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Envolturas que prolongan la vida útil de los alimentos

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domingo, 9 junio 2024

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Las primeras aplicaciones se hicieron con fresas, logrando que conservaran sus propiedades fisicoquímicas, nutricionales y sensoriales hasta por 14 días.
 

Desarrollar envases y empaques, que además de prolongar la vida útil de los alimentos, promuevan la buena salud, fue la motivación de un grupo de investigadores en el departamento del Quindío para tener ya en fase de aplicación una propuesta que, incluso, permitiría exportar frutas atenuando el riesgo de deterioro durante el tránsito a mercados allende las fronteras.

Conversamos con Cristian Camilo Villa Zabala, docente de Química en la Universidad del Quindío, investigador principal de su estudio posdoctoral, y Pedro Duván Barrios Mejía, químico uniquindiano, joven investigador, sobre el proyecto denominado Desarrollo de películas bioactivas a partir de alginato, nanocelulosa y emulsiones de Rutina.

En palabras de los investigadores “Las películas bioactivas se han convertido en una de las principales investigaciones en el envasado de alimentos, debido a las preocupaciones de los consumidores sobre el uso de conservantes sintéticos, por lo cual, se están desarrollando métodos de envasado con funciones antibacterianas y antioxidantes para garantizar la seguridad alimentaria”.

Explica el académico e investigador Cristian Camilo Villa que exploraron residuos de la industria del plátano (raquis o vástago, y cáscara) para transformarlos en nanocelulosa, componente de los novedosos empaques que, además, clasificaron en activos e inteligentes. Los primeros, asegura el profesional en Química, son empaques que ayudan a conservar el alimento por más tiempo porque tienen componentes antimicrobianos y antioxidantes.

“En el proyecto de investigación se fabricaron películas bioactivas a base de alginato, con incorporación de nanoemulsiones y nanofibras de celulosa como refuerzo de la estructura polimérica.  Se determinó que el componente activo y la adición de nanocelulosa mejoró las propiedades mecánicas, térmicas y de barrera de la película, además de exhibir una alta transparencia y mayor actividad antioxidante.  La aplicación del recubrimiento sobre un alimento modelo, como la fresa, permitió extender su tiempo de vida útil, conservado sus propiedades fisicoquímicas, nutricionales y sensoriales por un máximo de 14 días”, sostienen Villa y Barrios.

Explica Barrios Mejía que vienen trabajando con una molécula orgánica denominada Rutina, disponible, entre otros alimentos, en maíz, trigo, cebolla y manzana. Para los uniquindianos, el principal reto se derivó de la baja biodisponibilidad, ya que no es muy soluble en agua, de ahí que el primer logro fue volver biocompatible la sustancia con el organismo, para lo cual desarrollaron nanoemulsiones con aceite esencial de naranja y así aumentar la solubilidad de la molécula y poder adherirla al empaque.

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 La Rutina, dicho por los expertos, es un flavonol, sustancia química presente en diferentes vegetales y con una amplia lista de propiedades farmacológicas entre las que es importante resaltar la actividad antimicrobiana y antioxidante, lo que justifica el potencial para usarse en la fabricación de envases y empaques alimentarios.

Ensayos en fresas

Aunque aplica a cualquier tipo de alimento, la fresa, por ser una fruta que se deteriora con rapidez, sirvió como modelo de estudio. La molécula antioxidante contenida en la película pensada para incorporarse en la elaboración del bioempaque crea una barrera que aplaza el deterioro de la fruta por oxidación y su descomposición más allá de una semana.

Cristian Camilo Villa, líder del Grupo de Investigación en Fisicoquímica Ambiental y Computacional – GIFAC, de la Facultad de Ciencias Básicas y Tecnologías de la Universidad del Quindío, asegura que suman ya más de seis meses en el proyecto de investigación con un avance cercano al 80 %. Ya se evaluó y desarrolló el empaque y sus propiedades mecánicas y ópticas, se presentó en Cartagena en mayo pasado, en el marco del Congreso PPS39 organizado por Polymer Processing Society, la Universidad de los Andes y el Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y el Caucho, ICIPC.

Conexión territorial

El proyecto en el que trabajan Cristian Camilo y Pedro Duván es financiado por Minciencias, a través de la convocatoria ‘Estancias con propósito’. Entre las responsabilidades de los investigadores, acota Barrios, está la de trabajar con cinco instituciones educativas para promover en los colegiales la pasión por investigar y el compromiso con el medio ambiente. Es así como, en Ciudadela del Sur, de Armenia; la institución educativa Naranjal y el Instituto Quimbaya, en el ‘Municipio Luz’; y el Instituto José María Córdoba, se adelantan proyectos de conservación de alimentos y aprovechamiento de residuos agroindustriales.

Un proyecto de alto impacto que genera nuevo conocimiento científico, desarrolla técnicas innovadoras y contribuye al cuidado del territorio, mediante el aprovechamiento de los residuos agroindustriales, convirtiéndolos en una alternativa de mejora en la calidad y disfrute de los alimentos.  “Además, este proyecto presenta un efecto positivo en la educación y divulgación, ya que todo el conocimiento se imparte y se transmite a los niños y jóvenes de diferentes instituciones educativas del Quindío, la mayoría rurales”, resaltan los investigadores de la Uniquindío. 


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