Diciembre es un tiempo precioso. Más allá de la anormalidad de las circunstancias, la ciudad luce hermosa, las familias se reúnen y las personas de buen corazón —que son muchas—, comparten sus bendiciones con quienes tanto necesitan. Campañas cívicas, regalos a los pobres, cenas de Noche buena, son obras de bien que brillan con la … Continuar leyendo
Diciembre es un tiempo precioso. Más allá de la anormalidad de las circunstancias, la ciudad luce hermosa, las familias se reúnen y las personas de buen corazón —que son muchas—, comparten sus bendiciones con quienes tanto necesitan. Campañas cívicas, regalos a los pobres, cenas de Noche buena, son obras de bien que brillan con la luz de la generosidad.
Navidad es un momento especial, que nos convoca a permitir que aflore lo mejor: la capacidad para el amor, la posibilidad del perdón y la nobleza.
No se agota la Navidad el 24 de diciembre, ella permanece, extendiendo su luminiscencia y calor hasta el 6 de Reyes, para recuperarnos del dolor, la nostalgia y el miedo y también, permitirnos tomar un nuevo aire para iniciar con ímpetu un año que esperamos —y precisamos— sea mejor en varios aspectos.
Así como tomamos tiempo eligiendo los regalos más apropiados para alegrar a quienes amamos, vendría bien pensar cuáles son los obsequios para entregar al departamento, pues el territorio que habitamos, merece que le demos más.
Primero. Inversión y empleo. Luego de la recesión económica, hemos ido aprendiendo a convivir con la situación y construyendo una normalidad que nos permite trabajar, mientras nos cuidamos. Se necesita que los empresarios del país —personas maravillosas y audaces que saben liderar, producir riqueza y generar empleo—, creen nuevas unidades de negocio. Las cifras de desempleo son escalofriantes, debemos mejorar. Aprovechar las condiciones tributarias que le fueron dadas a Armenia al declararla como Zona Económica y Social Especial y animar a los inversionistas para que sigan llegando a la ciudad, como lo han venido haciendo, gracias al trabajo de instituciones y gremios, en especial, de la Agencia de Inversiones de Armenia, a la que hay que reconocerle sus aportes al desarrollo local.
Segundo. Seguridad. Las cifras de delito son espantosas, en particular, aquellas que amenazan el patrimonio. Los hurtos se han disparado y si bien esto de alguna manera se explica con la crisis, es necesario detenerlo. Se han consolidado verdaderos carteles: para atracar en cajeros electrónicos, robar ¡a mano armada y sin pudor! En varios sectores, estafar usando medios virtuales como Facebook y Whatsapp y en fin, para desposeer de sus bienes a quienes con justicia ganan su sustento. Esto tiene que parar, con mano firme de las autoridades y acciones más contundentes desde la Fiscalía, pues la impunidad estimula a los delincuentes.
Tercero. Honestidad e integridad. Luego de recientes experiencias de uso indebido de los bienes públicos en algunas esferas, los ciudadanos urgimos por recuperar la confianza: en los líderes, los políticos y las instituciones. Parece utópico, sin embargo, gente buena hay en los ámbitos oficiales, necesitamos que sus buenas acciones ayuden a los ciudadanos a modificar la visión y volver a creer, en la política como ocasión de servicio y solución de los problemas de las comunidades. Tienen un reto el gobernador y los alcaldes, como actuales administradores de lo público.
Cuarto. Esperanza. Los informes sobre el escepticismo y la desmotivación de los pobladores, deben convocarnos a renovar la fe en que mejores horizontes de futuro son posibles, esto es algo que debemos construir unidos.
Cuatro regalos para este terruño precioso donde nos ha correspondido nacer y vivir… Lo mejor que podemos darle en esta Navidad.
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