Grandes empresas productoras de dispositivos electrónicos como Apple, Samsung y Sony, favorecen prácticas esclavistas que generan ganancias anuales por más de 150.000 millones de dólares.
Quien escucha la palabra esclavitud, posiblemente evoca los tiempos después del descubrimiento del nuevo mundo, cuando, ya diezmados los aborígenes, empezaron a traer personas de África a la fuerza y convertidas en mano de obra esclava. Claro que, según los españoles, ellos no eran sus prójimos y, además, no tenían alma, así que los trataban como animales. Ese hecho inhumano es más lamentable cuando, como se sabe, fue de ese continente de donde salieron las primeras personas que empezaron a poblar la Tierra.
La cuna de la humanidad ha sido una de las regiones del mundo más azotadas por esa inaceptable condición. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), a mediados del siglo XIX África hubiera doblado su población de no haber existido la esclavitud. Hasta el siglo XIX había dos rutas para ese ‘comercio’: la Transatlántica que salía de los puertos del Golfo de Guinea en dirección a Europa y América; y la ruta Transahariana, originaria del norte y el este de África y Europa en dirección a Asia Central y Oriental.
De ese tráfico de esclavos surgió Haití y fue allí donde se produjo la primera rebelión. Durante la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, en Saint Domingue, actual República de Haití, tuvo lugar una sublevación que sería de suma importancia para la abolición del intercambio de seres humanos.
Esa es la razón para que el 23 de agosto se conmemore el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, según el deseo de la Unesco. Se celebró por primera vez en varios países, con énfasis en Haití, el 23 de agosto de 1998 y luego en la isla de Gorea (Senegal) un año después. Con este día se quiere inscribir la tragedia del comercio de esclavos en la memoria de todos los pueblos.
De conformidad con los objetivos del proyecto intercultural “Las Rutas de las personas esclavizadas”, ha de representar la ocasión para efectuar una reflexión colectiva de las causas históricas, los métodos y las consecuencias de esa tragedia, y para analizar las interacciones a las que ha dado lugar entre África, Europa, las Américas y el Caribe. Por eso Audrey Azoulay, directora general de la Unesco expresó: “Es hora de abolir la explotación humana de una vez por todas, y de reconocer la dignidad igual e incondicional de todos y cada uno de los individuos. Recordemos hoy a las víctimas y a los defensores de la libertad del pasado para que inspiren a las generaciones futuras a construir sociedades justas”.
Esclavos europeos y norteamericanos
Azoulay ha motivado a los ministros de Cultura de los estados miembros a organizar cada año en esta fecha actos con la participación de la población de cada país y, en particular, los jóvenes, los educadores, los artistas y los intelectuales. Aunque entidades tan importantes como la ONU y la Unesco invitan a reflexionar sobre ese flagelo, penosamente hay que decir que la esclavitud moderna todavía encadena a más de cuarenta millones de personas en el siglo XXI. La cifra horrible procede del informe de la Walk Free Foundation (WFF), un organismo que colabora con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
La Unesco, tomando como referencia el informe de la OIT, recuerda que para el 2012, el 76 por ciento de la esclavitud estaba relacionada con el trabajo, ya fuera forzado, por deudas, doméstico o en forma de explotación infantil. El 22 por ciento restante corresponde al tráfico sexual, donde también hay explotación de menores. Pero, además, la misma entidad aclara que esta no es una barbarie reservada a los llamados países en desarrollo.
Aunque es más notable en África y Asia (4 y 3,3 esclavos por 1.000 habitantes), en Europa y Norteamérica también hay esclavitud, con un estimado de 1,5 esclavos por cada 1.000 habitantes. Latinoamérica no escapa a esta situación, pues unas 3,1 personas por cada 1.000 habitantes viven en esa condición.
Asimismo, Zeid Ra’ad Al Hussein, alto comisionado de las Naciones Unidas entre 2014-2018, manifestó con motivo del 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que quien pensara que la esclavitud había desaparecido con el fin del comercio trasatlántico de esclavos, se sorprendería con ciertas situaciones actuales.
Entre ellas destacó, por un lado, el escenario de los pescadores que suministran productos del mar a los principales supermercados del mundo; y por el otro, el destino de las mujeres en el llamado Estado Islámico o de las mujeres migrantes en los burdeles de Europa y en otros lugares. “O la realidad actual en Mauritania, el último país del mundo en prohibir oficialmente la esclavitud”, añadió Al Hussein.
Con esclavitud moderna se da a entender a las personas sometidos al trabajo y el matrimonio forzado. Como enfatiza la Unesco, se hace referencia a situaciones de explotación en las que las personas no pueden rechazarlas o abandonarlas porque están sometidas a la violencia, coerción, o abuso de poder.
¿Esclavos en Colombia?
