Me llamo a mí mismo un hombre feminista. ¿No es eso cómo se le llama a alguien que lucha por los derechos de las mujeres?, Dalai Lama, líder espiritual tibetano.
El pasado 8 marzo, el “Día Internacional de la Mujer” tuvo como lema: “Igualdad de género hoy para un mañana sostenible”. Las convocatorias de las marchas llenaron plazas y calles de muchas ciudades con multitud de mujeres – acompañadas de hombres solidarios -, e hicieron sentir sus gritos de protesta ante la desigualdad y maltrato a las que han estado sometidas por quienes deberían ser sus compañeros que en equipo afrontasen dificultades, luchasen por un mejor vivir, tanto en el hogar, si son casados o compañeros sentimentales, así como en el trabajo, el estudio, la investigación científica, el deporte, etc.
Esta fecha no debió ser de celebración – como erróneamente se hace – sino de conmemoración de la lucha que han librado desde hace centurias por la igualdad de derechos frente al hombre y en contra del maltrato y la violencia que llegan incluso hasta el asesinato, hecho criminal también conocido como violencia de género, que – por las cifras de estos tiempos – es una pandemia. Aunque el fenómeno es de vieja data, este día tan importante para ellas, sólo se conmemora de manera oficial desde 1975, cuando fue declarado por las Naciones Unidas (ONU).
Por eso ante el gran problema que afronta la humanidad, el secretario general de la ONU, António Guterres, destacó la importancia del papel de las mujeres y las niñas en la lucha contra el cambio climático: “Necesitamos más mujeres ministras de Medio Ambiente, líderes de empresas, presidentas y primeras ministras. Ellas pueden hacer que los países hagan frente a la crisis climática, desarrollen empleos verdes y construyan un mundo más justo y sostenible. No podemos terminar de atravesar esta pandemia con tan pocos avances en materia de igualdad de género”.
Bueno, hay que decir que en el caso de Colombia hay que tener cuidado con algunas que han mostrado ser más peligrosas que los hombres, y no dan señales de ser inteligentes. Pero eso son casos excepcionales, porque la historia pasada y reciente enseña que son brillantes y muy capaces, como se ha visto en la pandemia, con la participación activa y decisiva dentro del grupo de profesionales de la salud. Asimismo, hay que señalar el rol desempeñado por aquellas que, como gobernantes, lo hicieron mejor que los hombres.
Como ejemplos tenemos a Ángela Merkel, excanciller alemana, quien reaccionó pronto bloqueando el ingreso de extranjeros. Mette Frederikse, ministra de Dinamarca, también actúo con rapidez cerrando sus límites con otros países. La primera ministra (PM) de Finlandia, Sanna Marin, que con sólo 34 años fue reconocida internacionalmente. Islandia, con su PM Katrín Jakobsdóttir, ordenó las pruebas gratuitas a toda la población para detectar la Covid-19 y evitó cerrar escuelas. Noruega se destacó con su PM Erna Solberg. Otra mujer aplaudida fue la PM de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, famosa por su estrategia de eliminar la curva y no aplanarla como lo hacían otros países. También se destacó la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.
¿La primera feminista?
Si bien los medios de comunicación informan diariamente acerca de todos los atropellos, discriminaciones y asesinatos o feminicidios por parte de los ‘machos’, esta es una historia tan antigua como la humanidad. Generalmente, cuando se toca este problema, muchos arrancan citando a Hipatía, natural de Alejandría (355 o 370 – 415 o 416, d. C.), quien destacó en matemáticas, astronomía y filosofía, además, mejoró el diseño de los primeros astrolabios, instrumento para ubicar la posición de las estrellas. Fue asesinada a los 45 o 60 años – según se elija la fecha correcta del nacimiento -, por una turba de cristianos.
Antes de ella hay que destacar a Aspasia de Mileto (470 – 400 a. C.), mujer progresista que reivindicó a las atenienses de las costumbres relacionadas con la atención exclusiva de las necesidades de sus esposos. Se relacionaba con Sócrates, leía a Pitágoras y otros filósofos. Fue profesora de retórica, cuya fama llamó la atención de Pericles con quien hizo vida marital, y fue mencionada por Platón, Plutarco, Jenofonte y Cicerón. Esta dama pensaba que todo lo que se quisiera se podía alcanzar sin ayudas sobrenaturales, lo que era una ofensa a los dioses y por eso se le hizo un proceso público.
Acusada de suministrar a Pericles “mujeres libres” para sus aventuras eróticas, fue llevada a juicio, pero salió bien defendida por su esposo ilegítimo, como se consideraba en esa época. Ella representó un papel fundamental en el nacimiento de la emancipación femenina. Formando a las nuevas generaciones de jóvenes atenienses, permitió que a futuro intervinieran en la vida pública. Convirtió su hogar en un salón femenino en el que se daban cita el arte y la ciencia, la filosofía y la política, en el cual Aspasia era como la reina, sin corona, de Atenas, siendo para las mujeres de la ciudad ejemplo de libertad intelectual y moral.
