El exdirector del Dane y hoy aspirante a la presidencia habló sobre la situación social de Armenia, sus propuestas en economía, seguridad, salud y juventud, y la necesidad de hacer política sin amiguismos ni discursos vacíos.
Juan Daniel Oviedo fue la cara visible del Dane durante el gobierno de Iván Duque, y hoy es uno de los nombres que empieza a sonar en el escenario presidencial rumbo a 2026. Este economista busca abrirse camino por fuera de los partidos tradicionales, apelando a una ciudadanía que —según él— está cansado del “mismo libreto de siempre” en la política colombiana.
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Oviedo dice no venir con una fórmula milagrosa, pero sí con una visión: gobernar con datos, disciplina, y voluntad de escuchar. Aunque no cuenta con maquinaria política, confía en que la independencia, el trabajo en terreno y la claridad de ideas le permitirán conectar con un electorado que busca algo distinto, pero que aún no encuentra hacia dónde mirar.
En diálogo con La Crónica del Quindío, Oviedo habló de su diagnóstico sobre Armenia, su visión económica, sus propuestas en seguridad, salud, educación y juventud, y la forma en que espera construir una opción viable sin ataduras ni extremos.
¿Cómo encontró la ciudad de Armenia en esta visita?
Vimos una ciudad con contrastes muy marcados. Por un lado, con avances en empleo, pero con niveles de pobreza altos. Recorrí el barrio Santa Fe y el sector mirador, y me encontré con una realidad muy dura: abandono, problemas graves de habitabilidad en calle y un espacio público deteriorado. Armenia tiene un reto serio en lo social.
Mientras se evidencia una reducción del desempleo, la informalidad laboral aumenta, porque el trabajo que predomina es altamente precario. Si el empleo que se genera es informal —venta ambulante, peluquerías, comercio callejero— eso no saca a nadie de la pobreza. Armenia tiene 45 % de informalidad. El reto es convertir esos empleos en oportunidades reales de desarrollo.
¿Qué propone precisamente para mejorar esa informalidad que afecta a buena parte del país?
Crear centros de formación de competencias, articulados con el sector productivo. La informalidad no se resuelve con prohibiciones, se resuelve con acompañamiento y con condiciones para que la gente pueda progresar. Queremos que el trabajo sea una fuente de dignidad, no de sobrevivencia.
¿Cuál sería el papel del Quindío en su plan de gobierno?
Hay tres apuestas clave: convertir al Quindío en el corazón logístico del país con un puerto seco, potenciarlo como laboratorio de innovación agroindustrial, y organizar a Armenia como una ciudad funcional, con un ordenamiento territorial serio. No puede seguir siendo una ciudad mal planificada.
¿Qué hacer ante el distanciamiento que han sentido los gobiernos locales con el Ejecutivo nacional?
Cambiar la actitud. Desde el 7 de agosto de 2026, lo primero que haremos es sentarnos con los 1.103 alcaldes y 32 gobernadores. No se trata de caer bien o mal, se trata de trabajar juntos. Nada de amiguismos ni revanchismos.
¿Cuál es su visión sobre la economía nacional?
El país tiene un problema fiscal grave. La transición energética no puede significar cerrar el subsuelo. Colombia necesita los recursos del gas, el petróleo, el carbón y el cobre para financiar su desarrollo y su transición. Si no hay plata, no hay sostenibilidad, ni económica ni ambiental.
¿Se arrepiente de no haber aceptado la continuidad en el Dane con el gobierno Petro?
No. Creo que el Dane necesita independencia. Si el mensajero necesita otro mensajero, algo está mal. Me siento tranquilo de haber dicho que no, y esa decisión me abrió un camino político que hoy estoy recorriendo con convicción.
¿Cómo se puede competir sin maquinaria ni partido?
Planteando preguntas. En un país donde la gente está cansada y siente que no ha pasado nada, lo importante no es imponer una candidatura sino preguntarle a los ciudadanos qué quieren que pase después del 7 de agosto de 2026. A partir de ahí, construir una conversación.
¿Y cómo motivar a aquellos jóvenes que están desconectados de la política?
Con propuestas concretas. Muchos jóvenes no estudian porque no hay cupos en la pública y no pueden pagar una privada. Queremos habilitar una línea de crédito específica para quienes no logran acceder por ser de clase media baja o por no tener puntajes altos. Además, la educación debe dar trabajo, no frustración.
¿Cuál es su propuesta en seguridad?
La seguridad en las ciudades depende en buena parte del liderazgo nacional. Los alcaldes hacen lo que pueden con gasolina y motos. Nosotros queremos recuperar la confianza en la Fuerza Pública, apoyarnos en tecnología e inteligencia financiera, y cortar las fuentes de ingreso de estructuras criminales que hoy se camuflan en la legalidad.
¿Y en salud?
Nuestro enfoque es que el que trabaje tenga salud garantizada. Queremos dejar de descontarle salud al trabajador formal y financiar el sistema con impuestos. La salud no puede ser solo servicios: es seguridad, es evitar que una enfermedad te hunda en la miseria. También hay que resolver el cuello de botella en atención especializada.
¿Cómo aborda el tema de la salud mental?
Es la pandemia de este tiempo. La violencia intrafamiliar está disparada. Nuestra propuesta es articular salud, educación, cultura, deporte y tecnología para abordar el problema. No se trata solo de psicólogos. Se trata de condiciones de vida, entornos escolares sanos y oportunidades reales.
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