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Anora, un huracán de emociones

Fernando Albornoz

jueves, 27 febrero 2025

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“Anora”, una obra que llega a nuestro país con mucha expectativa después de ganar la Palma de Oro a mejor película en el festival de cine de Cannes; entré a la sala y mi sorpresa fue grande al ver que solo éramos 12 personas.

Una de las sensaciones más contradictorias que puedo sentir en un cine es ver una película en una sala vacía, me gusta el silencio que reina en el ambiente y que permite disfrutar hasta el más mínimo detalle sonoro, porque para ser honesto, no hay nada más molesto que entrar a un teatro lleno y tratar de disfrutar una película al pie o detrás de un personaje que no puede dejar de ver su teléfono durante la función, esa luz azul brillante es insoportable, o el que no silencia las notificaciones, ese pitido infernal rompe la magia, tenemos al grupo de amigos que arman parche y en el que casi siempre hay un gracioso que está haciendo chistes malos todo el tiempo, si, lo sé, soy un señor chocho, pero la paz de una sala con pocas personas es única.

Ahora, el que una sala de cine esté sola en una función, tiene un aspecto negativo y radica en que si la película es buena y el público no asiste masivamente, los distribuidores optarán por apuestas más seguras que por lo regular terminan siendo producciones de poca calidad, y eso fue lo que pasó con la función de “Anora”, una obra que llega a nuestro país con mucha expectativa después de ganar la Palma de Oro a mejor película en el festival de cine de Cannes; entré a la sala y mi sorpresa fue grande al ver que solo éramos 12 personas.

Lo primero que tengo para decir de “Anora” es que me gustó bastante, es una película que nos empaqueta una historia de marginación en un formato de comedia negra y con la premisa de cualquier novela mexicana de los años 90. Annie es una bailarina exótica que trabaja en un club nocturno de New York, allí conoce a Vanya, un joven extranjero de familia adinerada que se fija en ella y rápidamente caen en una espiral de lujuria, fiestas, drogas y alcohol.

Con esta premisa podemos traer a la mesa cualquier novela de Thalía o la mítica “Mujer Bonita” en la que Julia Roberts vive la historia de la cenicienta, pero con “Anora”, el director norteamericano Sean Baker hace una reversión del cuento de hadas y nos pone en la cara una película en la que nos presenta personajes marginados, pero llenos de sueños e ilusiones y con los que conectamos fácilmente.

Luego el director nos presenta a Toros, Garnik e Igor, los encargados de la seguridad de Vanya, son personajes muy caricaturescos y que aligeraran el tono de la película, pero ojo, el carisma de este trio no puede hacernos olvidar que estamos viendo una película que cuenta la historia de 2 jóvenes que viven en mundos opuestos que solo se cruzan por una transacción económica y de placer, situación que parece no ser sostenible.

“Anora” tiene 3 actos, el primero lo podríamos definir como “la euforia”, una avalancha hedonista en el que nuestros protagonistas disfrutan de los placeres del dinero y la juventud y que parece terminar felizmente como en un cuento de hadas clásico; el segundo acto lo llamaremos “la caída” y es aquí donde la película parece perderse un poco, un tipo de road movie por las calles de New York que se extiende más de lo necesario y que corta el ritmo vertiginoso de la primera parte. Finalmente, el tercer acto lo podríamos llamar “el aterrizaje forzoso” y es en el que todo se destapa y los personajes muestran sus verdaderas caras, aquí tenemos una escena final que condensa toda la trama de la película y que resulta bastante impactante.

La actuación es uno de los puntos más fuertes de la película, Mikey Madison en el papel de Annie nos regala un personaje muy bien construido, ella es una chica segura y que tiene claro que debe trabajar fuerte para obtener lo que quiere, pero al momento de conocer a Vanya queda maravillada con su vida y paulatinamente con él. En contraste Vanya, interpretado por Mark Aleksandrovich, es un personaje muy carismático, un chico millonario que no sabe lo que es un “no”, siempre obtiene lo que quiere y paga por ello, pero en el fondo es un niño malcriado carente de afecto.

De los 3 encargados de la seguridad de Vanya, quiero destacar a Igor, un personaje enigmático que a medida que avanza la historia es el que parece entender la situación y mostrar empatía a Annie. Hay una escena donde este personaje sugiere que se le pida disculpas a Annie por una situación y hay una carcajada burlona que no genera ninguna gracia, por el contrario, muestra que en esta película las personas con poder y dinero, desprecian a las que no están en su mismo nivel socioeconómico.

Evidentemente recomiendo ver esta película en una sala de cine, es una inversión que vale la pena porque nos hará emocionar, reír y reflexionar sobre muchas cosas de la vida; “Anora” es una comedia, pero una comedia amarga, los momentos humorísticos sirven de excusa para que Sean Baker nos deje claro su mensaje a través de personajes que muestran el lado más crudo de la sociedad y que nos gritan una y otra vez que los cuentos de hadas son solo eso: cuentos.


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