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IDENTIFICAR AL ENEMIGO

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 29 octubre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Contadas semanas atrás, apenas masticábamos, sin lograr deglutir, el patético espectáculo de nuestro orate mayor con funciones de presidente, en pleno Manhattan, New York, sector de la urbe emblema del mundo libre, con miles de víctimas del terrorismo en aquel fatídico 11-09, megáfono en mano, rodeado de lambones e intonsos escuchas “no spanish”, arengando a las tropas estadounidenses, instándolas a la desobediencia hacia su comandante supremo.

Cuesta recrear la escena más surreal en ofensa de sus obligados anfitriones. Vendría luego la natural reacción del gobierno Trump, a mi juicio algo débil, tardía, con pérdida de visas e inclusión en la lista Clinton del lenguaraz, y de sus allegados políticos y familiares. Oso internacional del protagonista, pero por enorme desgracia, también para el país y sus nacionales.

Al infortunio de ser el mayor productor mundial de cocaína, cuna de Escobar y demás capos, inmortalizados por series audiovisuales en todo el mundo, tendremos que añadir al oprobio de Colombia, haber elegido un presidente sicópata, sociópata, narcoadicto, impune ex terrorista, compinche de dictadores, entre otras “virtudes”. En corto lapso, dentro del ya habitual ritmo de ingratas sorpresas, sumemos igualmente las pataletas del adicto por el Nobel de Paz a María Corina, a quien considera “despreciable”, por la absolución final de su archiodiado y envidiado, Álvaro Uribe, su absurdo e impopular proyecto de asamblea constituyente, la nueva crisis ministerial, entre otras lindezas, para reafirmar la generalizada convicción: se requiere con urgencia, si aspiramos a recuperar dignidad nacional, armonía social, prosperidad económica y estabilidad política, superar cuanto antes y para siempre, el horrendo bache donde estamos atascados.

Rasgar de parte a parte el telón oscuro que se extiende sobre el futuro de Colombia, requiere decisión y unión de voluntades. ¿Será suficiente elegir, entre la variopinta oferta de candidatos -muchos de estos, candidotes-, un nuevo mandatario que corrija el rumbo del país? Temo que sería apenas un buen comienzo, el primer paso de un empeño mucho más complejo, pero necesario, si el objetivo es librarlo de las fauces perversas que hoy amenazan devorarlo. El enemigo, a mi juicio, luego de más de tres años de corrupto desgobierno y décadas de infiltración del cáncer zurdo en la sociedad colombiana, no está bien identificado. Si ingenuamente creemos que el mal se reduce a un nombre y apellido de origen y pasaporte italiano, estamos rotundamente equivocados. El empeño de salvar a Colombia comienza apenas con derrotar en las urnas, de manera clara, contundente, el actual régimen; pero de ahí en adelante tendremos que enfrentar con decisión, al costo que sea necesario, el perverso y falso “progresismo” y sus destructivas agendas globalistas, el wokismo en todas sus variantes, al anulador colectivismo zurdo que solo desgracias lleva y trae. Si de algún país podríamos aprender cómo hacerlo, es de Argentina. La experiencia de la gran nación del Austro, durante los dos últimos años, cuando su ciudadanía, harta de los pésimos resultados de la zurda peronista-kirchnerista, decidió optar – con éxito rotundo- por la alternativa diametralmente opuesta de Javier Milei, es ejemplo a seguir.


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