Iniciaron los periodos constitucionales de gobierno, con el matiz de esperanza, renovación y entusiasmo que suele caracterizar los comienzos… La fe colectiva puesta en quienes, por sus condiciones personales, profesionales, éticas y políticas, merecieron el favor en las urnas y conquistaron el acceso al poder.
Luego de las posesiones y designación de los gabinetes, vinieron, como es lógico: aplausos y reproches. Una de las características de las decisiones, es que resulta imposible que gusten a todos.
El horizonte luce amplio, gobernador, alcaldes y alcaldesas, llegaron con visiones de futuro interesantes, excelentes intenciones y entusiasmo para registrar con honor sus nombres en la historia. Muchos desafíos tienen.
También nosotros, los ciudadanos… Ser responsables, comprometidos, aportantes al progreso, generadores de las mejores cosas para las comunidades.
Un reto fundamental es… romper fronteras, no a nivel geográfico; sino mental, donde existen los muros más densos… Abrir la mente a las posibilidades que trae el porvenir, generar transformaciones en el pensamiento, llevándolo a un nivel superior, que nos permita dejar atrás viejos paradigmas, que se han convertido en limitantes de nuestra evolución personal y colectiva.
La primera ruptura, tiene que ver con valorar a las personas por sus condiciones y capacidades, no por su procedencia. En el Quindío se cuenta con la presencia de excelentes profesionales, con todas las condiciones para desempeñar cualquier cargo, no solo a nivel local, sino nacional e internacional. Ha ocurrido: coterráneos se han proyectado con honor en todo el mundo.
No significa lo anterior, que solamente quindianos debamos ocupar las posiciones de responsabilidad, pues, así como muchos hemos abierto caminos en otros lugares, personas de afuera pueden ser contribución con su trayectoria y experiencia. Es bueno, por supuesto, privilegiar al talento local, pero ello no puede convertirse en una situación que impida recibir, valorar y aprovechar a las personas que quieren y pueden aportar en la gestión del desarrollo.
La segunda, es superar sectarismos y fanatismos. El apasionamiento que a veces generan dichas prácticas, pueden ser factor de exclusión, intolerancia y distanciamiento. Ese mensaje de unidad que se ha reiterado desde el discurso de los nuevos gobernantes, debe convertirse en un imperativo cultural.
Juntos, luchando por propósitos comunes al margen de las pequeñas diferencias, que, en lugar de distanciarnos, deben enriquecernos.
La tercera, es abandonar el pensamiento microscópico, superar el temor a pensar en grande. Que la mente se eleve, con la altura y fuerza del águila, porque solo pensando así, lograremos lo que soñamos para esta tierra.
- Temas relacionados :
