Si a quienes son elegidos en las urnas les pusieran como condición, para una eventual reelección, un pequeño porcentaje de cumplimiento de lo prometido en campaña, la rotación en Congreso, concejos y asambleas sería altísima y a muchos representantes, senadores, alcaldes, gobernadores y presidentes de la nación habría que castigarlos con la muerte política. Afortunadamente, para los malos e incumplidos candidatos, legisladores o gobernantes, buena parte de la población padece amnesia política y el voto tiene precio.
Casos hay, y no pocos, de candidatos que ahora aseguran defender e identificarse, hasta los huesos, con colores, idearios y líderes que hasta hace poco atacaron. Bien dicen entre ellos que quienes hoy son enemigos políticos, mañana pueden ser aliados y viceversa. Muchos van, cual regular futbolista, detrás de un mejor salario, sin importar el equipo en el que les toque jugar, con tal de no salir del terreno de juego. Eso de la palabra, en el mundillo de la politiquería, es un chiste que ya ni siquiera se cuenta.
Lo otro que es igual de reprochable es que ya ni se sonrojan aquellos a quienes les enrostran videos, fotos, audios y/o documentos, como pruebas de sus vulgares contradicciones e incumplimientos. Ni se inmutan. Buena parte de los actuales congresistas, así no lo merezcan, van a renovar sus credenciales. Incluso, en Colombia, han sido elegidos candidatos con enormes tachaduras en su pasado moral y/o profesional.
No se entiende, a propósito de las elecciones convocadas para el domingo venidero, que algunos candidatos o candidatas incluyan en sus discursos promesas cuyo cumplimiento no depende de su actuar porque ni siquiera están en sus funciones constitucionales. El analfabetismo electoral es rampante, de ahí la debilidad en los planteamientos de muchos de los que aparecerán en el tarjetón. Estas legislativas están soportadas, fundamentalmente, en el voto amarrado a un contrato laboral, billete o favor personal.
Abundaron y abundarán, de aquí a que tengamos nuevos legisladores y presidente posesionados, las soluciones mágicas para los ya incontables problemas del país. Si quienes hoy legislan o gobiernan los territorios o el país hicieran realidad la mitad de lo prometido, esta nación sería modelo mundial y el mejor vividero del mundo. Ahora y hasta antes de posesionarse, los padres de la patria y el nuevo inquilino de la Casa de Nariño demostrarán un conocimiento magistral de las dolencias nacionales, plantearán rutas medicinales, jurarán que si son elegidos otra será Colombia y harán ver a sus antecesores como los más mediocres e inútiles. Otro gallo cantará cuando juramenten cumplir la Constitución y las leyes.
Seguimos acumulando promesas incumplidas y apoyo a candidatos que no han honrado la palabra empeñada. Desde el actual presidente para abajo. Es inagotable el manual de excusas de quienes se hacen elegir, para intentar explicar por qué terminaron haciendo lo que juraron jamás hacer y olvidaron lo que ante millones juraron.
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