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Inaugurado en 1986 y restaurado tras el terremoto de 1999, se alza en el Palacio Departamental como un archivo pictórico de la historia regional. Personajes, símbolos y escenas condensan el espíritu de un territorio que sigue vivo en cada trazo.

El trajín de las personas marca el ritmo en el primer piso del edificio de la Gobernación del Quindío. Funcionarios que entran y salen, pasos que resuenan en los pasillos, voces que se cruzan en medio de la rutina diaria.

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Pero al fondo, en el salón Antonio Valencia Mejía, una obra obliga a detenerse. Sobre la pared principal se despliega la memoria de todo un territorio: “Epopeya del Quindío”, un mural de 14 metros de largo por 4 de alto, inaugurado en 1986 por el maestro Antonio Valencia Mejía. Sus trazos atrapan la mirada y detienen el paso, como si el tiempo quedara suspendido.

Allí está condensada una parte de la historia del departamento, con sus hechos y personajes. Entre los rostros y las escenas, el artista también se dejó un espacio: un autorretrato con la paleta de colores, recurso íntimo para identificarse dentro del relato colectivo que pintó para su tierra. 

“Este mural es nuestra historia condensada”, aseguró el antropólogo Roberto Restrepo Ramírez, especialista en gerencia y gestión cultural, mientras recorría con la mirada las figuras pintadas al fresco.

Agregó: “Fue elaborado por el maestro Antonio Valencia, un artista nacido en Circasia, para conmemorar los 20 años de la creación del departamento. Aquí está el Quindío entero: desde los indígenas precolombinos hasta los personajes que marcaron su desarrollo”. 

 

Cinco escenas, un solo relato

El mural está dividido en cinco secciones que, como páginas de un libro ilustrado, guían al visitante a través del tiempo.

Época precolombina: Muestra a los indígenas Quimbaya y Pijao en su entorno natural. 

Conquista española: Representa la llegada de los españoles y la fundación de Armenia. 

Colonización antioqueña: Describe la llegada de los colonos antioqueños y el desarrollo de la agricultura. 

Siglo XX: Muestra los avances económicos y sociales del Quindío. 

Personajes ilustres: Retrata a figuras importantes del departamento como Jesús María Ocampo (“El Tigrero”), fundador de Armenia, y Lilia Pérez (“Repollito”).

“No son los personajes más destacados, porque faltarían muchos”, aclaró Restrepo. “Pero están aquellos que el maestro consideró esenciales en su época. Personajes de todos los municipios, de la intelectualidad, de la cultura, de la industria. Los que él quiso relevar para la historia del Quindío”, comentó con voz pausada, como quien sabe que en esos rostros no hay olvido, sino un homenaje permanente.

 

Personajes que dan vida al mural

En un recorrido cargado de memoria, Restrepo Ramírez se detuvo frente a las escenas del mural y recalcó que cada figura tiene un nombre y una historia: “El maestro Valencia, meticuloso y sensible, no pintó solo rostros: añadió símbolos que los identificaran”, explicó. 

Ahí está Jesús María Ocampo, ‘El Tigrero’, erguido y firme, evocando su papel como fundador de Armenia. A su lado, Lilia Pérez, ‘Repollito’, una mujer pequeña, simpática, 

“El artista quiso que estuviera ahí”, comentó Restrepo. “Era simpática, muy bajita, un poquito groserita, pero todo el mundo la quería y tenía que ver con Repollito. Entonces, el maestro también quiso incluirla en el mural”, añadió.

El antropólogo recordó a La Crónica del Quindío que los demás personajes reseñados en este mural también fueron restaurados en 2003 por un artista mexicano, tras las grietas y fracturas que dejó el terremoto de 1999. Entre ellos se encuentran historiadores, educadores, artistas, escritores, dirigentes cívicos y poetas que marcaron la historia del departamento.

