta.

Yo nunca estudié programación, pero gracias a la inteligencia artificial aprendí a desarrollar en Python. No me tomó tanto tiempo y me abrió nuevas oportunidades. La IA puede transformar tu vida en el punto exacto donde tú quieras dejarte transformar.

Últimamente muchas personas usan la IA como si fuera un psicólogo. ¿Qué piensa de eso?

Yo hago parte de ese grupo que alguna vez la ha usado para desahogarse, pero hay que tener claro que la IA no siente ni piensa. Lo que hace es calcular matemáticamente qué palabras encajan entre sí. Entonces, sus respuestas son genéricas.

Puede servir para orientarse o reflexionar, pero no para reemplazar un terapeuta. Yo tengo el mío y voy cada tres semanas. La IA puede acompañarte, pero no entenderte emocionalmente. Las emociones no se pueden traducir en números, y sin emociones no hay decisiones humanas.

¿Qué proyectos tiene en mente?

En este momento trabajo en el desarrollo de un módulo de inteligencia artificial que ayude a los abogados a consultar jurisprudencias. Ellos basan sus casos en leyes y sentencias, pero acceder a esa información es complejo.

La idea es crear un módulo que, como un chat, responda preguntas basadas solo en la base de datos de las cortes. Si logramos consolidar la información de los últimos diez años, o incluso desde la Constitución del 91, sería una herramienta muy potente para el sector jurídico.

¿Cómo pueden contactarlo?

A través de mi sitio web: alejandrogaleano.com, en mis redes sociales como Alejandro Galeano – Consultoría y Automatización, o por WhatsApp al 318 358 8071. También pueden escribirme al correo alejandro@alejandrogaleano.com.


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