La actual coyuntura de Colombia me ha llevado a desarrollar paralelo con un pasaje del Evangelio de San Marcos (9,14-29) sobre el caso de un niño fuertemente poseído por un espíritu inmundo que lo atormentaba hasta lanzarlo al fuego y al agua para acabar con él y quien, presentado a los discípulos de Jesús para … Continuar leyendo
La actual coyuntura de Colombia me ha llevado a desarrollar paralelo con un pasaje del Evangelio de San Marcos (9,14-29) sobre el caso de un niño fuertemente poseído por un espíritu inmundo que lo atormentaba hasta lanzarlo al fuego y al agua para acabar con él y quien, presentado a los discípulos de Jesús para que lo sanaran, no les fue posible hacerlo, pese a disponer del poder que Él les había otorgado.
Veamos. La naturaleza presenta montañas donde se hace ejercicio, se contempla el paisaje, se medita, se pasea, se buscan soluciones, entre otras cosas. Jesús fue a orar. En el caso del País, identifico esa oración como las herramientas y estrategias para mantener el orden, la justicia, la integridad, el respeto, el bienestar común, la equidad, entre otros temas de bienestar común.
Cuando Jesús baja de la montaña, sana al niño poseído y es quien representa a Colombia con su población atacada en regiones como el Cauca, parte del Valle, Antioquia, Chocó, Guajira, entre otras que afrontan serios problemas de orden público protagonizados por grupos delincuenciales o por carencia de servicios vitales dada la corrupción de la dirigencia. Los discípulos de Jesús que lo intentan sanar, serían los funcionarios de alto rango del ejecutivo, “desconcertados” porque pese a disponer de ciertas atribuciones, no les es posible brindar soluciones concretas a sus poblaciones. Es claro que falta decisión para aplicar esas herramientas de carácter constitucional por parte de la institucionalidad compuesta por las altas Cortes, Jurisdiccionales, fiscalización, control y demás. Esto por temor, falta de decisión, tráfico de influencias, compromisos políticos, económicos, personales, corrupción o de cualquiera otra índole, lo que no ha hecho posible enfrentar, atacar y contrarrestar esa fuerza oscura similar a la que ataca al niño del pasaje del evangelio. Claramente ha faltado también la acción decidida y eficaz de parte del ejecutivo para diezmar esa fuerza delincuencial como debiera hacerlo por mandato constitucional, amparado en un proceso fallido de paz total, que facilita el ataque a la fuerza pública, el desplazamiento forzado y la intimidación a la población civil en ciertos municipios. Todo esto se puede equiparar a la falta de fe, de acción o de oración que faltaba a los discípulos para lograr la sanación del niño poseído.
Finalmente, para el país creyente, necesario acudir masivamente a esa oración implorando al cielo su protección, en estos momentos de peligro para nuestra democracia. Junio, cuando Colombia honra tradicionalmente al Sagrado Corazón de Jesús es ocasión propicia para hacerlo. Recuerdo el 13 de mayo pasado lo impactante que fue ver en su totalidad lleno el Movistar arena de Bogotá, con fervoroso concierto en honor de la Virgen María, “Reina de Colombia” como acto de alabanza a la Madre de Dios. Grandioso sería que programa similar se realizara en todo el eje cafetero en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuando Colombia está tan urgida de su favor buscando esa anhelada paz y justicia social después de tantos años de lucha por conseguirla.
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