Aspasia y Sócrates tuvieron una relación maestro-alumno, de manera que ella había tenido una influencia real en las opiniones de Sócrates respecto a la igualdad entre el hombre y la mujer. Sócrates, considerándola su maestra escribió: “los hombres se maravillaban de su elocuencia”. Fue protectora de Protágoras. Se rodeaba de los más ilustres pensadores de su época y era capaz de discutir con los filósofos en términos de igualdad, convirtiendo su casa en un centro intelectual de Atenas y colaboró en la elaboración de los discursos de su esposo. Con sus disertaciones reivindicaba discretamente la dignidad de la mujer. Posiblemente fue la primera mujer feminista.
Protesta con huelga sexual
Boicotear el acto sexual ha sido un arma que han usado para lograr igualdad, detener guerras y lograr igual de género. Uno de los primeros ejemplos, aunque es una representación teatral, es importante porque son relatos que forman a mujeres y hombres. En la obra de Lisístrata de Aristófanes, representa por primera vez -411 a. C.-, una comedia antimilitarista y de resistencia no violenta. La protagonista niega relaciones sexuales a sus maridos, como parte de la estrategia para garantizar la paz y poner fin a la Guerra del Peloponeso.
Aristófanes escribió su obra con la que quiso ilustrar la palpable desigualdad del sexo femenino, mientras que Lisístrata, junto a sus compañeras Cleonice, Mirrina y Conciliación, desafiaron el poder establecido y defendieron soluciones pacíficas frente a los demagogos que empujaban al pueblo a una eterna guerra fratricida. Si eso se dijo 2.500 años atrás. ¿Qué se podrá decir ahora? Además, la obra plantea acabar con los ejércitos, consigna que debiera estar en el orden del día de muchas instituciones y organizaciones no gubernamentales.
La mujer griega volvió a tener una posición destacada en la Segunda Guerra Mundial. Eso lo destaca Maila García Amoros, vicedecana de estudiantes y prácticas, de la facultad de traducción e interpretación de la universidad de Granada, España, en su libro “La participación de la mujer en las distintas formas de resistencia durante la ocupación de Grecia por las fuerzas del eje (1940-1944)”, Amaros, destaca la intervención de la mujer en actos de resistencia, que podrían considerarse una extensión de las labores que tradicionalmente habían desempeñado, haciéndose cargo de la atención de soldados y/o incorporándose al ejército y participando en las batallas al lado del hombre.
La aberrante guerra rusa-ucraniana da pie para rememorar la actitud de las mujeres en 2010, cuando las ucranianas recurrieron a una huelga sexual en protesta por las humillantes declaraciones y política discriminatoria del entonces ministro, Mikola Azarov Azarov, quien había declarado que, cuando formaron gobierno, eligieron a personas que pudieran trabajar 16 horas al día, incluidos los fines de semana, que pudieran tomar responsabilidades y que no tuvieran miedo a decir “no” a sus jefes, en clara alusión a su idea de que el género femenino era incapaz de cumplir tales requisitos.
“Alto al cambio climático”: mujeres
La ONU mujeres planteó recientemente en su sito en internet, que se les debe dar un mayor acceso a los recursos productivos, porque puede elevar la producción agrícola, reforzar la seguridad alimentaria y reducir las emisiones de dióxido de carbono. Si todas las pequeñas agricultoras tuvieran las mismas oportunidades en el campo, su producción agrícola aumentaría entre un 20 y 30 % y, por ende, de 100 a 150 millones de personas dejarían de padecer hambre. Si hay más producción en el campo disminuye la presión por deforestar más tierras y, por tanto, la contaminación.
Dicen también en ese portal web que, para llevar a cabo una acción colectiva eficaz contra el cambio climático, deberemos realizar grandes transformaciones en cómo producimos y medimos el valor económico. Abandonar las prácticas de explotación masiva de los recursos naturales y las economías basadas en los combustibles fósiles, representa una oportunidad para crear nuevas fuentes de trabajo y capacitar a las trabajadoras para que adquieran nuevas habilidades.
Un ejemplo de lo que se puede hacer está en el ecosistema del páramo ecuatoriano en los Andes, donde las indígenas están empleando prácticas de gestión del paisaje y de producción agrícola sostenible para restaurar la salud del frágil ecosistema después de años de desertificación y sobrepastoreo, que han dejado grandes franjas de tierra estériles e inertes. Por supuesto que, en Colombia, por su parte, las mujeres también han alzado las banderas del respeto y luchando – en este caso- para detener los asesinatos, que son miles. Están muy bien representadas en esta contienda electoral con Francia Márquez, luchadora medioambiental y denunciando crímenes de líderes sociales.
Ver también: Armas nucleares: ¿Activarán el botón?
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