  • Alfonso Valencia Zapata. Historiador y periodista, fue miembro de la Junta Pro-departamento. Autor de varios libros como Quindío histórico que completó cuatro ediciones, Las típicas leyendas de las tiendas, fondas y sanitarios, que editó en dos entregas. Fundador y miembro de la Academia de Historia del Quindío. Nació en Armenia y murió en la misma ciudad en el año 2000.
  • Jorge Eliécer Orozco Dávila. Nació en Armenia en 1945. Periodista, compositor y escritor. En su nombre se le rinde homenaje a los compositores e intérpretes del Quindío.
  • Alberto Gutiérrez Jaramillo. Ingeniero, poeta, alcalde de Armenia en el período 1968 – 1969.
  • Antonio Valencia Mejía. Nacido en Circasia y fallecido en Armenia en 1998. Estudió pintura en Bogotá, Madrid y Frankfurt. Sus obras permanecen en colecciones de Bogotá, Venecia, Barcelona, Ginebra, Sao Paulo, Madrid y Armenia. Es el autor del mural.
  •  Luis Arango Cardona. Colonizador. Fundador de La Tebaida. Autor del libro Recuerdos de la guaquería en el Quindío. Nació en Manizales en 1879. Murió en Armenia en 1952. Fue considerado como uno de los más avezados guaqueros en su época.
  • Jesús Arango Cano. Abogado, historiador y escritor. Nacido en La Tebaida en 1915. Autor de varios libros sobre los indígenas del Quindío y sobre temas colombianos y americanos. Fue presidente de la Junta Pro-departamento del Quindío. Primer presidente de la Academia de Historia de este departamento y miembro de la Academia Nacional Internacionalista.
  •  José Londoño Botero. Presbítero de la Catedral de Armenia. Oriundo de Neira (Caldas), donde nació en 1894. En 1945 bendijo los terrenos y dio la primera palada para la construcción del aeropuerto El Edén. Fue párroco de la iglesia Catedral y se destacó como un importante hombre cívico.
  • Roberto Luis Restrepo Ramírez. Médico y pionero de la cancerología. Nació en Filandia en 1897 y murió en Bogotá en 1956. Se formó en Filología en la Universidad de la Sorbona de París. Autor de varios libros. El más importante, único en su género, es Apuntaciones idiomáticas y correcciones de lenguaje, de 560 páginas de extensión, que es un verdadero tratado sobre galicismos y extranjerismos: Miembro de la Academia de Medicina, de la Sociedad Radiológica de Francia. Políglota. Tío del antropólogo Roberto Restrepo Ramírez.
  • Santiago de J. López Sánchez. Fue educador de varias generaciones. Fundador del Colegio Liceo Andino de Filandia Autor del himno de este municipio.
  • Eudoro Granada Arango. Educador de larga trayectoria en Armenia. Fundó varios establecimientos de enseñanza.
  • Pedro Vicente Henao. Trabajó al servicio de la educación en Salento, donde además fue funcionario público. Colaboró con los pobladores de varios municipios del Quindío.
  • Pablo Emilio Mora. Uno de los principales fundadores de Circasia. Al fundar esta población, le fue puesta inicialmente el nombre de “La Plancha”, nombre que llevaba su finca ubicada en el paraje de “Arrayanal.” 
  • José Maria Arias. Colonizador. Fundador de La Plancha (Circasia) en 1882. Nació en Sonsón, Antioquia. Murió en Circasia en 1940.
  • Carmelina Soto Valencia. Escritora y educadora. Autora de varios libros de poemas. La más importante poetisa del Quindío. Cuando dejó de existir, el 18 de marzo de 1994, la prensa regional del Quindío le dedicó extensas páginas como un homenaje a su memoria. “Se apagó la belleza lírica del poema, el mismo que reflejara el sentimiento amable de la ciudad, aquel que mostrara el trinar de la alondra en la mañana o la sentida y triste evocación del último adiós”.
  • Julio Echeverry Velásquez. Educador en Montenegro y Circasia por varios años. En esta última población fundó el colegio La Patria.
  • Vicente Giraldo G. Nació en San Vicente, Antioquia: Muy joven vivió en Calarcá, Luego se residenció en Armenia donde se entregó al fomento de la industria, convirtiéndose en el primer industrial de la región. Hombre cívico, colaboró con varias empresas, como la construcción del cuartel para el Batallón Cisneros.
  • Carlos Barrera Uribe. Coronel y dirigente político por varios años. Le correspondió iniciar la era de la pavimentación de Armenia. Contribuyó al establecimiento del aeropuerto El Edén.
  • Braulio Botero Londoño. Exalcalde de Armenia. Fundador del Cementerio Libre de Circasia. Importante hombre cívico. En uno de los reportajes que se le hizo, dijo lo siguiente: “El cementerio laico de Circasia, establecido en 1925, mantiene abiertas sus puertas para todos, sin distingos de odiosas consideraciones sociales, filosóficas o políticas. Este hecho influyó para que la Iglesia Católica abriera las puertas de sus cementerios a todo el mundo, pasado un lustro de la fundación del panteón circasiano, hecho que hubo de conformarse legalmente con las reformas introducidas a la Constitución Nacional en 1936, durante el gobierno del gran López Pumarejo”.
  • Dora Tobón de Ocampo. Poetisa calarqueña. Autora de varios libros publicados en el Quindío.
  •  Crótatas Londoño. Abogado, oriundo del municipio de Córdoba. Expresidente de la Corte Suprema de Justicia. Diputado a la Asamblea de Caldas.
  • Baudilio Montoya Botero. Poeta romántico. Nació en Rionegro (Antioquia) en 1903. Murió en Calarcá donde vivió la mayoría de su vida. Educador. Declamador y autor de varios libros de poemas. En el año 2003, el Quindío entero se volcó para rendirle un homenaje en el primer centenario de su nacimiento. También la prensa regional se unió a los elogios. “Los expertos afirman que Montoya se acercó a elementos de construcción de identidad, porque fue espejo de su época, de su comarca. La cotidianidad siempre está cercando su poesía y por esta razón el pueblo se identificó con su obra que quedó en la memoria colectiva.”
  • Eduardo Arias Suárez. Poeta, novelista y cuentista. Nació en Armenia en 1897. Autor del himno del Carnaval de la hoy capital del Quindío. En París escribió el libro Cuentos espirituales. Publicó varias obras en Colombia. Se le consideró como uno de los mejores cuentistas americanos.
  • Roberto Henao Buriticá. Nació en Armenia en 1897. Escultor y pintor. Fue autor de La Rebeca, escultura erigida en uno de los parques de Bogotá. También es el creador de la estatua de Bolívar levantada en la plaza de su nombre en Armenia, la cual esculpió en París en 1930. Falleció en Bogotá el 2 de marzo de 1964. Sobre él se escribieron muchas líneas. “Obras del artista que han merecido altos elogios y premios internacionales son: la escultura Eva que obtuvo el primer premio en el Salón Anual de Paris, la pintura La muerte de Atala, que obtuvo en la Ciudad Luz una importante mención de honor”.

