Luego de lanzar en tono airado y descompuesto su intención de convocar una Asamblea Nacional constituyente para reformar las instituciones que hoy rigen el país, el presidente Petro debió echarle unareversazo a su planteamiento inicial, ante la fuerte reacción en contra que recibió su propuesta y se ideó siete puntos diferentes, para tratar de calmar … Continuar leyendo
Luego de lanzar en tono airado y descompuesto su intención de convocar una Asamblea Nacional constituyente para reformar las instituciones que hoy rigen el país, el presidente Petro debió echarle unareversazo a su planteamiento inicial, ante la fuerte reacción en contra que recibió su propuesta y se ideó siete puntos diferentes, para tratar de calmar la polvareda que levantó y asegurar luego que no era esa su intención-.
Su acalorado discurso, tal como lo han planteado quienes no comparten su pensamiento político, además de tantos que lo apoyaron para su elección presidencial, se interpretó como intenciones de perpetuarse en el poder para imponer una dictadura similar a la implementada en Venezuela, violando su juramento firmado sobre mármol de no acudir a esa figura. Nada raro que esto suceda por la incoherencia que ha mostrado en su trayectoria. En este espacio de opinión previne en forma reiterada sobre los peligros que para nuestra democracia encarnaba la elección de esta persona como presidente de Colombia por sus antecedentes, incluyendo la alcaldía de Bogotá, donde fueron más los desaciertos que le generaron a la capital estancamiento en diferentes frentes. Recuerdo tantas críticas e improperios en mi contra de parte de lectores que no estaban de acuerdo con mis opiniones planteadas. Lo visto hasta ahora, parece ratificar lo dicho. Con su prepotencia y terquedad, lo que logra Petro es mayor desprestigio e incredulidad entre la población. Interesante sería que así lo comprendiera.
El presidente Petro hace creer a las bases populares que es la clase elitista representada en las instituciones la que pretende oponerse a las reformas que según él, corresponden a un mandato popular cuando lo eligieron. Desconoce que el Congreso de la República donde se tramitan sus reformas propuestas, también fue elegido popularmente en las urnas para legislar y no para tramitar y aprobar todo lo que al ejecutivo se le antoje así no sea del agrado o conveniencia de sus electores.
Le retórica victimizante que acostumbra utilizar en sus discursos el presidente Petro, para azuzar a sus seguidores a movilizarse si no se le aprueban sus propuestas, aduciendo que no lo dejan gobernar es una peligrosa práctica para incendiar al país como aconteció con la llamada primera línea a forzar su elección. Y la descalificación de los medios periodísticos por informar sobre su gobierno, cumpliendo con su deber, es otra muestra de su anhelo que solo se le publique lo poco positivo y se le oculte lo negativo. Si efectivamente el pueblo es el que ordenó, mandó cuando lo eligió.
Ssgún Petro, no puede olvidar que ese pueblo no solo lo constituyen el poco más de la mitad que votó por él sino también el resto de votantes en una proporción muy cercana a la suya que no le dio el voto y por igual tendría derecho a “ordenar y mandar” a través de las instituciones que defienden posición contraria a la suya y que él caprichosamente quiere imponer a como dé lugar.
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