“Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual disminuye”, afirma el neurocientífico francés Michel Desmurget.
Es obvio afirmar que la sociedad, o mejor una parte de ella, ha logrado cambios importantes con la digitalización; sin embargo, su mal uso también la ha afectado. Desde la llegada de la televisión (TV), que inicialmente fue analógica, la imagen atrapó el cerebro de las personas, y en EE. UU. – que se investiga de todo -, en los años 70 los estudiosos alertaban que ese ‘cajón’ que informaba y entretenía, estaba afectando, entre otras cosas, la capacidad de dicción de los adictos, es decir, el lenguaje se empobrecía.
Luego se le agregó los videojuegos, y más investigaciones señalaban que el abuso en el uso de esos aparatos disminuía la capacidad de pensar. Aspectos tan importantes de la inteligencia como el lenguaje, la concentración, la capacidad de organizar y comprender el mundo, se veían afectados. La formación escolar se vio deteriorada, disminuyendo el rendimiento académico. Más o menos, desde el inicio de los 80 la calidad académica empezó a malograse en varios países e instituciones educativas, como lo han indicado los expertos y que lo hemos referenciado en este espacio.
En los 90 – llegó internet – que, unido a los celulares y el wifi con las redes sociales, llevó a que una sociedad hipercomunicada se aislara del núcleo familiar, del entorno de amigos, haciendo que el saludo cara a cara, el abrazo, la mirada tierna que alegra a los otros, desaparecieran. Es decir, lo que nos hace humanos se trastocó por lo que nos separa y, peor aún, cuando por ese medio se genera odio e incitan a la pelea. Porque son ‘expertos’ en hundir ´teclas’, a los niños y jóvenes se le tilda de generación digital. Sin embargo, un informe de la Unión Europea reveló que la baja competencia con esta tecnología a las nuevas generaciones se les dificulta la adopción de tecnologías educativas en las escuelas.
Lo peor, es que han degradado el cerebro de la niñez y generan tanta dependencia, que cuando no acceden a estos sistemas, algunos llegan a convertirse hasta en criminales, como acaba de suceder con el menor parricida de España. Mientras en algunos países, que incluye a Colombia, hay padres que le dan de ‘tetero’ al niño un celular, en otros hacen restricciones.
China y Taiwán, dos ejemplos
Taiwán aprobó una ley que establece fuertes multas para los padres que expongan a niños menores de 24 meses a cualquier aplicación digital y que no limiten el tiempo de pantalla de los chicos entre 2 y 18 años. Asimismo, en China las autoridades tomaron medidas fuertes para regular el consumo de videojuegos por parte de menores: los niños y adolescentes ya no pueden jugar de noche desde las diez de la noche hasta las ocho de la mañana, así como exceder los 90 minutos de exposición diaria durante la semana, y 180 minutos los fines de semana y en las vacaciones escolares.
En abril de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomendó que los menores de 2 años no deberían ver de forma sedentaria y pasiva, es decir, cuando los padres dejan a sus hijos frente a una pantalla para que se entretengan, incluyendo los videojuegos. Igualmente, que los niños entre 2 a 4 años no deben pasar de una hora, y si es menos, mejor. Hay que citar a algunos de los grandes creadores del mundo digital, como Justin Rosenstein, inventor del famoso “me gusta” de Facebook, quien borró su cuenta de esa aplicación por temores de adicción. Otro famoso, Steve Jobs, no les permitía a sus hijos jugar con iPads.
Como en todo, hay voces disonantes. Por ejemplo, el Real Colegio de Pediatría y Salud Infantil del Reino Unido estimó que actualmente no hay evidencia suficiente para establecer límites de tiempo frente a las pantallas. Aunque la doctora Juana Willumsen, una de las autoras de la guía de la OMS, considera que es poco probable que los niños muy pequeños obtengan algún beneficio de mirar sedentaria y pasivamente una pantalla. Pero hay otras personalidades que se suben al ‘carro’ de las críticas.
Sean Parker, uno de los cofundadores de Facebook, afirmó que la manera como se construyeron algunas aplicaciones de la compañía de Mark Zuckerberg, se basó en principios sicológicos y neurológicos sobre el sistema de recompensas en el cerebro, a partir de los flujos de la dopamina, al igual que como sucede con una droga sintética. Esto expresó para la BBC de Londres: “Pensamos en cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo y captar tu atención en la medida de lo posible. Eso significa darte un poco de dopamina de vez en cuando porque alguien hizo clic en Me gusta”.