Si hay en EE.UU. y Europa, ¿por qué en Colombia no? Como dice el refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos”. El 4 de marzo de 2017 Katherine Benítez Piñeros publicó en el periódico La República, el artículo titulado: “Colombia tiene 308.000 esclavos de 2 millones que hay en la región”.
Explica ella: “Sin embargo, 166 años después, verán que el término mutó por el de ‘esclavitud moderna’ y continúa siendo una práctica en la que se ven envueltas 45,8 millones de personas en el mundo, de las cuales 2.168.600 están en las Américas y 308.200 son colombianas, de acuerdo con el Global Slavery Index 2016, realizado por Walk Free Foundation”.
Después de dar claridad acerca de qué es la esclavitud moderna, reporta las siguientes cifras: “En esta condición están 30.435.300 personas en Asia Pacífico; 6.245.800 en África Subsahariana; 2.936.800 en Medio Oriente y el Norte de África; 2.809.700 en Rusia y Eurasia, y 1.243.400 en Europa, la zona del mundo con el índice más bajo. Para el caso de Colombia, Iván Daniel Jaramillo, profesor del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, explicó que la esclavitud moderna es abordada por los laboralistas como trabajo forzoso y significa no tener la libertad de aceptar o no una determinada profesión u oficio, y que eso determine la satisfacción de las necesidades vitales”.
Agrega: “Según el académico, esa falta de libertad se da porque no hay espacios de vigilancia y control de las entidades estatales, pues considera que uno de los ejemplos más evidentes son las comunidades wayúu en donde las posibilidades de vinculación laboral son mínimas y deben someterse a condiciones de explotación.
No obstante, para Nelson Tirado, profesor de derecho laboral y seguridad social, la esclavitud moderna se traduce en las malas prácticas laborales y la ausencia del respeto a los derechos humanos de los trabajadores como la remuneración mínima vital y móvil, la garantía del derecho de asociación (en un país como Colombia), la igualdad de género, la afiliación a la seguridad social, entre otros”.
Benítez Piñeros arroja más cifras: “De acuerdo con el informe presentado por Walk Free Foundation, México es el país de la región con más personas en condición de esclavitud moderna, con 376.800. Según Jaramillo, esto se debe a que en el norte están concentradas las maquilas principalmente de la industria manufacturera. En segundo lugar, está Colombia con 308.200 personas; luego Perú con 200.500; sigue Venezuela con 198.800, y Argentina con 175.500.
Los países con la menor cantidad de esclavos modernos son Barbados, con 600; Surinam, con 2.500; Guyana, con 4.800, Jamaica, con 5.800 y Trinidad Tobago, con 6.200”. El dato de Colombia confirma lo mal que la clase gobernante ha venido manejando el país.
Esclavitud infantil: ¡qué infamia!
Tal vez no se exagera al afirmar que casi todas las actividades humanas cuentan con personas sometidas a la esclavitud. Grandes empresas productoras de dispositivos electrónicos como Apple, Samsung y Sony, favorecen esas prácticas generando ganancias anuales por más de 150.000 millones de dólares. Algo parecido sucede con labores relacionadas con la pesca, la construcción, la minería que produce materias primas, así como la agricultura.
Del mismo modo, empresas de confección de prendas de vestir y calzado, como es el caso – sólo por citar algunas – de Forever 21, Abercrombie & Fitch, Quiksilver, Sketchers, H&M, Primark y Lacoste, en donde se vulneran derechos de los trabajadores, como lo resalta la OIT. No contentos con el abuso sobre los adultos, la niñez, que es atropellada en el hogar, igualmente es esclavizada; más de 150 millones están sujetos al trabajo infantil, lo que representa casi uno de cada diez en todo el mundo.
Conociendo los productos y las empresas que los fabrican, la sociedad – consciente de esos atropellos – podría exigir que se suspendan, al negarse a comprarlos, pero pareciera que se impone el consumismo, que, entre otras cosas, es una forma de esclavitud: seres humanos condenados a, en algunos casos, comprar chatarra, porque se adquieren y en poco tiempo se botan, contribuyendo a la contaminación del planeta. Por otra parte, la ONG australiana WFF, ya citada, describe la esclavitud moderna como un ‘paraguas’ que engloba los trabajos forzados, el tráfico de personas y la esclavitud en su sentido más estricto.
Pretendiendo ocultarse, los perpetradores modernos de esta infamia, les dan otros nombres a las formas de delinquir. Por ejemplo, el tráfico humano es un concepto moderno para denominar las nuevas formas de esclavitud, algunas ya mencionadas, como el tráfico sexual y las servidumbres: doméstica y por deudas.
Que como expresa la ONU, ninguna menos atroz que otra y todas se valen de lo mismo: personas en situación de vulnerabilidad, usadas por sistemas de explotación, privados y públicos, perversos donde ocurren inimaginables violaciones de los derechos humanos. Así como la violencia física y psicológica, agotadoras jornadas laborales sin sueldos, aislamiento y confinamiento en condiciones infrahumanas.
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