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La lectura es un juego

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 10 enero 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

A muchos países se les reconoce por sus escritores. A Rusia, por ejemplo, se le situó en el mapa en un tiempo por Crimen y Castigo de Dostoyevski y Guerra y Paz de Tolstoi, y mucho del espíritu de sus pobladores, sus mujik o sus aristócratas, fueron identificados en las creaciones literarias. 

La España del siglo XV se comprende por los personajes de Miguel de Cervantes Saavedra y a Francia, con sus formas de existencia, se le decodifica en las obras de Honorato de Balzac o de Voltaire. 

En las épocas contemporáneas, a Chile por los poemas de amor y angustia de Neruda, y a Perú, además de su gastronomía popular, en la modernidad se le interpreta en las páginas de la Casa Verde, de Pantaleón y las visitadoras, en la Guerra del fin del mundo o en La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. 

A Venezuela se le conocía en muchas partes por las narraciones de Arturo Uslar Pietri, o por Doña Bárbara, la novela de Rómulo Gallegos, y mucho aprendimos de México por Libertad bajo palabra o por las Peras del olmo, de Octavio Paz, ese grandioso escritor que dejó una estela de pensamiento, poesía y antipatía entre sus compatriotas. 

En Colombia, en el siglo pasado, nos referenciaban por la marihuana, cocaína, boxeadores o por algún torero que sacrificaba un animal en el altar de la crueldad en las plazas de España. Luego la geografía de Colombia apareció en el globo terráqueo, sus relieves y ríos, por cuenta de la imaginación febril de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, en el Otoño del Patriarca o en Crónica de una muerte anunciada.

En 12 años el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales ha reivindicado para el Quindío varias necesidades: construir una biblioteca pública como escenario para el patrimonio literario del departamento, recuperar la memoria de nuestros más valiosos escritores, y sobre todo el valor de la lectura como medio idóneo para acceder al conocimiento y al gusto estético.

Durante 12 años, por causa de las lógicas argumentativas y críticas propias de la actividad literaria, algunos funcionarios públicos han intentado extinguir el encuentro literario Luis Vidales. No lo han logrado, en esencia, porque se ha construido una comunidad de lectores y beneficiarios que entienden, más allá de lo fortuito de un burócrata, que las palabras bellas o contrarias, su lucidez o su inquietud, son creaciones del alma y merecen, al trascender, ser leídas o escuchadas por las nuevas generaciones.

Al retirarme de la organización ejecutiva del Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, que este año tiene como tema ‘La lectura es un juego, literaturas infantil, juvenil y gráfica’, hago un inventario somero: queda un proceso cultural y educativo que el año pasado estuvo en La Tebaida, Génova, Pijao, Armenia, y Calarcá, como un proceso pedagógico de competencias lectoras, y un ciclo literario consolidado, que contó con importantes escritores nacionales e internacionales en su convocatoria. 

Cientos de escritores, miles y miles de estudiantes, decenas de docentes, y millones de versos y palabras compartimos durante estos doce años. Corresponde ahora a los jóvenes Ángel Castaño, Juan Felipe Gómez, Sandra Milena Gómez, Elison Veloza, Viviana Méndez, Alexander Muñoz y a su nueva directora Jesica Riveros, intentar que los quindianos comprendan, todos, que la única salida para avanzar está en la estación de la lectura.


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