Cada uno aparece con símbolos que refuerzan su legado: “Los escritores tienen sus libros en las manos, los poetas también. Roberto Henao Buriticá aparece con un cincel, porque fue el escultor más importante de Armenia. Y Jesús Arango Cano sostiene una copa indígena, precolombina. Su padre, Luis Arango Cardona, lleva el libro que escribió”. 

En palabras de Restrepo, cada elemento cuenta una historia, como si el mural hablara no solo con rostros, sino también con los objetos que revelan la esencia de cada personaje.

 

Colores, arquitectura y símbolos 

El mural no solo plasma figuras humanas: también evoca los símbolos de la arquitectura de la colonización. Se distinguen las tejas de barro, el bahareque y los tonos de las casas tradicionales. 

“Los colores eran suaves, fresquitos, sutiles”, describío Restrepo. “Verdes claros, azules claros, no tan chillones como los balcones de ahora. Cada casa tenía un solo color, muy distinto a lo que se ve hoy en día”.

La paleta del mural refuerza esa atmósfera: tonos serenos que remiten a una época en la que los pueblos nacían entre montañas, caminos abiertos a punta de hacha y paredes de madera. En medio de las escenas también aparecen piezas de la cultura quimbaya: poporos de oro, vasijas y figuras antropomorfas que recuerdan las huellas de la guaquería.

“Cada rincón del mural es un relato. Allí están los colonos con sus hachas, símbolo de la fundación de los pueblos hace más de 120 o 150 años. Además, se evidencian los trajes tradicionales, como la ruana de los padres del artista, recordando la dureza de la vida campesina y el arraigo de la tradición”, argumentó.

En ese mismo sentido, destacó que el título del mural no fue escogido al azar: La palabra epopeya significa una historia épica, legendaria, incluso con resonancias literarias y míticas. “Eso es lo que quiso dejar el maestro Valencia: un relato que abarcara desde lo indígena y lo ancestral, hasta los colonos, los hechos más importantes y los personajes que marcaron la vida del Quindío desde la época precolombina hasta la actualidad”, puntualizó con la certeza de que el mural es un reflejo de identidad.

 

Un llamado a la memoria

En 2016, el mural ‘Epopeya del Quindío’ fue declarado Bien de Interés Cultural, pero para Roberto Restrepo Ramírez, antropólogo, y especialista en gerencia y gestión cultural, no basta con el reconocimiento oficial.

“Este mural es parte de nuestra identidad, pero muchos pasan por aquí sin detenerse. Falta que los jóvenes lo conozcan, que las escuelas traigan a los niños y les cuenten quiénes fueron estos personajes importantes que tuvo el departamento. Cada detalle tiene un sentido, cada gesto una historia”, expresó con preocupación.

Caminar frente al mural es detenerse en un tiempo suspendido. “No es solo recorrer el pasado: es reconocer el presente y proyectar el futuro. Porque el Quindío no es solo café y paisaje; es también la suma de historias y épocas que el maestro Antonio Valencia inmortalizó en cada centímetro de pintura al fresco”, subrayó Restrepo, mientras la mirada se queda atrapada en las escenas de la obra.

La invitación, insistió, es sencilla pero profunda: detenerse, mirar y reconocer. “Muchos murales desaparecen rápido, pero este sigue aquí. Hay que tomarse el tiempo de observarlo detenidamente, leer los nombres que están inscritos y descubrir la historia que guarda cada figura”, enfatizó con voz firme, teniendo claro que la memoria necesita tiempo y ojos atentos para sobrevivir.


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