Uno era el personaje antes del encuentro masivo en la capital con más de 15.000 entusiastas en persona y más de 100.000 en sintonía digital, y otro bien distinto, mucho más sólido, consistente, en su aspiración presidencial, después del exitoso evento.
Así se proyecta en la reciente entrevista que realizó revista Semana al precandidato, hoy día el más opcionado de los aspirantes de la derecha política, Abelardo de la Espriella. Saltan a la vista y al oído, varios puntos a favor, pocos en contra, en el fondo del contenido y en las formas del trabajo periodístico. Bien conducida y planteada la entrevista, y cabalmente respondida, por De la Espriella.
Discrepo en el primer tema central abordado, respecto a la supuesta urgencia de unión, alrededor de un nombre, por parte de la derecha más caracterizada. A propósito, me parece necesario, además de honesto, con el electorado, que los preaspirantes de derecha, declaren abiertamente su filiación ideológica, sin ambages ni maquillajes. La derecha en Colombia no puede seguir siendo vergonzante, matizada; más bien debe ser distintivo ideológico que imprima carácter, dignidad, rescate de valores fundacionales, como los llama el Tigre.
De regreso al crucial asunto de la unión, no por madrugar amanece más temprano. ¿Que la izquierda toma ventaja en un lapso de indefinición de contendores definitivos? Para nada, creo. A esta altura del partido, vistos por todos el fracaso funcional e ideológico del gobierno, el océano de corrupción y delincuencia donde se ahoga, el caos diplomático que compromete al país, las miserias personales del indigno, del psicótico ocupa de Casanariño, pueden valer más varios frentes o flancos de oposición, actuantes, punzantes, sacándole a Petro los cueros al sol, que una sola voz crítica por fuerte que parezca. Las preferencias de la gente deben expresarse desde la amplitud de criterios, dejando que la misma dinámica marque derroteros y nombres con total claridad. Bien está que Abelardo de la Espriella no rehuya y más bien proponga una posible alianza múltiple, pero a mi juicio, en lo concerniente a los nombres mejor ubicados en la opinión, lo correcto y al tiempo oportuno por ahora, es concentrarse en sus respectivas campañas, en la construcción y fortalecimiento de sus discursos. Lo hace bien Abelardo, por ejemplo, pero puede y debe hacerlo muchísimo mejor. El argumento del “ahorro” de recursos, suprimiendo el mecanismo previsto por la Ley, puede jugar en contra. Los votantes de una consulta querrían escuchar algo así como: ¡No se trata de elegir un candidato de la oposición; vamos a elegir el próximo presidente de Colombia!!
Acierta De la Espriella en el reiterado aprecio y adhesión hacia Álvaro Uribe, en el reconocimiento de sus méritos, estatura política y legado. Si existe un referente de indiscutible protagonismo y vigente capacidad de orientación política en Colombia, es el expresidente, cuyo brillo y ascendiente personal crecen con cada paso en falso del ex M19. Acierta igualmente en la mención de éxitos de Bukele y Milei; en querer rodearse de los mejores.
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