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El uso de las redes sociales en niños y adolescentes ha tenido un incremento exponencial en los últimos años, a raíz del desarrollo de nuevas plataformas y funcionalidades.

Partiendo de un reciente estudio de la organización Corpa Market Intelligence, en promedio, el 40% de los menores de 14 años en Latinoamérica utiliza redes sociales sin supervisión de adultos, accediendo a contenidos violencia, de sexo, y que incitan al consumo de alcohol y drogas.

Conforme ha avanzado la cobertura de internet y el acceso a dispositivos de conexión como tabletas, computadores y celulares, el uso de las redes sociales ha marcado una gran diferencia con relación a sus inicios, respecto a su uso, usuarios y demandas de contenido a nivel mundial.

Según el doctor Jhon Carlos Buitrago Moncaleano, gerente del Hospital Mental de Filandia, “Las redes sociales en forma salen en el 2007, de ahí en adelante el crecimiento en los usuarios es masivo. En los últimos 5 años hay unos fenómenos espectaculares en términos de audiencia y conectividad con redes sociales como Instagram, Facebook, TikTok y algunas como Snapchat y WhatsApp, lo cierto es que está cada vez más acentuado, gracias a que el acceso es cada vez más fácil y económico”.

El uso y el abuso de las redes sociales tiene consecuencias en todas las áreas articuladas a la influencia de las mismas, de esta forma, es más fuerte el impacto en los menores de edad; la causa que más afecta a esta población con acceso a internet y a redes sociales, es el uso desmedido de las pantallas, sin ningún tipo de restricción o limitación en los contenidos de entretenimiento producidos en mayor medida por influenciadores, los cuales pueden ser consumidos, descargados y propagados con facilidad y mínimas restricciones.  

En época de pandemia, las mediciones ubicaron a Colombia como el mayor consumidor de redes sociales en toda América Latina, es decir, el consumo per cápita más alto de toda la región, superando casi que las 6 horas diarias en redes sociales”, afirmó Buitrago Moncaleano.

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De esta forma, la inmediatez, facilidad y nuevas formas de interactuar en las redes ha captado la atención y tiempo de estos pequeños usuarios, los cuales mediante el consumo exagerado de los nuevos formatos cortos que obedecen a la versatilidad de la información o el entretenimiento de estos medios, disminuyen la frustración que las versiones de los contenidos, duraciones y temáticas anteriores puedan generar, liberando grandes cantidades de dopamina, bajos niveles de tolerancia a la frustración

El profesional de la salud mental explica que “En general, desde las neurociencias, al estar conectados a contenidos de nuestro agrado por mucho tiempo nos exponemos a ciertas descargas de dopamina, siendo esta un neurotransmisor que está directamente relacionado con el placer, liberada por cualquier actividad de nuestro gusto que podamos hacer y no solo en pantalla, sino en la vida misma; ese placer se experimenta en función de los estímulos que el propio cerebro produce; pero las redes sociales con los reels y los shorts, con estos contenidos entretenidos, específicos y consumibles, genera descargas continuas; lo que hace que una persona, bien sea adulta o  menor de edad esté viendo un reel, tras otro, tras otro, liberando grandes porcentajes de dopamina, generando cierto tipo de adicción a los mismos”.

En otros escenarios se ve a la tecnología, las redes sociales y los contenidos ofertados como el principal problema para esta población menor de edad, buscando de alguna forma satanizar su uso o censurar, sin contemplar que a partir de su un uso inteligente puede crearse el método para combatirlas. Según el estudio realizado por la Corpa Market Intelligence, los índices apuntan a que tan solo el 9% de los padres de familia en Colombia toman medidas preventivas sobre el control del uso de las redes sociales en sus hijos.
 

Papel de los padres de familia

Sí bien y teniendo en cuenta que la familia representa el primer contexto social que acoge al individuo e interviene en su inmersión dentro de un contexto sociocultural específico; debe considerarse a este como el primer agente de transmisión cultural e ideológica, siendo a través de procesos graduales y sincronizados como contribuya en el desarrollo del individuo, representando y tomando voz sobre las decisiones del menor, por medio de una participación activa a través del contacto social reglamentado.

Según Judy Benavides, jefe del centro de Internet Seguro-Vigías en Red Papaz “El rol de los padres está centrado en ser guardianes de la protección de la información de los menores, en ser garantes de esos derechos y por supuesto, en acompañar también los diferentes entornos y espacios en los que estos pequeños se desenvuelven en el espacio digital. Partiendo de esto, el rol más determinante va a ser saber acompañar en las diferentes edades y etapas de desarrollo, adoptando estrategias que sean más eficientes para acompañar de forma respetuosa, pero representativa estos procesos”. 

De acuerdo con los diferentes análisis realizados por Red Papaz, el tiempo de navegación de los menores de edad no debe superar las 2 o 3 horas al día. Los estímulos generados por estas pantallas, no solo los contenidos, sino que también sus características como los colores, los algoritmos, las recomendaciones y propósito en general, no son aptos para el desarrollo cerebral de los menores en las primeras edades. 

Es importante que ayudemos a consolidar criterios para que los menores sepan tomar decisiones sobre en qué momento deben detenerse, no mirar más o pedir ayuda, y por supuesto, que nosotros no solamente nos acerquemos desde el riesgo, sino también desde la oportunidad que adoptamos a través de este entorno digital, de manera que nuestros hijos sientan la confianza y la tranquilidad de contarnos. Es así como desde Red Papaz extendemos a toda la comunidad el uso de las alternativas por medio de las cuales se incentiven estrategias para volver a ser creativos, generando equilibrio en cada etapa de la vida, creando otros espacios de interacción que fortalezcan los canales de comunicación familiar” afirmó Benavides. 

Como recomendación, el doctor Buitrago Moncaleano hace alusión a “Hacer un uso más inteligente de las redes sociales, trabajando en función de la propia salud mental (desde los servicios de salud, hay más demanda con menores padeciendo déficit de atención), del conocimiento, del estudio; los padres de familia no solo tienen el derecho sino la obligación de monitorear lo que hacen sus hijos en las redes y en el entorno digital; de esta forma, la invitación es a hacer de los padres de familia mayores competentes a través de herramientas tecnológicas de control parental,  las cuales y gracias a su adaptabilidad permiten descargarse a través de cualquier dispositivo móvil, ayudando con el constante monitoreo, control y restricción de las redes sociales de estos menores”.


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