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Lina y Larry

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 15 mayo 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Como llevo una cuarentena de casi 7 meses, encorvado por la carga de mi historia, minado de incertidumbres y felicidades, abrí un libro de Lucía Berlín, la escritora americana, que vino a habitar con sus relatos mis días de espera.

En sus cuentos encuentro la repetición de la enfermedad como tema, y del alcoholismo. La deriva en su escritura de un cáncer, repetido en sus narraciones, deslumbra porque muestra la relación virulenta de Lucía con su hermana, que luego es compasiva y dulce. El poder de su prosa me enseña la bondad del ser humano frente al dolor del prójimo.

Leo, descritos por Lucía Berlín, los últimos segundos de vida de Sally, su hermana. Me detengo para contener la emoción, para poder dominarla y tragarla en mi soledad. Tomo mi teléfono, leo un mensaje y nace la angustia de saber que murió Lina María Muñoz.

Poco conocí a Lina María. Siempre la miré a la distancia. Me intimidaba un poco su cuerpo delgado, pequeño y afilado, y ese poder que rezumaba. No era débil, parecía segura de lo que decían sus ojos.

Alguna vez, en esos salones de arte de Armenia, vi un cuadro de Lina María. Me conmovió la tristeza de sus azules y colores. Parecían distintos a esos azules lívidos que prometen un paraíso. Muchas veces la vi en mi barrio en Calarcá, en el Palmar de la Sierra, mientras salía a enseñar cómo se dibujaba bien un rostro o un asombro.

Supe de ella siempre como profesora de arte, como fina artesana, y de sus logros artísticos en España con sus pinturas y grabados. Alguna vez ganó el Salón de Artistas Quindianos.

Desde hacía varios años —al lado del ya fallecido Memo Vélez— era la mejor pintora del Quindío y la más honesta y profunda. Su tríptico Sueños de bruja es polivalente, desconcertante e inolvidable.

Dibujaba muy bien y expresaba un torrencial de ideas y metáforas desconcertantes en sus obras. Pocos artistas en el Quindío expresan ideas propias y recreadas: copian. 

Me parece que en sus pinturas funda la sensación de lo citadino en esta región cafetera, con su terrible peso sobre los hombros de las niñas y mujeres.

Su obra es inquietante y nada previsible. Hay que buscar en nuestro interior, en su trazo de pintora avezada y hábil, para desenmarañar la viabilidad de la vida y el amor.

Me deslumbraba el amor que se veía en sus ojos y en su vida por Larry Henao, músico de Emma Blue. Era su compañera de todos los días, su musa, amada, novia y amiga. Irrepetible ese amor, como las historias invencibles de los cuentos fantásticos. 

Duele saber que Lina María ya no está en la existencia de Larry. Duele saber que nuestro arte perdió a tan poderosa e inteligente creadora.

Lucía Berlín, Lina María y Larry hacen del arte un planeta de revelaciones y belleza. Queda Larry, su música, y la luminosa memoria de una vida creativa.

 


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