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Aníbal Echeverri, in memoriam

Hugo Hernán Aparicio Reyes

viernes, 19 diciembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Tarde soleada de domingo, parque central de Circasia; impreciso tiempo atrás. Lo vi sonriente, repantigado en la viga perimetral del muro jardinero, escuchando con deleite al cantante entrado en años que micrófono en mano pedía aplausos en efectivo.

Lo acompañaban, quizás su esposa, a quien yo no distinguía, su bella hija, Ana María, administradora de empresas egresada de Eafit, y uno de sus nietos. La reflexión tras la insólita imagen: ¿cómo alguien que podría estar en cualquier metrópoli del orbe, gozando de locaciones y espectáculos fantásticos, vedados para la mayoría de mortales, disfrutaba con la función de un cantante popular, entre el bullicio pueblerino? Fue forzoso en el instante recordar sus palabras, años antes, en referencia a algún viaje al exterior: -No, no me siento bien en ciudades enormes, en medio de ambientes y multitudes, donde no soy nadie. En Armenia, en cualquier lugar de El Quindío, no falta quien me distinga y dirija un saludo amable. Acá soy alguien. Y justamente su prestancia social, comercial, la total desprevención que mostraba al transitar a pasos veloces las calles del centro de la capital quindiana, asumiendo pequeñas o importantes decisiones en cada uno de sus negocios, observando con agudeza e impartiendo instrucciones, disipaban temores respecto a su seguridad personal.

Conocí a don Aníbal Echeverri, disfruté de su aprecio y confianza, en época crucial de cambios dentro de una de las esferas comerciales en la cual se desempeñaba como hábil pez en aguas agitadas. El mercado de los textiles no guardaba para Él secreto alguno; de su conocimiento y experticia, partió décadas atrás su exitosa trayectoria, llegando a consolidar una de las más sólidas cadenas de almacenes en el ramo. Agonizando el siglo XX e iniciando el XXI, desde Popayán hasta Medellín, pasando por Cali, Tuluá, capitales del Eje Cafetero, entre otras ciudades, tuve el encargo de dotar más de quince de sus establecimientos, con mobiliario y accesorios de exhibición para telas y demás insumos empleados en la industria de la confección, en la cual también incursionó. – Hugo, pase por dinero a la oficina y vaya a tomar medidas, por favor. Era la frase inicial de cada uno de los montajes contrarreloj en cualquier ciudad. Sus diversos campos de interés como inversionista, además de innato sentido de seguridad y rentabilidad, combinaban pragmatismo, audacia, riesgo calculado, visión futurista. A los textiles, por ejemplo, renunció tan pronto fue consciente de la inatajable entrada al mercado nacional de telas y confecciones de origen chino, aplicando reingeniería comercial a sus locales, sin desechar la tradicional y fiel cartera. Muebles de hogar, electrodomésticos, motocicletas; proyectos agropecuarios, desarrollos de finca raíz, entre industria, ensamblaje, comercio, y actividades primarias, urbanas o rurales, fueron entre otras, actividades y líneas generadoras de cientos de empleos dignos, que le merecieron un lugar destacado en la actividad económica regional. Exalumno de los Hermanos Maristas, contador público y administrador de empresas de la Universidad Nacional, trabajador incansable, ajeno a figuración pública, merecedor de premios y distinciones gremiales, Aníbal Echeverri Botero deja un enorme vacío familiar y un legado ejemplar en el ámbito empresarial del Quindío. Ana María, Joaco, mi solidaridad y respetuoso homenaje.


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