Nos gusta llevarle la contraria a ciertos asuntos cotidianos.
Cuando aprendemos a conducir, el profesor de la academia nos repite con insistencia que por el carril derecho deben ir los vehículos más lentos y que, para adelantar, se utiliza el izquierdo. Entonces uno intenta poner en práctica esa recomendación que a todos los conductores nos enseñaron. Pero la realidad es otra: hay personas con licencia que van como un oso perezoso al volante.
Algunos pensarán que nadie puede imponer a otros por dónde andar. El problema es que un asunto lógico y sencillo termina convertido en un zigzagueo de automóviles. No se requiere mucha astucia para cumplir la regla: lento en el derecho, rápido en el izquierdo. Hágales caso a las señales de tránsito. No sean tercos.
Otros, en cambio, abusan del arriba y del abajo. Tal vez lo que voy a decir no es tan lógico para algunos, pero se aprende rápido: si voy a utilizar un ascensor y me dirijo hacia arriba, no hay necesidad de apretar el botón de abajo. ¿Qué sentido tiene eso? Ninguno. Solo hará que el elevador retrase su recorrido, baje y vuelva al piso de origen. Este problema de comprensión, por supuesto, incluye a quienes encuentran útil apretar al mismo tiempo los dos botones.
Pero eso no es todo. Hay otro de esos asuntos de todos los días en los que necesitamos pequeñas reglas. Aunque el lado por el que debemos bajar y subir las escaleras no es tan conocido, uno ve personas que no le ponen cierta malicia a este detalle, y prefieren adueñarse de toda la escalera. Se sube por la derecha y se baja por la izquierda. Es cuestión de saber caminar para no chocarse con otros. Si no lo sabía y usted es de los que sube y baja por cualquier lado, le invito a que, a partir de ahora, le preste más atención y se sujete del pasamanos correcto.
Por último, voy a mencionar el papel higiénico. Sí, en el mundo hay dos tipos de personas: quienes ponen el rollo con la punta pegada a la pared, y quienes colocamos el primer cuadrito mirando hacia el frente. De esta forma nos parece que el papel queda al derecho. Y no tenemos un síndrome compulsivo, aunque lo parezca.
El caso es que a los que ponemos la primera hoja hacia “afuera” nos respalda la patente del papel higiénico, que se registró en 1891. En el dibujo de la patente que se le concedió a Seth Wheeler se puede ver cómo hemos tenido la razón por siempre. Y si uno lo mira con lógica, es más eficiente desenrollar el papel en esa posición, además de que es más fácil cortarlo. Si no me creen, pruébenlo en casa.
En todo caso, la lógica de algunas cosas de la vida cotidiana merecen mayor atención. Esto no nos hace perder libertades. Más bien nos permite el entendimiento colectivo hacia la comodidad.
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