Saltar al contenido

Carta 13

Jorge López

domingo, 1 marzo 2026

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

A nuestra Verónica.

Hace apenas algunos días estábamos juntos, aguantando con bastante dignidad las temperaturas bajo cero que nos ofrecía esa ordenada y bella ciudad en la que vives. “Lauri” y yo dormíamos (y respirábamos) gracias a un humidificador de aire que tu papá, hombre bendito, rellenaba de agua varias veces al día con ese cuidado silencioso que tienen quienes aman sin publicarlo en el periódico.

Yo luchaba contra ese cruel aire seco, contra mi nariz de piedra pómez, intentando no toser ni estornudar sangre. También tenía esa surrealista y aún extraña, pero hermosa sensación onírica.

El último día de esta edición de nuestra aventura, cuando ya solo nos quedaba hacer check in, calentarnos una última vez con la chimenea y que las cosas nos cupieran en las maletas, vivimos una tarde encantadora, en donde Penélope, después de haberme exculpado por una impertinencia, hizo catarsis, entre lágrimas, de algunas de sus tan comprensibles angustias escolares. Ya sabes que verlas crecer y enfrentarse a las diferentes situaciones de la vida ha sido y seguirá siendo un honor para mí. Seres tan humanas como ustedes son como lluvia en el desierto, esperanza pura en medio del desolador panorama que nos plantea este atribulado mundo y sus egocéntricos líderes. Ustedes hacen parte de las personas que encarnan la inconmensurable y desagradecida labor de intentar sembrar amor y sonrisas, y así el mundo apeste un poco menos.

Ahí, recién terminé un café y una dona, y tú alguna de tus exóticas y tiktokeables pociones con matcha, tuvimos una corta conversación que para mí fue enorme. No por lo que te dije exactamente, sino porque sentí que ya podías comprender y dimensionar mis palabras completamente. Hablaron dos amigos.

Te hablé del café, precisamente. De lo que significa para mí. Para nosotros. Tú haces parte de esta cofradía “del café” desde que naciste aunque no hayas firmado ningún contrato. Tus papás, Lauri, nuestros amigos… todos hemos ido construyendo con los años un pequeño club sin sede (aunque alguna vez tuvimos). Proponer un café nunca ha sido solo proponer un café. Ha sido abrir un espacio. Decir “aquí estoy”. Ha sido crear un lugar donde se puede hablar sin miedos ni prejuicios. Donde caben las dudas, las anécdotas. Donde se recibe cualquier intento de hacer reír con las mejores intenciones. Donde también caben los silencios, si es eso lo que requiere la ocasión.

Te contaba allí que el café ha sido, entre otras cosas, nuestro diván improvisado. Allí hemos soltado angustias, celebrado buenas noticias, entendido pérdidas y, en ocasiones, simplemente nos hemos sentado sin que ocurra nada especial. Y eso también importa. Porque ese café no obliga a que algo pase; solo deja la puerta abierta para que pase.


Con los años, esa taza se volvió un símbolo para quienes te amamos. Nos acompaña en las mañanas como combustible, en las tardes como refugio y en las noches como excusa para seguir conversando un poco más. Nos recuerda que seguimos aprendiendo a ser adultos responsables por obligación, aunque, al menos yo, reconocido payaso, me resista. Nunca nos propusimos ser adultos, ¿sabes? Solo empezaron a llegar, de repente, más y más cuentas de cobro y achaques, y hemos asumido el rol con resignación, sin demasiado entusiasmo. Por dentro seguimos sintiéndonos niños. Somos niños con canas y Backpain FC. Somos como tú, solo que más cansados y menos encantadores.

Vivimos en un mundo obsesionado con la utilidad, con hacer todo rápido, con medir el valor de los procesos en cifras. Por eso detenerse a disfrutar, con pausa, de un café se ha convertido casi en un acto de rebeldía. Es elegir la pausa cuando todo empuja al ruido, es recordarle al cuerpo que no somos máquinas.

Ese día sentí algo muy bonito: que ya tienes la sensibilidad y la empatía necesarias para entender lo que antes solo veías como una costumbre de esa gente rara que te ama y te cuida. Crecer también es descubrir el significado de los pequeños rituales.

Por eso hoy quiero dejarte esta promesa escrita, con la firme intención de que no se la lleve el tiempo ni la distancia: siempre que quieras un café (o una excusa para hablar), estaremos ahí para ti. Para escucharte, para compartirte un poco de las notas que hemos tomado en estos años que te llevamos en el planeta, para reír (por supuesto), para pensar junto a ti en soluciones a los problemas… o simplemente para acompañarte en silencio.

Felices 13.


  • Temas relacionados :

junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
Noticias relacionadas