Verdad de Perogrullo: los extendidos perjuicios de la maldad en la sociedad, los causan más el tonto espontáneo o a sueldo, que el malévolo neto.
Este actúa a conciencia, cálculo e intención, y en número representa exigua minoría; aquel, en cambio, el necio irremediable, carente de discernimiento, de aptitud y actitud, juguete de influjos, pasiones, de frustraciones y desacomodo social, adopta idearios que le ofrecen vindicar su miseria, encausar su envidia y frustraciones; los apropia sin reservas, adoptando el rol de idiota útil del perverso avezado, los difunde luego, los inocula en sus entornos, sumando a otros, de igual condición, para siempre, a la gran masa del odio y el resentimiento. De ahí en adelante, no importan hechos ni razones, el malo que lidere o responda a sus ideas, seguirá contando con la aceptación pasiva o activa del tonto.
En el plano de la rastrera política nacional, esta realidad es inocultable y especialmente nociva. Un mínimo núcleo de sediciosos -nunca han dejado de serlo-, liderados por el deplorable personaje que colma de indignidad la casa presidencial, cuyo dudoso y precario mérito es su capacidad de engaño, de seducción de fatuos e incautos, con vocación y trayectoria delincuencial, aupados por falso respaldo popular, ha copado gran parte de las ramas del poder, extendiendo la corrupción, el desgreño administrativo, la ineptitud funcional, a niveles pasmosos, inéditos, sin que se perciba una reacción ciudadana proporcional al daño infligido. Las cifras de aceptación o rechazo, con todo y ser favorables a la expectativa de cambio en la orientación del país, no evidencian el “castigo” que merecerían las corruptelas, estropicios y estulticias del presidente y su círculo próximo.
Latinoamérica toda, en simultánea con otras regiones del orbe, ha soportado durante más de medio siglo, el creciente asedio, a manos de seguidores de la doctrina marxista- comunista, de los manuales de Lenin, Engels, Mao, y demás teóricos y estrategas de “la combinación de formas de lucha” para la obtención y retención del poder. Con el ambiguo ropaje de “socialismo”, y en recientes décadas trocado a “progresismo” -término abusivamente birlado al diccionario, asociado a progreso, que denota avance, mejora, adelanto, relegando a quienes no nos identificamos con ideas zurdas -por absurdas-, a la idea de freno, de retardo o atraso-, y en últimas la tendencia woke, adscrita a las anteriores, el bloque ideológico que choca de frente contra el capitalismo como sistema económico, contra el liberalismo y la democracia en su concepción de mundo abierto a ideas, libertades, a iniciativa y propiedad privadas, la corrosiva izquierda, viene socavando las bases sociales y conceptuales que han permitido el desarrollo social, económico, científico y tecnológico del mundo, a los alucinantes niveles que hoy disfruta la gran mayoría de sus habitantes. Prácticamente todos los países del bloque Iberoamericano han padecido sus respectivos Petros; y con mayores o menores detalles, sus taras se asemejan. Los desenlaces en cada caso incluyen graves desastres socioeconómicos. Ojalá el epílogo de nuestro actual desgobierno, no conlleve tragedias mayores.
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