Jóvenes estudiantes de instituciones educativas de diferentes partes del país, con algo de nervios, pero con una valentía desbordante, deliberan durante horas en un aula de clase universitaria, alrededor de un tema general que la cultura popular de esta época informacional trataría como árido o aburrido, los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde la reflexión filosófica.
Esto ocurre en un evento convocado por organizaciones y programas académicos de filosofía. Diálogo, conversación y debate, realizado por jóvenes, con una apropiación e interés tan sorprendente, que no solo asombra, sino que reta a las generaciones adultas, acostumbradas a relegar la deliberación pública por cierto aceleracionismo que domina las decisiones sociales cotidianas.
Diálogos maravillosos son los que se vivieron durante la final de las III Olimpiadas Colombianas de Filosofía, los días jueves 16 y viernes 17 de octubre de 2025 en la ciudad de Bogotá en las sedes de la Universidad Pedagógica Nacional, Universidad Sergio Arboleda y Universidad Nacional Abierta y a Distancia. Allí se contó con la participación de una estudiante de la Institución Educativa Nuestra Señora de Fátima de la ciudad Armenia y con el apoyo del Programa de Filosofía de la Universidad del Quindío, que se viene promoviendo la importancia de la filosofía como un valor cultural necesario e imprescindible para la formación de las actuales y futuras generaciones, porque la filosofía está viva y es pertinente para afrontar este presente tan crítico.
Actualmente vivimos en diferentes contextos la cancelación del diálogo, la conversación y el debate, en algunos casos porque no se generan las condiciones para desarrollar la habilidades de escuchar, exponer y confrontar nuestras ideas, argumentos y apreciaciones y, en otros casos, porque se evita el intercambio bajo el postulado reduccionista de simplificar decisiones de manera apresurada, considerando el diálogo, la conversación y el debate como algo inútil, lo cual termina siendo peligrosamente censurador.
Sin embargo, no es cierto que en estos tiempos ya no existan conversaciones, que se hayan desplazado o cancelado, no es cierto que los jóvenes no quieran dialogar debido a la preponderancia de los medios de comunicación o las tecnologías digitales, pues bien, actividades como las Olimpiadas Colombianas de Filosofía, así como los foros, congresos, simposios, festivales de filosofía y humanidades, son muestra importante de que la juventud en esta época informacional y digital quiere dialogar, conversar y debatir.
Para ello lo que se requiere es de tiempo y disposición, que en las instituciones educativas, los directivos y los docentes posibiliten tiempo, generen espacios, proyectos y programas y tengan la disposición para que los jóvenes tomen la palabra, puedan expresar sus ideas y argumentos, generen controversia, puedan escuchar a quien piensa y opina diferente, y así fortalezcan la convivencia y amistad a través de las diferencias, de los acuerdos y desacuerdos. Poner freno a las decisiones desbocadamente apresuradas, desacelerar la loca carrera del rendimiento y el éxito, evitar la supuesta urgencia de la confrontación sin diálogo.
La filosofía en Colombia hace un llamado a la institucionalidad pública, a la empresa privada y a la sociedad en general a generar más y más proyectos y espacios para que a través de la palabra, del intercambio de ideas y opiniones, del encuentro intergeneracional, jóvenes y adultos, reflexionemos, preguntemos, argumentemos y propongamos. Paralelo a los procesos de desarrollo tecnológico e industrial, las sociedades requieren llevar a cabo momentos de deliberación e intercambio, los cuales las humanidades, las ciencias sociales y la filosofía han desarrollado a lo largo de la historia humana. Hoy más que nunca requerimos de amplios y constantes espacios de dialogo, debate y conversación como los que propone la filosofía.
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