El próximo 8 de marzo, los colombianos tendremos la oportunidad de elegir a 108 senadores de la República, quienes serán seleccionados por circunscripción nacional, y a 188 representantes a la Cámara, elegidos por circunscripción territorial.
Casi 38 millones de ciudadanos están habilitados para ejercer su derecho al voto. En definitiva, este será un momento crucial para renovar el Congreso de la República. Para contextualizar, es pertinente recordar brevemente el origen del Senado. Esta institución tiene sus raíces en la Antigua Roma, datando del siglo VIII a.C. Originalmente, el Senado era un consejo de ancianos y jefes, conocidos como “patres” o seniores, que asesoraban al rey. Durante la República Romana, establecida en 509 a.C., el Senado se consolidó como la principal asamblea deliberativa, compuesta por 300 miembros que controlaban la política exterior y las finanzas. Lamentablemente, una gran mayoría de la ciudadanía desconoce la función específica de un senador o representante a la Cámara. Para ilustrar este punto, es fundamental acudir a la Constitución Política de Colombia y conocer las atribuciones del Congreso de la República. Es importante mencionar que muchos ciudadanos no han leído la Constitución, lo cual no es una falta de interés, sino el resultado de la escasa promoción de una cultura de educación política por parte del Estado y sus delegados. No se trata de convertir a la ciudadanía en “borregos”, sino de empoderar a cada colombiano y colombiana a conocer y hacer valer nuestra Constitución como la carta de navegación de nuestros derechos civiles y políticos. Así, según el artículo 150 de la Constitución Política de Colombia, “Corresponde al Congreso de la República la función principal de hacer las leyes, interpretarlas, reformarlas y derogarlas.” Esta disposición define las facultades legislativas generales, que incluyen la expedición de códigos, la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo y la regulación de la estructura del Estado. Por lo tanto, es vital entender cuáles son las funciones que desempeñan nuestros legisladores, siendo la principal de ellas ¡la creación de leyes! El Congreso es una de las tres ramas del poder estatal, específicamente la legislativa. La participación informada y activa de los ciudadanos en este proceso electoral es fundamental para fortalecer nuestra democracia y asegurar que nuestras voces sean escuchadas. Aquí, la soberanía reside exclusivamente en el pueblo. La solución a la politiquería no radica en acabar con el Congreso ni en renegar de él; más bien, se trata de saber elegir. No debemos votar por la bolsa de leche, sino desterrar políticamente a aquellos que utilizan la política como un refugio para el saqueo del erario público. En este sentido, es imperativo que cada ciudadano asuma su papel con responsabilidad y astucia, eligiendo a sus representantes con criterio y discernimiento, para así garantizar que el poder se ejerza en beneficio de todos y no de unos pocos. Estimado elector, no elijamos congresistas por caprichos de jefes políticos corruptos. Al contrario, elijamos a aquellos que legislen en favor de las causas sociales y que impulsen las reformas que el pueblo realmente necesita. Es momento de priorizar el bienestar colectivo sobre los intereses personales.
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