La idea de las siguientes palabras es abrir la pregunta y la inquietud sobre la posibilidad de una sociedad organizada o desorganizada. Vivimos tiempos de hiperindividualismos y fragmentación de intereses, la idea de individuo formulada por el pensamiento moderno desde el siglo XV, en el último siglo ha logrado conformarse de manera extrema, tanto que … Continuar leyendo
La idea de las siguientes palabras es abrir la pregunta y la inquietud sobre la posibilidad de una sociedad organizada o desorganizada. Vivimos tiempos de hiperindividualismos y fragmentación de intereses, la idea de individuo formulada por el pensamiento moderno desde el siglo XV, en el último siglo ha logrado conformarse de manera extrema, tanto que en muchas ocasiones cuesta comprender qué es lo que une a un grupo, colectivo o sociedad. Es tan así que se juzga de improbable, sospechosa, de fábula o fantasía la existencia de la integración de la población de individuos en lo que se llama “sociedad”. ¿Qué nos hace nación, país, comunidad, grupo, pueblo, colectivo, sociedad?
Por ahora un acercamiento a esta pregunta se plantea alrededor de la producción de estrés, excitación, preocupación, indignación o inquietud común, o que se hace común, en colectivos dispares. Esta reflexión es planteada por el filósofo alemán Peter Sloterdijk en su conferencia titulada Estrés y Libertad (2011): “… los grandes cuerpos políticos, a los que denominamos sociedades, deben entenderse en primer lugar como campos de fuerzas constituidos por el estrés, a la vez que como sistemas de preocupaciones que se estresan a sí mismos y se precipitan hacia delante permanentemente”. No hay por tanto identidades esenciales o supuestos comunes a priori que se presenten como los articuladores de lo que es la sociedad, sino que aparece algo asociado a un tema urgente y preocupante que convoca y articula.
Sigue diciendo Sloterdijk que la sincronización, convergencia o puesta en común de las preocupaciones tienen como condición actual a los medios de información, que evocan y provocan día a día a las poblaciones; en términos del lenguaje de los comunicadores o periodistas, es el poner o marcar la agenda diaria, el tema del día. “Los receptores eligen entre esta oferta todos los días. La nación es un plebiscito diario, en el que, sin embargo, no se consulta sobre la constitución, sino sobre la prioridad de las preocupaciones.” (Sloterdijk)
Importante y necesario que en los tiempos actuales se realicen reflexiones críticas y abiertas sobre esta relación entre aspectos movilizadores de colectivos de individuos y los medios de información. Actualmente los medios de información se circunscriben, por un lado, en ser masivos, de llegar a amplias franjas de la población, y por otro lado, de fragmentar los receptores o públicos a partir de la articulación o convocatoria de inquietudes que se hacen comunes. Esto nos lleva a considerar que la elección de la oferta diaria de preocupaciones o inquietudes es una decisión de los individuos, algo así como elegir el canal de televisión o streaming que se quiere ver.
En todo caso, la articulación como sociedad viene pautada en la movilización diaria de inquietudes o preocupaciones en los individuos. Una época de comunidades de estrés, de la agenda diaria o el tema del día. El impacto en la economía si baja o sube el dólar, el discurso del mandatario de turno, la captura o asesinato del día, el evento natural que se convierte en desastre o generador de riesgo, el apoyo o rechazo a la reforma política, entre otros temas crónicos, son los que se presentan como condición de las actuales sociedades fantasmagóricas, de identidades colectivas de orden fantasioso o fabulario. “La actualización del lazo social en el sentir de sus miembros solo puede llevarse a cabo mediante la creación simbólica de un estrés tematizado de manera crónica”, (Sloterdijk). Por tanto, la sociedad se convierte en una puja por quién vende la mejor inquietud o preocupación que logre movilizar el estrés colectivo.
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