En entrevista con La Crónica, el exministro de las TIC expuso su propuesta de unidad nacional, asegura que su paso por el Gobierno Petro no lo define y destaca su experiencia para liderar una Colombia dividida.
La idea de una “revolución del sentido común” es la carta de presentación de Mauricio Lizcano Arango en su aspiración a la Presidencia de la República. El exministro, con trayectoria en distintos sectores políticos y con experiencia en el Congreso y el gabinete nacional, plantea una visión basada en la búsqueda de soluciones prácticas, más allá de las ideologías.
En conversación con La Crónica, Lizcano explicó los pilares de su propuesta, habló sobre su paso por el actual gobierno, los retos del país en seguridad y gobernabilidad, y afirmó estar listo para liderar un proceso de unidad nacional que supere la polarización.
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¿Cómo va la agenda en el Quindío hacia la Presidencia de la República?
Va muy bien. Soy hijo de esta tierra, el único candidato del Eje Cafetero a la presidencia, el único que ha recorrido durante años este territorio. A diferencia de otros que solo aparecen en campaña, yo sí he estado presente desde joven en estos lugares.
¿Cuáles son los desafíos de implementar la filosofía de la revolución del sentido común?
Lo primero es unir al país. Hoy muchos candidatos promueven el odio y la división como bandera política. La revolución del sentido común parte de entender que los problemas no son de ideologías, sino de soluciones concretas. Todos queremos lo mismo: seguridad, educación, salud, justicia. Eso no es de derecha ni de izquierda.
La propuesta es dejar de construir muros y empezar a tender puentes, enfocarnos en lo práctico, en lo que le mejora la vida a los ciudadanos. Se trata de gobernar con raciocinio, no con pasión, y de recuperar valores que hoy parecen perdidos.
¿Por qué considera que usted encarna ese liderazgo?
Porque he trabajado con sectores de izquierda y derecha, lo que me permite buscar consensos. No genero rechazo en ninguno, tengo formación, experiencia y he demostrado resultados. Fui presidente del Congreso, ministro de las TIC, gestioné recursos para el Quindío. Sé gobernar, no solo tengo la voluntad.
¿El hecho de participar en el Gobierno Petro lo marca o afecta en campaña?
Espero que no. Un ministro cumple una función técnica, no necesariamente política. Nunca he militado en el Pacto Histórico ni me considero de izquierda. He sido empresario, proempresa. Acepté el cargo como una oportunidad de servicio, como lo hicieron otros independientes. La gente debe evaluarme por mi gestión, no por el gobierno en el que estuve.
¿Qué valora del actual Gobierno nacional?
Hay aspectos positivos y negativos. La inseguridad y el sistema de salud son puntos débiles. Pero también es valioso que se haya priorizado a regiones históricamente olvidadas como el Pacífico o La Guajira. Y aunque ha habido choques con el Congreso y las cortes, las instituciones siguen funcionando, y eso es importante para la democracia.
La seguridad es un tema muy cuestionado. ¿Cuál es su propuesta en este aspecto?
Primero, recuperar la moral de las fuerzas armadas y de policía. Segundo, poner fin a la política de ‘Paz Total’, que ha fortalecido a los grupos ilegales. Se pueden hacer procesos de paz, pero con verificación y sin entregar territorios. Propongo dividir el país en zonas de consolidación, guerra y desarrollo, para aplicar estrategias diferenciadas.
También hay que usar tecnología: instalar 20 millones de cámaras con reconocimiento facial e inteligencia artificial, bloquear señales móviles en cárceles, y crear bloques de búsqueda para combatir la extorsión.
¿Qué representará la figura de Gustavo Petro en la contienda electoral que se avecina?
Petro y el uribismo siguen siendo fuerzas relevantes. Pero no podemos seguir girando en torno a ellos. El país necesita una nueva generación política que no esté basada en el odio ni en la confrontación. El Quindío es ejemplo de cómo los conflictos entre mandatarios estancan el desarrollo. Necesitamos más unidad y menos debate estéril.
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