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“La fábrica de cretinos digitales”
Así es el título del libro que publicó el neurocientífico francés, Michel Desmurget, director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia. Sus investigaciones arrojan datos contundentes sobre cómo los dispositivos digitales están afectando gravemente el desarrollo neuronal de niños y jóvenes. En entrevista a la BBC Mundo, expresó: “Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo”.
Por otra parte, el estadounidense Nicholas Carr, experto en tecnología, reconocido divulgador de ciencia, con trayectoria científica, incluyendo la edición editorial y académica de la revista: Harvard Business Review, ha escrito libros muy críticos sobre el daño que está haciendo en la mente humana y la sociedad estas tecnologías. En marzo de 2019 concedió una entrevista a Jorge G. García para el periódico El País de España titulada: “Google socava nuestra capacidad de pensar de manera profunda”.
A la pregunta ¿Por qué piensa que las redes sociales ejercen un papel tan pernicioso para la sociedad? Carr respondió: “¿Acaso hay alguien todavía que no critique a Facebook y al resto de redes? Hemos perdido nuestra inocencia con respecto al reino digital. Nos hemos desilusionado. No creo que nadie, salvo acosadores o sádicos emocionales, obtenga demasiado placer de una red social si es que alguna vez la obtuvieron”.
Con respecto a otro interrogante: ¿Por qué aseguras que Google ha cambiado la forma en que razonamos y pensamos? Dijo: “La visión de Google de la mente humana es industrial. Se trata de la eficiencia con la que nuestro cerebro procesa la información. Por esta razón, Google y otras compañías ponen tanto énfasis en la velocidad y el volumen de consumo de la información. Lo que les falta es una apreciación de la forma en que el cerebro transforma los fragmentos de información en conocimiento de calidad”.
Además, agregó: “Al bombardearnos, socavan nuestra capacidad de pensar de manera profunda, crítica y conceptual. Formas de pensar que requieren atención y reflexión. Hay evidencias científicas que demuestran que los medios digitales nos empujan hacia un pensamiento superficial y lejos del rigor. Y todo es mucho peor desde que llevamos encima un smartphone todo el tiempo”.
Triple crimen por ‘culpa’ de wifi
La segunda semana de febrero, Algoda, una apacible población del municipio de Elche, España, perdió la calma cuando se supo que un menor, de tan sólo 15 años, asesinó a sus padres y a su hermano menor porque le habían suspendido la red wifi. La frialdad del crimen dejó estupefactas a las autoridades, consternados a los vecinos, y puso a pensar a estudiosos del cerebro. Según se conoció por medios periodísticos, a comienzos del citado mes, la madre discutió con su hijo y este zanjó el alegato disparándole con una escopeta de cazar. Su hermano de 10 años intentó escapar, pero las balas segaron su vida.
Esperó dos horas, hasta cuando llegó su padre del trabajo y también lo asesinó. Luego arrastró los cadáveres hasta el garaje. Limpió la casa, se duchó, hizo la cena y se encerró en su habitación a jugar videojuegos. Con el celular de su padre tomó una foto del crimen. Durante tres días convivió con los muertos, escuchó música y se entretuvo con el videojuego, hasta cuando una tía del parricida fue a la vivienda, porque no tenía contacto con su familia, y sin estupor le mostró la foto y expresó: “He discutido con mis padres por las notas. He matado a papá, a mamá y a mi hermano con la escopeta”. Algo parecido le declaró a la policía cuando fue detenido.
La criminóloga Beatriz de Vicente planteó en el periódico La Vanguardia, la importancia de entender que hay tres grandes aspectos que condicionan la conducta humana: biológico, síquico y social. El primero se refiere al sistema endocrino y al neurofisiológico. El cerebro de un menor es diferente al de un adulto, y el córtex prefrontal, donde se rigen la moral y la ética, no está del todo formado. Según la experta, sólo este componente biológico puede explicar crímenes brutales sin que vayan acompañados de una sicopatía.
En lo sicológico influyen los patrones que ha tenido, lo que imita, lo que aprende, su personalidad. Además, son determinantes los amigos y las nuevas tecnologías. Podría ser que la llamada nomofobia – miedo a estar sin el celular o sin internet – fue el detonante en este caso. Lo importante es que a esa edad al menor se puede recuperar estando en reclusión, obvio, si hay un trabajo para lograrlo.
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