Son racionales las manifestaciones de los sectores de opinión tanto de gobierno como de la oposición, el legislativo, jurisdiccional y gremios, frente a la posición mesurada y creyente de la familia del sacrificado senador Miguel Uribe Turbay, encabezada por su esposa María Claudia Tarazona, invitando al amor y rechazando cualquier intento de venganza o rencor, pero desde luego invocando la justicia pronta, justa, equitativa y verdadera.
Al respecto vale destacar esta actitud, frente a las que generaron y desencadenaron en lo que hoy estamos lamentando con el triste final de una joven y auténtica promesa de la política entendida en su real dimensión de servicio altruista y no del exclusivo anhelo egoísta de enriquecimiento a costa del empobrecimiento y la miseria de la población menos favorecida, como lo buscan oscuros personajes responsables de la situación que afronta nuestro país. Esos que no dudan en aliarse con quien sea, trátese de criminales, narcotraficantes o grupos terroristas y venderle hasta el alma al diablo con el fin de defender sus propios intereses políticos, económicos o sociales para aparecer ante la opinión como los más pulcros y transparentes. Saben aprovechar las gabelas que les ofrece su posición y cuidarse que sus nombres nunca aparezcan involucrados buscando individuos que les brinden tal garantía, al precio que sea. En este caso no se ha dado la excepción. Un niño instrumentalizado para quien la legislación ofrece “protección y restablecimiento de sus derechos” antes que penalización y otros ya vinculados con el mundo del crimen, conocedores de las consecuencias a las que se exponen con sus familias, organización criminal con representante señalado como articulador del plan macabro y quien curiosamente resulta asesinado por otra similar. Y hasta aquí el proceso, pues seguramente los verdaderos ordenadores del crimen, por su “altísimo nivel” permanecerán ocultos, aunque dentro del común de la gente se especule sobre ellos. Finalmente el caso se calificará como un crimen de Estado para que todos respondamos por los perjuicios ocasionados, con buena parte de razón, por la falta de criterio, apatía, ignorancia, ingenuidad, falta de valentía para defender los valores democráticos, apoyando con el voto a los directos responsables de lo que sucede. Para aquellos, difícilmente llegará la justicia terrena y será la divina la que se encargue de juzgarlos.
En el caso presente, me pregunto, aunque de forma muy hipotética, lo que hubiera acontecido si en lugar de tan destacado representante de la oposición, el atentado hubiese sido contra uno similar del alto gobierno. Y pienso solo en la diferencia en cuanto a calidad y cantidad de los esquemas de seguridad brindados tanto a unos como a otros, frente a las 24 solicitudes que dice la campaña de Miguel, le presentó a la UNP para mejorar su esquema de seguridad y que no fueron atendidas debidamente. Por lo pronto, un homenaje para este nuevo “Mártir de nuestra democracia”, votando en las próximas elecciones por candidatos efectivamente comprometidos con la seguridad, la transparencia, la paz, la libertad de opinión y la justicia.
- Temas relacionados :
