El caos que ya ha comenzado a sentirse en el sistema de salud en Colombia ensayando con los maestros la reforma del gobierno, es otra muestra clara de lo que es capaz de hacer una personaje como el que ahora gobierna a Colombia, cuando se propone imponer por encima de quien sea o de lo que sea, lo que se le antoje.
Ya lo ha manifestado en tono por lo regular amenazante, “si la institucionalidad no le aprueba lo que según él ordena el pueblo” igual lo va a hacer. Es lo que está sucediendo con la Constitución y la salud. De ahí su interés en Asamblea Constituyente acogiendo concepto amañado de Álvaro Leyva según el cual el Congreso lo que tiene que hacer es convocarla, supuestamente basado en el acuerdo de paz del 2016. Una reforma con el ánimo de adaptarla a su medida y a sus ansias dictatoriales que le permitan perpetuarse en el poder así diga lo contrario.
Lo que está sucediendo con las EPS ya se veía venir desde que el proyecto de reforma presentado por el gobierno al Congreso, comenzó a tambalear hasta el punto de su hundimiento. Esto, no obstante las estrategias ejecutadas por el gobierno incluidos cambios ministeriales presuntos actos de clientelismo, sobornos, mermeladas, compra de congresistas entre otras prácticas que son objeto de investigación. La siguiente estrategia ahora en desarrollo, es el ahogo financiero y la intervención a las EPS por parte de la Superintendencia de salud. El Minsalud ha pretendido desvirtuar los planteamientos de las EPS sobre sus problemas financieros, señalando que les ha girado en los primeros meses del año más de 2 billones de pesos sin especificar a cuánto asciende la totalidad de la deuda con ellas y sin clarificar el monto de la UPC (unidad de pago por capitación) o sea lo que el gobierno debe reconocer a las EPS por cada uno de los afiliados al sistema de salud y que es considerado insuficiente por estas organizaciones, a las que corresponde atender tanto la población cotizante como subsidiada. Ya desde meses atrás Sura, Sanitas y Compensar plantearon esta inquietud al gobierno, el que obviamente no facilitó solución alguna dada su perversa intención de agudizar la crisis del sistema y darle la estocada definitiva en desarrollo de su plan macabro.
Es bueno recordar que las EPS catalogadas como las mejores y las preferidas por los usuarios, comenzaron a tambalear justo a partir del año 2022. Siempre se ha reconocido que el sistema ha adolecido de fallas solucionables y destruirlo será el peor retroceso para la salud de un país que ya lo afrontó hace más de 30 años y ahora regresaría con los agravantes del clientelismo, la politiquería, la corrupción, la desidia administrativa y demás falencias. Y frente a todo este caos, lo peor es la pasividad de nuestra institucionalidad, de nuestra sociedad, de nuestro liderazgo si es que aún existe y si también esta atemorizado. Que Dios nos tenga de su mano.
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