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Entre aires y desaciertos, la película integra una saga en que se hace su lugar para no dejar morir ni la historia, ni las peleas.

El cine de artes marciales siempre me ha parecido súper entretenido; las coreografías, los combates cuerpo a cuerpo y la destreza de los personajes me hacen pasar buenos momentos frente a una pantalla.

En la infancia con mis compañeros de escuela, inspirados en “Retroceder Nunca, Rendirse Jamás”, “Karate Kid” y “Soldado Universal”, jugábamos a las “peleítas”; años después las secuencias de acción y combates de “Matriz” y “Kill Bill” me sorprendieron porque elevaron el género un nivel superior.

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Cuando pensábamos que el cine de artes marciales estaba de capa caída, en 2014 “John Wick” llegó para darle un aire fresco al género y redefinirlo. La saga se convirtió en un fenómeno global gracias a la creación de un universo propio que incluye una cadena de hoteles a nivel mundial en el que se pueden hospedar los asesinos con tranquilidad y seguridad; monedas de oro para las transacciones y una Mesa Alta que gobierna e impone las normas al mundo del crimen.

“John Wick” nos cautivó con su estética claramente influenciada por el cómic, el cine noir y la mezcla del neón con tonos oscuros; además de aportar un toque de distinción con la moda que se mueve entre lo clásico y lo teatral; todo esto enmarcado en una ambientación elegante que combina muy bien los avances tecnológicos con elementos análogos.

En sus 4 entregas, “John Wick” nos cuenta la historia de un legendario asesino retirado, que por circunstancias personales decide regresar al mundo criminal; en cada entrega Wick debe hacer frente a poderosas organizaciones delictivas que quieren acabar con él. La saga se caracteriza por su acción perfectamente coreografiada y ultra violencia explicíta.

Como siempre, Hollywood sabe que el éxito de una saga debe ser exprimido hasta la última gota, por esta razón ha iniciado el proceso de crear producciones alternas como la serie “The Continental”, una película animada y varios spin-off que iniciaron con “Bailarina”, que se estrenó en las salas de cine el pasado 5 de junio.

En cine, un spin-off hace referencia a obra derivada de una ya existente, en este caso “Bailarina” hace parte del mismo universo de “John Wick” y temporalmente se ubica entre la tercera y cuarta película de la saga original.

“Bailarina” nos presenta a Eve, una niña huérfana que es adoptada por una familia criminal asentada en New York, allí mezcla su pasión por el ballet con un entrenamiento estricto en defensa personal, manejo de armas y estrategia militar.

Después de varios años de formación, Eve se convierte en una mercenaria novata que empieza a cumplir las misiones que su familia le asigna, en medio de una tarea se topa con señales que le activan recuerdos dolorosos de su infancia, por lo que decide iniciar una venganza contra aquellas personas que le causaron dolor en su niñez.

La idea de un spin-off es que tenga vida propia, que se sienta parte del universo origen, pero integrando nuevos matices que hagan que valga la pena ir a una sala de cine para ver el nuevo material.

En “Bailarina” encontramos todos los elementos que hicieron tan popular la saga original, pero desde la mirada de una niña inocente que pierde su familia y que crece en un entorno violento; pero no ofrece nada nuevo a nivel narrativo, ni expande el universo de la saga, aunque no podemos negar que su segunda hora es muy entretenida y nos hace recordar el porqué amamos el universo de John Wick.

“Bailarina” es un film que va de menos a más, su primera parte sienta las bases de la trama y eso está muy bien, pero hay momentos que aburren un poco por lo redundante. Es después de la primera hora que la película empieza a crecer en escala, terminando en un espectáculo de artes marciales, explosiones, fuego y acción.

La parte visual sigue conservando el tono que hizo tan popular la saga, la fotografía se destaca por su estética cuidada en cuanto al color y composición; las coreografías de combate son otro gran acierto de esta entrega y la actuación de Ana de Armas, se destaca por su carisma, desempeño y presencia escénica.

Ahora, “Bailarina” no es una película que vaya a pasar a la historia del cine por calidad narrativa, su guion es bastante predecible, la continuidad se siente extraña por momentos y los diálogos resultan muy obvios. Aquí debo detenerme porque tengo que hablar del doblaje del personaje de Lena, la actriz colombiana Catalina Sandino fue la intérprete en pantalla y ella misma decidió hacer el doblaje del inglés al español y la verdad no salió bien, se siente muy leído, poco natural y corta el viaje en una de las escenas más importantes de la película.

Por otro lado, algo que había generado demasiada expectativa era la aparición de Keanu Reeves en el papel de John Wick, en “Bailarina” lo hace en 2 momentos; el primero funciona muy bien dentro de la historia, pero el segundo se siente forzado, además su actuación es robótica y carente de profundidad.

“Bailarina” es una película que vale la pena ver en una sala de cine si se es amante de “John Wick” y de las artes marciales, su apartado visual y coreográfico es espectacular, lo que permite disfrutar de secuencias entretenidas y que roban el aliento. Ahora, si lo que quiere es una historia bien construida, profunda y que expanda el universo de la saga, esta no es la película.


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