Con más de 100 canciones escritas, Éder Yamid Morales ha llevado historias del país y vivencias personales a la música popular, logrando que reconocidos artistas graben sus letras.
Éder Yamid Morales Aguirre es compositor, músico y director del grupo Voces de América. Nació en Calarcá y creció rodeado de música gracias a una familia marcada por mariachis, tríos y orquestas. Aunque inició su camino musical a los 27 años, encontró en la composición una forma de narrar la realidad.
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Sus canciones han sido interpretadas por más de 80 artistas del género parrandero, popular, ranchero y mexicano, entre ellos Dora Libia, Hernán Darío, Jhon Álex Castaño, Nelson Gómez. Su historia también está marcada por la resiliencia, tras enfrentar un cáncer que transformó su apariencia física y su proceso personal.
¿Cómo nació su camino como músico y compositor?
Yo empecé primero como músico, tocando mariachi. La composición llegó casi por casualidad, a partir de una pregunta que me hice a mí mismo: ¿será que soy capaz de escribir una canción? Me senté, escribí una, y se la mostré a uno de los cantantes del mariachi. Le gustó tanto que decidió grabarla. Se llama La yegua caprichosa, una vivencia personal que escribí como una forma de desahogo con humor.
Desde ahí empecé a escribir más, primero desde mis experiencias y luego desde la observación de lo que pasaba a mi alrededor: las noticias, el fracaso, las historias ajenas y la vida misma.
Muchas de sus canciones nacen de noticias y hechos nacionales. ¿Por qué decidió convertir la actualidad en música?
Porque la parranda y la música popular viven del momento de lo que la gente está hablando. Son canciones que conectan con el chisme del país, con la canción que todo el mundo comenta.
Por ejemplo, El Minero, interpretada por Hernán Darío, ha sido la canción que más me ha representado, nació de lo que pasó con los mineros de Chile. Todo el mundo estaba pendiente del rescate, del drama, pero también el chisme; que el minero tenía dos mujeres, luego tres.
Es ahí donde uno empieza a construir la historia, a buscarle el lado popular, la recocha y sin faltar al respeto.
A lo largo de su carrera ha escrito en varios géneros y para distintos artistas. ¿Cómo ha sido ese proceso creativo?
Cada género tiene su forma de sentir y de contar. Yo siempre trato de meterme en el estilo del artista: escucho lo que canta, las palabras que usa y qué espera su público. Muchas veces empiezo por el título y desde ahí desarrollo la historia.
Pero también entendí que escribir no era suficiente. Yo decía: “las canciones están hechas, pero si nadie las conoce, hay que salir a venderlas”. Entonces empecé a buscar los contactos de los artistas en los mismos discos, llamaba directamente a los cantantes o sus managers y les proponía escuchar mi trabajo.
Muchos me decían que enviara la canción por correo, pero yo prefería hacer el recorrido completo: agarraba mi moto y me iba hasta Pereira o Cartago a tocarles el portón, a mostrarles las canciones en persona. Ese contacto directo fue clave para que confiaran en mis letras. Hoy son 110 canciones grabadas, 30 de ellas de parranda.
Su vida también estuvo marcada por una enfermedad que transformó su proceso personal y artístico. ¿Qué papel jugó la música en ese momento?
La música nunca paró en mí. Hace tres años me dio una enfermedad catastrófica, cáncer de nariz, y la perdí completamente. Aun así seguí trabajando, tocando serenatas, incluso con tapabocas.
Claro que hubo miedo, miradas de rechazo y comentarios, pero yo nunca he dejado que eso me quite la libertad. Un año después llegó la prótesis y muchas cosas mejoraron, pero durante todo el proceso la música me sostuvo y me permitió seguir adelante con dignidad.
Después de todo este recorrido, ¿qué legado le gustaría dejar como compositor del Quindío?
Que la gente sepa que en el Quindío hay talento y que desde aquí también se construyen historias musicales importantes, que hay un compositor que ha trabajado con distintos géneros y artistas del país. Durante muchos años este camino se ha recorrido en silencio y nunca se había contado esta historia, algo que para mí tiene un gran valor.
Mi deseo es dejar el ejemplo de que, con constancia, pasión y amor por la música, sí es posible abrirse camino, incluso cuando el proceso está lleno de dificultades, especialmente para quienes sueñan con la música y sienten que su origen limita sus oportunidades.
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