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Ucrania: ¿“Florero de Llorente” de las potencias?

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domingo, 20 febrero 2022

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“Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad”, Oscar Wilde, escritor irlandés.

Mientras sobre la humanidad penden amenazas como la contaminación ambiental, la crisis alimentaria, la falta de agua potable, el uso de armas mortales, así como las desigualdades sociales que generan desplazamientos del campo a las ciudades y de estas a otros países, y teniendo de fondo los recuerdos nefastos de las dos guerras mundiales, que dejaron unos 16 y 60 millones de víctimas contando civiles y soldados, EE.UU. y Rusia siguen irresponsablemente con la actitud amenazante por el control de Ucrania.    

Aunque gobernantes y diplomáticos de algunos países hacen el intento de que se le dé prioridad al diálogo civilizado, la guerra verbal amplificada por medios de comunicación genera temores, y peor aún, cuando el más mínimo movimiento de cualquiera de las partes enfrentadas, que se vea como una agresión bélica —más allá del desplazamiento de tanques, barcos y aviones de guerra como ha sucedido hasta ahora—, sea el detonante para el inicio de una conflagración con el pueblo ucraniano como víctima.    

Detrás del conflicto ruso-ucraniano hay asuntos que no siempre se resaltan tales como la venta de armas, y el negocio de los traficantes de la muerte. El negocio movió 2.4 billones de dólares en 2020, solo en las compras que hicieron los gobiernos para sus ejércitos. También está presente el control de los recursos naturales, tanto de los combustibles fósiles como los minerales necesarios para el desarrollo de las tecnologías como la electrónica digital, que en los últimos años ha tenido problemas para la producción de integrados. 

Otro aspecto de este conflicto es el gasoducto Nord Stream 2, terminado el 2021, pero sin entrar a funcionar. El sistema deberá garantizar el gas a Alemania y otros países europeos, lo cual depende de Rusia, lo que constituye un arma estratégica que Putin sabrá utilizar muy bien, y tal vez por ello, los gobernantes germanos se han privado de enviar armas a Ucrania. En este juego de declaraciones ruso-ucranianas, se está haciendo uso de la “guerra híbrida”, un nuevo concepto militar. Igualmente, las tensiones geopolíticas han puesto a la baja las bolsas del mundo. ¿Quiénes ganan ahí?     

Ampliación de la Otan, un error

¿Cómo se originó este nuevo enfrentamiento de EE.UU. y Rusia con Ucrania de por medio? Eso no es reciente, sus raíces datan desde finales de la Segunda Guerra Mundial y la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), alianza militar formada en 1949 por 12 países, incluidos EE.UU., Canadá, Reino Unido y Francia. Sus miembros acordaron prestarse ayuda mutua si se presentaba un ataque armado contra cualquier país miembro. Su objetivo era contrarrestar la amenaza de la expansión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en Europa. 

La URSS respondió creando en 1955 su propia alianza militar de países comunistas de Europa del Este, con el llamado Pacto de Varsovia, que dejó de existir en 1991, al llegar el colapso de la Unión Soviética. A partir de ese momento varios países miembros del fallecido Pacto de Varsovia se fueron pasando a la Otan. El último que fue aceptado fue Macedonia del Norte en 2020, ampliándose la organización a 30 miembros. El hecho de que esos países miembros de la antigua URSS se alinearan con la Otan, ha sido motivo de discrepancias entre Rusia y EE. UU.

El periódico Le Monde diplomatique, en español, de este mes, publicó un artículo titulado “Ucrania, ¿Por qué la crisis?”, escrito por David Teurtrie, investigador asociado en el Instituto de Lenguas y Civilizaciones Orientales de París. Esto es lo que allí se afirma, entre otras cosas: La Otan, una alianza ofensiva. A renglón seguido reveló: “Ya en 1997 se decidió la ampliación de la Otan hacia el Este, aunque los líderes occidentales habían prometido a Gorbachov que esta no se produciría. En Estados Unidos, destacadas personalidades manifestaron su desacuerdo”.

El referido escrito señala igualmente: “George Kennan, considerado como el arquitecto de las políticas de contención de la URSS, predijo las consecuencias de tal decisión, tan lógicas como perjudiciales. “La ampliación de la OTAN sería el error más fatal de la política (exterior) estadounidense desde el fin de la Guerra Fría. Es previsible que esta decisión despierte las corrientes nacionalistas, antioccidentales y militaristas de la opinión pública rusa; reviva una atmósfera de Guerra Fría en las relaciones Este-Oeste y que encamine la política exterior rusa en una dirección que ciertamente no será la que deseamos”. 

