Significativas diferencias marcan las convocatorias y respuesta a las marchas ciudadanas hechas por el gobierno de Petro buscando respaldo a su gestión y las convocadas por la oposición en desacuerdo por la forma como él ha venido orientando el gobierno.
Primera, para la convocatoria Petro ha tenido que acudir a reiterativos mensajes publicitarios en diferentes medios de comunicación, pagados con recursos oficiales, mientras que la convocatoria que realiza la oposición utiliza las redes sociales, sin invertir un solo peso. Segundo, Petro debe ofrecer incentivos especiales para que su convocatoria sea atendida, como: transporte, refrigerios, alimentación, contratos a grupos folclóricos y musicales a manera de atractivos especiales, montaje de tablados, mientras que la convocatoria de sus opositores tan solo está sustentada en el auténtico sentir de descontento de los participantes, acudiendo de forma masiva. Tercero, Petro tiene a su favor la maquinaria burocrática y contratista vinculada laboralmente con su gobierno, a la cual simplemente solicita su presencia en las marchas a través de sus jefes, ministros, gerentes y directores de los diferentes institutos descentralizados y a quienes seguramente se solicita por igual invitar a sus allegados para aumentar la asistencia. Igual los movimientos sindicales, indígenas, campesinos, la primera línea donde están sus seguidores. La oposición no cuenta con esta ventaja especial en la proporción del ejecutivo y la respuesta siempre ha sido mayoritaria. Genera suspicacia que las movilizaciones antes de la última elección presidencial fueron influenciadas por la primera línea con violentas acciones en contra de los participantes de buena fe, de la fuerza pública y de los bienes públicos. Ahora, cuando ya Petro que tanto los ha defendido y convoca las movilizaciones, todo transcurre en paz y orden. De otro lado, mientras la convocatoria oficial recibe atención solo en las principales ciudades del país, las de la oposición se registran en todas las ciudades capitales y muchos otros municipios. La logística en las oficiales es mucho más compleja y costosa, que en las de la oposición, sin mayores compliques.
Lo anterior puede sustentar resultados de encuestas que le otorgan al presidente una desaprobación del 63% , reflejado en este tipo de manifestaciones, la suya con estrategias artificiales y las de la oposición, con participación espontánea sin más motivación que la necesidad de pronunciarse en defensa de la democracia y de la estabilidad social y económica que siente amenazadas con las decisiones que ha pretendido implantar el actual gobierno en campos trascendentales para todos, sin excepción. La seguridad que constituye uno de los factores más impactantes en la ciudadanía, se encuentra altamente comprometida en una de cada 4 poblaciones del País (312 amenazadas, 166 por elecciones según la Misión de Observación electoral), con injerencia de grupos criminales que pretenden imponer sus propios candidatos forzando la voluntad de los electores. Todo ello genera malestar y descontento frente al gobierno que debe velar con contundencia para combatir tan cruel situación, otorgando a la fuerza pública las herramientas y capacidad de acción suficiente y no frenándolas o limitándolas como ha acontecido.
Suena incoherente que el presidente insista tanto en la necesidad de un Acuerdo nacional, pero de forma testaruda solo quiera el respaldo y aprobación a sus reformas sin tener en cuenta el concepto de las entidades y personas que no las comparten en su totalidad, por las graves consecuencias que traerían para toda la población colombiana, objetivo de su gestión y no solo de quienes votaron por él. Finalmente, me uno al rechazo por la invasión hecha por la minga indígena presente en Bogotá, a las instalaciones de la revista Semana. Ataque inaceptable a la libertad de prensa.
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