La informalidad, la escasez de mano de obra joven, la migración hacia zonas urbanas y la inestabilidad del precio del grano han impactado las condiciones laborales en las fincas.
Mientras que el sustento económico de algunas personas se encuentra en la ciudad, el de otras permanece en medio de los cafetales.
Gabriel LaVerde, caficultor y administrador de una finca de cinco hectáreas durante más de 40 años en el departamento del Quindío, relató a La Crónica del Quindío cómo es el proceso de contratación y remuneración de sus recolectores, destacando que cada vez es más difícil encontrar personas dispuestas a trabajar en el campo.
“El café todavía da casi todo el año, pero cada vez es más difícil conseguir quién lo recoja. La cosecha principal se da entre marzo y abril, y otra en octubre y noviembre, pero el trabajo en el campo nunca para. Durante las cosechas grandes, se necesitan entre 10 y 15 trabajadores por finca. Fuera de esas temporadas, la finca queda en manos de apenas cinco”, aseveró.
A su vez, destacó que el sistema de pago también ha cambiado. Antes, muchos caficultores pagaban por arroba, pero hoy casi todo se maneja por kilo.
“Yo voy anotando lo que recoge cada trabajador. El lunes cogió 300 kilos, el martes 400 y así. El viernes sumo todo y multiplico por el precio acordado”, explicó Gabriel, quien aún lleva la contabilidad a mano.
Durante las cosechas fuertes, un recolector puede ganar hasta $4 millones al mes, dependiendo del precio del grano.
Modalidades de pago
De acuerdo con LaVerde, el pago por kilo de café recolectado en época de cosecha oscila entre $1.000 y $1.400, dependiendo de si el trabajador asume o no sus gastos de alimentación. En caso de que el empleador provea las tres comidas diarias, el valor por kilo puede disminuir hasta los $1.000.
“Si el caficultor trae la alimentación se le se paga a 1.400, pero si hay que alimentarlo se le paga a $1.000 el kilo recolectado”, recalcó.
Durante la cosecha, un recolector puede recoger entre 1.000 y 3.000 kilos en una semana, lo que representa ingresos de entre $1.000.000 y $4.200.000, según el precio pactado. Es decir, que en una cosecha fuerte, un trabajador puede llegar a ganar más de $4 millones al mes.
Menor precio, menor pago
Gabriel también recalcó que no toda la época del año es igual, y que el pago por kilo de café depende directamente del precio de venta del grano en el mercado. Según el caficultor, cuando la carga se vendía por encima de los $3.000.000, era posible pagar hasta $200.000 diarios a un trabajador en temporada alta. Sin embargo, con los precios actuales cercanos al millón de pesos por carga, los pagos se han tenido que ajustar a la baja, llegando incluso a $160.000 diarios en esta temporada.
“Esta situación genera afectación tanto en el ingreso del trabajador como en la sostenibilidad económica de la finca, especialmente en épocas de bajos precios internacionales del grano”, dijo.
Fuera de los meses de cosecha fuerte, el café que se recoge es de menor cantidad, conocido como “graneo”. En este periodo, se mantiene un grupo reducido de trabajadores para actividades como fumigación, deshierbe, poda de matas, mantenimiento de cultivos de plátano y preparación de la finca para la próxima cosecha.
Durante estos meses, el pago a los recolectores no está vinculado al volumen de café recolectado, sino que se establece un salario diario fijo que, en promedio, asciende a $70.000. No obstante, si el empleador proporciona alimentación, se descuenta un valor aproximado de $20.000 diarios.
Durante la cosecha fuerte, la finca puede necesitar hasta 15 trabajadores; en temporada baja, solo quedan cinco.
Migración laboral y escasez de mano de obra
Uno de los aspectos que más afecta la recolección de café en la región, según expuso Gabriel Laverde, administrador y caficultor de una finca, es la baja disponibilidad de mano de obra joven. La mayoría de los trabajadores que actualmente laboran en las fincas tienen entre 50 y 60 años. La migración hacia zonas urbanas, impulsada por la búsqueda de mejores condiciones laborales, ha generado una escasez de trabajadores dispuestos a permanecer en el campo.
“La rotación laboral también es alta. Muchos trabajadores se retiran a mitad de la jornada, piden el pago inmediato por lo recolectado y no regresan. Esto obliga a los caficultores a contratar personal nuevo constantemente, lo cual afecta la continuidad de las labores”, expresó.
Finalmente, concluyó que la contratación y pago a recolectores en fincas cafeteras del Quindío sigue realizándose bajo esquemas informales, sumando la baja presencia de trabajadores jóvenes y el incremento de costos de producción elementos que, en conjunto, configuran una realidad compleja para el sector cafetero del departamento.
“La falta de formalización laboral, la ausencia de cobertura en seguridad social y la dependencia del precio del café son factores estructurales que definen la dinámica actual del trabajo rural en la región”, enfatizó.
Contratos verbales predominan en el trabajo cafetero
Elías Alberto Mejía Henao, presidente del Comité Departamental de Cafeteros del Quindío, aclaró que el Comité no interviene en la regulación de los precios de contratación de los trabajadores en las fincas cafeteras.
“Cada finca cafetera es un mundo aparte, y es el mayordomo o patrón quien se encarga de conseguir a los trabajadores y pactar con ellos el precio que se les pagará durante la semana. En este tipo de trabajo, el pago se realiza regularmente los viernes o sábados, según la reglamentación de cada finca”, argumentó.
Asimismo, aclaró que en muchas fincas se trabaja mediante contratos verbales. Por ejemplo, en los acuerdos de siembra, cada cafeto tiene un precio determinado, y es el propio trabajador quien establece su ingreso en función de su habilidad y del número de plantas que siembre.
“En las fincas se celebran contratos para labores como la fumigación, y cada tarea tiene un valor definido que incluye todo lo que demanda su ejecución, pero esto es en mutuo acuerdo”, explicó.
Al mismo tiempo, indicó que, con base en los indicadores de recolección, el costo de vida y las condiciones del trabajo en el campo, los caficultores del Quindío deben procurar ser justos en el pago a sus trabajadores. “Se debe ser justo con el pago de los trabajadores, hasta donde las posibilidades y el mercado lo permitan”, añadió.