La historia es muy simple. Hace dos decenios el sector cultural en el Quindío no tenía políticas públicas y menos fuentes de financiación. Era una oficina, como la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia, en medio de ninguna parte. Poco a poco se fue construyendo un sistema, a través de organizaciones no civiles, la … Continuar leyendo
La historia es muy simple. Hace dos decenios el sector cultural en el Quindío no tenía políticas públicas y menos fuentes de financiación. Era una oficina, como la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia, en medio de ninguna parte.
Poco a poco se fue construyendo un sistema, a través de organizaciones no civiles, la creación de una secretaría, el Plan Departamental de las Culturas, Biocultura 2013 -2023, unas ordenanzas, y unas fuentes básicas de presupuesto. Todo parecía ir bien, hasta la administración pasada.
Si bien la gestión de James González Matta fue interesante en lo educativo y presupuestal, su politiquería sesgada, su amiguismo de bulto, atomizó a los artistas y generó ira intensa entre los excluidos. Esa administración dejó proyectado $3.020 millones, más los congelados $1.000 millones de seguridad social del artista y los recursos asignados por regalías, $3.270 millones para profesionalización. Esta administración recortó la inversión a $1.978 millones.
La llegada de la nueva administración profundizó la disputa y empezó a deconstruir lo avanzado en la secretaría. El nombramiento del director de Cultura y Arte, Brian Arango Trujillo, y el jefe de Patrimonio y Artes, Juan Ricardo Medina, sin conocimiento y experiencia, dos fichas partidistas, derrumbaron en pocos meses la confianza y dañaron lo alcanzado en la aplicación de las políticas.
Este año, por cuenta de las decisiones equivocadas del señor gobernador Roberto Jairo Jaramillo, y de su mismo secretario, ha sido trágico para nuestra cultura. No existió gestión en el primer semestre, y los artistas y sus mediadores, atrapados por su informalidad, la pandemia y por la ausencia de Estado, quedaron desamparados en todos los ámbitos. ¿Qué pensaba el señor gobernador?
La pasada convocatoria de concertación y estímulos, con escasos recursos para las organizaciones culturales, no cumplió con los requerimientos presupuestales ordenados por la ordenanza 13 de 2015. La excusa es real pero insuficiente: había pandemia.
Sé bien, así lo entiendo, que el gobernador del Quindío desea acertar en su gestión cultural, y temas como la biblioteca departamental lo conmueven. El piloto, sin más, debe corregir el rumbo de la nave.
Lo primero es solucionar lo averiado, y nombrar en la secretaría a una líder o líder con conocimiento y sanadora, que piense en grande y sin favoritismos para la cultura. Debe el nominador reparar sus desacertados nombramientos directivos y, sin dilación, restaurar los presupuestos recortados, ya sea a través de un crédito o de la cofinanciación nacional.
Solo si nombra a personas de las calidades de gestión como Jorge Eduardo Urrea, Diana María Giraldo, Jackeline Valencia o Lucelly Velasco, podrá corregir el rumbo. Las personas mencionadas han coadyuvado en la construcción del sistema, tienen conocimiento previo y pueden restañar las heridas producidas por el furioso rompimiento en el sector.
La calarqueña Lucelly Velasco, por ejemplo, agregaría su conocimiento de formación en políticas ciudadanas y su liderazgo en el campo del feminismo como proceso reivindicatorio, temas esenciales para esta época.
Aún confiamos en la buena fe del señor gobernador del Quindío.
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