Posiblemente todos tengamos alguna colección, sea de zapatos, ropa, figuras de santos, vírgenes o cristos, como también figuras de animales o bailarinas o abuelos en una banca hechas en porcelana o cerámica, o discos en vinilo. Sin acusar a nadie de acumulador, creo que todos guardamos, cuidamos, exhibimos o custodiamos celosamente una serie de objetos. … Continuar leyendo
Posiblemente todos tengamos alguna colección, sea de zapatos, ropa, figuras de santos, vírgenes o cristos, como también figuras de animales o bailarinas o abuelos en una banca hechas en porcelana o cerámica, o discos en vinilo. Sin acusar a nadie de acumulador, creo que todos guardamos, cuidamos, exhibimos o custodiamos celosamente una serie de objetos. Conozco a alguien que colecciona nubes y las exhibe en redes sociales, bueno, fotografías de nubes, para ser más precisos. En muchos casos estas colecciones no tienen ninguna sistematicidad, catalogación u organización, posiblemente tengan un orden subjetivo asociado al tamaño, el género, la fecha u otro, pero este orden puede en algún momento cambiar por otro, como cuando se le da un giro a la cama en la habitación. En fin, somos coleccionistas y esto podría ser una característica muy humana.
Como estudiantes, sin darnos cuenta o con toda la intención vamos adquiriendo colecciones de objetos que ayudan o sustentan el aprendizaje y la formación. Desde lápices, cuadernos y libretas de apuntes, hasta fotocopias y libros, nuestros hogares van siendo lugar de almacenamiento, ordenados o no, de estos objetos que posiblemente nos acompañarán toda la vida y podrán luego ser heredados. Al respecto, considero que un apasionamiento del ser estudiante es construir una colección de textos que denominamos biblioteca propia o personal. Dicho apasionamiento es mucho más intenso cuando somos los creadores originarios de dicha colección, es decir, que arrancó de cero, donde somos nosotros los primeros iniciadores de la misma, y en especial, es un libro el que da inicio, es el eslabón de esta colección que a largo de los años puede salirse un poco de control. ¿Recordamos cuál es ese primer libro?
Nuestra biblioteca propia o personal, está compuesta por libros de diferentes tamaños, formatos, géneros literarios, temáticas, idiomas, entre otros. Como estudiantes es el capital material más importante que tenemos, fuente o banco de nuestras ideas y conceptos, espacio para el despliegue de nuestra imaginación. Esta colección nos permite volver a aquellas temáticas que algún tiempo atrás aprendimos en una clase, seminario o grupo de estudio, es además el principal insumo en los proyectos académicos que llegan cada día, pues si bien hoy tenemos acceso en la internet a bases de datos, bibliotecas virtuales o recursos multitextuales por millones, nuestra colección propia es la primera línea de respuesta para asumir retos académicos, investigativos o literarios y, si no es suficiente, buscamos por fuera lo necesario, con el deseo de tener ese texto en nuestra colección.
Estudiar implica fundar colecciones, por más grande o pequeña que puedan ser. La imagen del estudiar, de un alguien que estudia nos remite a ubicar elementos que forman parte de una colección, como son lápices, libretas, documentos apilados y libros, impresos o fotocopiados. El estudiante colecciona estos elementos para ser usados, pero también para ser conservados, queridos y exhibidos. Un estudiante cuida y da orden a sus lápices, por colores, marcas y calidades, para diferentes usos y momentos. De la misma manera están las libretas de apuntes, las cuales pueden conservarse u organizarse por temáticas y épocas. Estas libretas o cuadernos de apuntes o notas nacen con el fin de llegar a ser parte de una colección, la cual se convierte en objeto de nuestra propia o personal arqueología de estudio, la búsqueda posterior que haremos algún día sobre eso tan valioso que allí quedó registrado. El fomento de este tipo de colecciones es una práctica de resistencia al consumismo actual. Un estudiante es alguien que tiene, cuida, organiza o solamente acumula una colección de objetos para el estudio.
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