Lo que asusta a Rusia 

Más adelante precisa Teurtrie: Las élites rusas que tanto habían apostado por la integración de sus países en Occidente se sintieron traicionadas: Rusia, presidida por Boris Yeltsin, que había actuado en pro de la implosión de la URSS, no fue tratado como un socio al que recompensar por su contribución al fin del sistema comunista, sino como el gran perdedor de la Guerra Fría, que debía pagar el precio geopolítico”. Y en el XXI, las políticas de control de la Otan en Europa del Este, elevan la tensión. 

Rusia, que mejoró su economía y se preparó para las posibles sanciones de Occidente, se permite alzar la ‘voz’. Por eso el autor del artículo advierte que el presidente Volodimir Zelenski, cuyas elecciones en 2019 habían dado al Kremlin la esperanza de reconciliación con Kiev, ha intensificado la política de ruptura con el “mundo ruso” emprendido por su predecesor. Y lo que es peor, la cooperación técnico-militar entre Ucrania y la Otan sigue intensificándose, mientras que Turquía, también miembro de la Otan, ha entregado drones de combate que hacen temer al Kremlin que Kiev se vea tentada a la reconquista militar del Donbás.

Asimismo, Teurtrie analiza: “Más allá de factores coyunturales que están en el origen de las tensiones actuales, es preciso constatar que Rusia no está haciendo más que actualizar las exigencias que viene planteando desde el final de la Guerra Fría sin que Occidente las considerara aceptables ni aun legítimas”. Asevera que “las movilizaciones precedentes del ejército ruso en las fronteras ucranianas en la primavera del 2021 desembocaron en la reactivación del diálogo ruso-estadounidense sobre cuestiones estratégicas y de ciberseguridad”.

En su criterio, “ahora, de nuevo, el Kremlin ha considerado manifiestamente que la estrategia de la tensión es la única forma de hacerse oír en Occidente y que la nueva administración estadounidense estará dispuesta a hacer más concesiones para poder concentrarse en la creciente confrontación con Pekín. En todo caso, el presidente Vladimir Putin parece querer poner fin a lo que considera como el proyecto de occidental de convertir a Ucrania en una “anti-Rusia” nacionalista”.   

¿Qué significa una “guerra híbrida”?

El concepto —utilizado por primera vez en el 2000— tiene que ver con la implementación de una estrategia (o varias) de confrontación que no pasa necesariamente por un combate de tipo militar. Así lo explica a BBC Mundo, Antonio Alonso Marcos, profesor de relaciones internacionales de la universidad de San Pablo CEU, España. “Un país puede utilizar medios que vayan minando la seguridad y la estabilidad de otro país. Y no son medios militares, sino, por ejemplo, ciberataques o el lanzamiento de una oleada masiva de tuits que vayan en contra de la posición de un gobierno determinado. A eso se le denomina guerra híbrida”.

El párrafo anterior fue tomado del artículo titulado: “La tensión entre Rusia y Ucrania ya lleva varias semanas en aumento”, publicado en BBC News Mundo por Fernando Paúl el 8 de febrero 2022, quien expresó: “Han sido días de acusaciones cruzadas de lado y lado. Estados Unidos dice que existe una amenaza “inminente” de Moscú sobre Kiev y ha desplegado más de 8 mil militares en Europa Oriental. El gobierno de Vladimir Putin, por su parte, ha desmentido la posibilidad de un ataque y acusa a Washington de intentar llevar a su país a la guerra contra Ucrania”.

De acuerdo con Paúl “la frontera entre ambas naciones, sin embargo, ya acumula más de 100.000 soldados rusos, lo que ha encendido las alarmas en numerosas cancillerías alrededor del mundo, que hablan abiertamente de la posibilidad de un conflicto bélico. La principal demanda del gobierno ruso es que Occidente garantice que Ucrania no se unirá a la Otan, una alianza defensiva de 30 países, lo que ven como una amenaza para su seguridad. Pero, aunque hasta el momento no ha ocurrido un enfrentamiento militar como tal, las autoridades ucranianas han denunciado la existencia de una “guerra híbrida” en su contra”.

Recordó que “así lo hicieron a mediados de enero, luego de asegurar que el Kremlin estaba detrás de un ciberataque que afectó a decenas de sitios web oficiales de su gobierno”. Para atizar el conflicto, el 18 de febrero, Joe Biden declaró a la CNN que “Todo apunta” a que Rusia atacará a Ucrania “en los próximos días”. Con optimismo, se espera que esos anuncios sean parte de la “guerra híbrida” y Ucrania no tenga “un florero de Llorente”, que desate el conflicto.      
 


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