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Corruppetro

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 29 enero 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Si alguien, en el amplio espectro anti Petro, espera señales generalizadas de arrepentimiento, actos de contrición y propósitos de enmienda, entre quienes auspiciaron este horror de país, ahora objeto de burlas y compasión por la estupidez presidencial, pierda esperanzas. Jamás ocurrirá. Uno que otra, otro que una, con lucidez repentina, en el Congreso, en la … Continuar leyendo

Si alguien, en el amplio espectro anti Petro, espera señales generalizadas de arrepentimiento, actos de contrición y propósitos de enmienda, entre quienes auspiciaron este horror de país, ahora objeto de burlas y compasión por la estupidez presidencial, pierda esperanzas. Jamás ocurrirá. Uno que otra, otro que una, con lucidez repentina, en el Congreso, en la academia, medios de información, tardíamente conscientes del yerro, confesos y contritos, por más gimoteos que aparenten, por lágrimas o golpes de pecho que muestren, no hacen verano. La gran mayoría de voluntarios cegatones, fanáticos del más letal enemigo público de nuestra historia, no sólo niegan haber incurrido en crasa equivocación al haber confiado el cargo de presidente a un adicto, a un antisocial impune e inepto disfuncional, busca pleitos con casi nadie: la máxima potencia orbital, principal socia económica del país, sino que, llegado el hipotético caso -hasta la fecha un imposible constitucional que debemos defender a morir- de poder hacerlo, persistirían en el error. No cabe en la razón, agrede el sentido común, comprobar que para el grueso del rebaño zurdo, la Colombia de hoy es mejor que la recibida por Petro en agosto de 2022, con todo y la carga de la pandemia a cuestas.

¿De qué sirvieron, una reforma tributaria mucho más onerosa que la planteada por Duque, pretexto del absurdo incendio urbano promovido por las alimañas actualmente al mando, y el incremento indexado del precio del combustible automotor, superior al 100%? ¿Dónde están los billones que escaparon de la corrupción tipo UNGRD, si tenemos al día de hoy una administración nacional desfinanciada, ilíquida, a pesar de la morosidad en la ejecución presupuestal?

Algo, quizás, podría reclamar como logro el señor -dudo al usar el apelativo- Petro: nos abrió los ojos respecto al colosal tamaño, a los archimillonarios montos, de la corrupción oficial. Quién pudo imaginar que sería este el anti estandarte, el deplorable referente del gobierno “del cambio”. Ingenuos, cándidos culposos, antes de conocerse la danza, no de los millones, más bien, de los miles de millones, en la ya célebre por perversa, UNGRD, creíamos que diez, veinte, cincuenta, con seis ceros a la derecha, eran cifras con las que se transaba un corrupto con cierto nivel de poder. No obstante, al emerger la punta del témpano, como muchos intuimos que era apenas el trajinado escándalo; antes, con la indeterminada cantidad en pesos o dólares extraviados en casa de la niña Sarabia, de un sopapo nos enteramos del real, monstruoso, apetito de nuestra delincuencia de traje, corbata y calzado Ferragamo: primero se habló de cuatro… no de cuatro devaluados milloncejos, no cuatro humildes “lukitas”, no. ¡Cuatro mil millones!!, para los presidentes de Senado y Cámara de Representantes; luego de diez mil; más adelante de ochenta mil, de doscientos cincuenta mil… para concluir que el monto de “proyectos” manejados solo por esa dependencia, la UNGRD, con propósitos obscenos, netamente politiqueros, durante dos años, sobrepasa la inimaginable cifra de ¡dos billones -dos millones de millones- de pesos!!; gran parte de los cuales fueron “asignados” por el ex ministro Bonilla, segundo a bordo del gobierno.

Reducidos a justa proporción, los dichosos carrotanques de la infamia, tal como ocurrió con los vehículos recolectores de desechos en la alcaldía de la Capital, en su momento, son una porción menor, ridícula, del pastel. Sin mirar otras de las centenares de empresas estatales e instituciones, por desgracia tomadas hoy día por la codicia en desmadre de las huestes zurdas; entre estas, Ecopetrol y sus filiales, Invias, ANI, etc., etc., el monstruo devorador de nuestra democracia, del cual se extraerán los medios para continuar la tarea demoledora, se llama corrupción y su apellido legítimo es, Petro.


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