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Contra el olvido

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 27 agosto 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Colombia se quebró por mitades el día en que Juan Manuel Santos anunció el abandono de la política de seguridad democrática adoptada por su antecesor y mentor, Álvaro Uribe Vélez, dando inicio a una negociación de igual a igual con las farc, grupo sedicioso que a la fecha acumula tres cuartos de siglo agrediendo y violentando al país.

Tras una década de exitoso esfuerzo del Estado y sus instituciones, de inversiones presupuestales enormes, nutridas además con aportes de gobiernos y organismos multilaterales, de compromiso operativo de las fuerzas armadas legítimas, robustecidas, bien dotadas en armamento, recurso humano y moralmente revestidas de apoyo ciudadano, que redujeron hasta su inminente derrota a los violentos, de improviso, sin medir consecuencias obvias, a instancias del hermano del presidente, Enrique Santos, y su carnal Sergio Jaramillo, ambos con matrícula ideológica prozurda, y ambos de nefasta recordación, Santos, traidor a principios y convicciones hasta allí defendidas desde el ministerio de Defensa, sin precedentes ni atenuantes, nos embarcó a todos en una alocada aventura cuyo desenlace real no podía ser, como efectivamente ocurrió, sino la derrota de la legalidad a manos de la delincuencia organizada. Desde entonces, desde el prólogo de la farsa de La Habana y la firma final de esos tétricos pactos, la cadena de desgracias no para; el abismo abierto entre compatriotas apegados a la legalidad, a la vigencia de la justicia y el orden, versus quienes prefirieron el atajo de la resignación, de la rendición del Estado ante autores de toda clase de delitos, violaciones a derechos humanos y tropelías, ahora profundizado, insalvable, a cuenta de adhesión o rechazo hacia la persona de Gustavo Petro y su banda de corruptos, amenaza con devorarnos.

En esta maltrecha patria tendemos a la insensibilidad colectiva, a olvidar velozmente y a desconocer méritos ajenos.

Por ello es útil ejercitar la memoria, volver sobre pasos errados, principalmente para tener claro el proceso histórico del reciente pasado, y no reincidir en errores. De Gustavo Petro no pueden esperarse reflexiones sensatas en ningún sentido. Con su aberrada percepción de hechos y omisiones, ha creado un mundo, un país paralelo, idealizado, donde se abraza, se premia al asesino, al delincuente, y se juzga con severidad a quienes los combaten; donde no se reprimen ni condenan masacres execrables, sin explicación, justificadas luego como expresiones de rebeldía o descontento social; donde el narcotráfico y los narco cultivos se le achacan a personajes u organizaciones fantasmas con sede en Dubai; donde cada día con mayor celeridad y daño institucional, se desmantela la fuerza pública a través de recortes de recursos y bajas entre oficialidad, mandos medios y personal efectivo; donde a cada asesinato, extorsión, reclutamiento de menores, siguen la inacción de la autoridad y cantinflescas peroratas televisivas del presidente. En ese extraño mundo de Petrópolis, toda evidencia de país en descomposición de signos inequívocos de debacle económica, ética, administrativa, se soslaya e ignora.

Por todo ello, el asesinato de un senador de talla presidencial se ve como “gajes del oficio”, o retaliación histórica por actos de gobierno de su antepasado presidente; el asesinato en atentados narcoterroristas de veinte personas y heridas causadas a decenas de damnificados, como hechos apenas anecdóticos, rápidamente cubiertos de indiferencia y olvido por el gobierno y llos medios. Sin tener conciencia de realidad, los colombianos nos estamos dejando manipular, permitiendo que todo nos resbale, que nada se convierta en trascendente; todo transformable en refritos al terminar cada día. Por este camino de indolencia e ignorancia, sin capacidad de reacción, cuando llegue la esperada fecha de las elecciones presidenciales, el manto de olvido se extenderá sobre corrupción y corruptos, sobre masacres, asesinatos selectivos y demás delitos de las bandas armadas, sobre el desgobierno que hoy hunde al país en el desconcierto y la desesperanza.


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