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Tras una vida entre escenarios, pérdidas y resiliencia, Carolina consolida una propuesta que une su voz, su identidad y su deseo de dejar una huella en el corazón de quienes la escuchan.

Carolina Torres Marín creció entre bambucos, pasillos, guitarras y aplausos. Oriunda de Montenegro, recuerda que su destino musical comenzó mucho antes de entender lo que significaba una tarima. A los cuatro años comenzó a trabajar y a los trece ya compartía escenario con su madre, la reconocida cantante Luz Marina Marín, figura emblemática del recordado Zaguán de las Guitarras en Armenia.

Carolina transitó la música colombiana con la que ganó concursos departamentales y nacionales, hasta la escena comercial, donde consolidó su nombre en espacios nocturnos de referencia en el Eje Cafetero. Uno de ellos fue Guitarra y Rumba, donde fue la voz principal por once años, para luego convertirse en propietaria y anfitriona de artistas nacionales e internacionales.

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Los escenarios la llevaron también a Chicago, Panamá y otras ciudades estadounidenses, donde representó al país en ferias y encuentros multiculturales.

¿qué momento le confirmó que la música no era solo herencia sino elección?

Toda mi vida he estado rodeada de música por mi mamá, pero entendí que este camino era realmente mío fue cuando empecé a asumir responsabilidades que iban más allá del escenario. Ya estaba casada, era mamá muy joven, estudiaba, trabajaba en la noche cantando y, aun con todo ese peso, la música era lo único que me sostenía. Años después, en mis momentos más duros, como la muerte de mi mamá y mi separación casi al mismo tiempo, seguí encontrando fuerza en el canto. Ahí confirmé que la música no era simplemente algo heredado, sino la decisión más profunda y consciente de mi vida.

¿Cómo influyó ese origen en su identidad musical?

La herencia de mi mamá y de Dios es el pilar de todo lo que soy como artista. Mi mamá no solo me enseñó a cantar; me mostró a vivir la música con disciplina, respeto y entrega. Gracias a ella aprendí que una voz es responsabilidad, que un escenario se honra y que la música se siente desde el alma. Y espiritualmente, siempre he creído que mi talento es un regalo de Dios, algo que me sostiene en los momentos buenos como en los difíciles.

Ese origen fue lo que finalmente me impulsó a escribir. Mis primeras canciones nacieron del dolor, la memoria y la esperanza. En el 2016 surgieron temas como “Que se vaya, que se vaya” y “Tengo mozo y qué”. Luego, en pandemia, escribí “tu recuerdo vuelve a mí”, dedicada a mi mamá, fue una forma de procesar el duelo profundo que vivía en esos días. Esa es precisamente la canción que voy a lanzar próximamente en las plataformas digitales. 

Está trabajando en una nueva propuesta, ¿cómo surge La Nave del Olvido? 

Es un proyecto musical que estoy desarrollando junto a Juan Carlos Ángel o más conocido como “Ángelo”. Es un homenaje a los grandes clásicos de la música romántica de los años 70, 80 y 90. Interpretamos canciones de artistas como José José, Amanda Miguel, Camilo Sesto, Yuri, entre otros, pero con una puesta en escena renovada y muy cuidada.

Contamos con una banda sólida, integrada por músicos muy reconocidos de la región, y nuestro objetivo es llevar este formato a teatros, convenciones y escenarios grandes tanto en el Quindío como fuera de él. La idea es revivir esas canciones que marcaron generaciones, conectarlas con el público joven y ofrecer un espectáculo que una lo emocional con lo musical.

¿Cuál es la huella que quisiera dejar? 

La huella que quiero dejar es la de una mujer que vivió para la música y que se mantuvo firme a pesar de todos los golpes personales y profesionales. Quisiera que mi voz siga sonando incluso cuando yo ya no esté, así como hoy la gente todavía recuerda a mi mamá, pide sus canciones y habla de las hijas de Luz Marina. Eso para mí es un legado inmenso.

También quiero que se reconozca el valor del esfuerzo, porque nada en mi vida ha sido improvisado, ha sido disciplina, constancia, amor por este oficio. Y, sobre todo, quiero que se sepa que represento a mi región con orgullo y con el compromiso de dejar siempre lo mejor de mí en cada escenario.

¿Qué mensaje les envía a los nuevos artistas?

No pierdan tiempo. Prioricen estudiar, prepárense y manténganse enfocados. Este medio exige disciplina y constancia, no solo talento. Y algo fundamental: apoyen el talento local y déjense apoyar. En el Quindío hay muchísimo por mostrar, y si trabajan con pasión, pueden llegar muy lejos.

 


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