Desearía con fe, esperanza y fervor, para mis compatriotas, navidades felices y un nuevo año de paz y prosperidad. Por desgracia, más acá del formulismo o de sinceros deseos, se agazapa la horrenda certeza de una realidad que no armoniza con el deseo.
Al contrario, el oscuro telón que cayó en la escena nacional tres y medio años atrás, con la llegada de Gustavo Petro al poder, continúa negándonos el sosiego, el horizonte despejado que todos requerimos y anhelamos.
No es asunto menor. Hundidos como estamos en el caos, en la ignominia, en el más horrendo trance de la historia republicana, a manos de un impune antisocial, drogadicto, megacorrupto, tonto de capirote e incapaz funcional, y de su banda de cómplices, de áulicos e idiotas útiles, entre estos cientos de oscuros “intelectuales”, de tiktokeros, guerrilleros de tinto, bareto y pantalla, quienes nos embarcaron en la nave al garete de la zurda transnacional, surge el interrogante: ¿cómo tratarán la historia, la literatura, el arte y sus artífices, en el próximo y mediato futuro, este oscuro, vergonzoso trance que en la actualidad atravesamos?
¿A qué batería de tretas, ardides o relatos acudirán para eludir culpas, para esgrimir exculpatorios de su rastrero y letal proceder? ¿Ni una pizca de dignidad, de honesto autojuicio, contendrán sus mentes obnubiladas?
En cerebros apenas lúcidos, no cabrían razones para persistir en el error cometido cuatro años atrás; no obstante la izquierda recalcitrante, en contra del elemental sentido común, ahora invita a votar por alguien de peor catadura al actual orate de Casanariño; cuya única misión como político y ser humano, es odiar y destruir todo cuanto se oponga a los designios del ideario comunista, suyo y de su difunto padre, ambos de la entraña subversiva colombiana. ¿No colman sus aspiraciones de cambio, la interminable lista de delitos contra el erario, cometidos por sus cercanos ex-M19 y de otros orígenes que suman billones? De la sola UNGRD, organismo instituido para atender catástrofes y emergencias, a través de “proyectos” manipulados desde la misma presidencia, se robaron con cinismo aterrador, bastante más de un billón, nominalmente dirigido entre otros fines, a proveer agua a comunidades de La Guajira. Del más grande negocio estatal para adquisición de aviones militares, cuyo monto y condiciones de compra se esconden, pero del cual sin duda ha recibido prebendas y dólares a granel la plana mayor presidencial; de INVIAS, ECOPETROL y sus filiales, de las EPS en manos del gobierno, de innumerables entidades controladas por el petrismo, emana un hedor a corrupción insoportable, una sensación de hallarnos en un laberinto insoluble de perversidad. Si todo se limitara al saqueo de las arcas públicas… Ni hablar de seguridad colectiva, de los grupos ilegales rearmados y apoderados de vastas regiones, decretando paros, atacando instalaciones militares con decenas de víctimas apenas reseñadas a hurtadillas por los medios y asimiladas por una ciudadanía aterrada, atrapada entre fuegos; ni mencionar el auge de narcocultivos y narcotráfico, la descertificación, la inclusión del presidente en la lista de la deshonra global, el actual bochorno de su codicia en desespero por la negativa del Congreso a aprobar otra reforma tributaria que igual a la anterior terminaría en los bolsillos de su círculo. Colombianos, despertemos de una vez por todas. ¡No permitamos más abuso del poder, más golpes bajos a nuestra cándida buena fe!
- Temas relacionados :
