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Emancipados

Camilo Andrés López Leal

sábado, 4 junio 2022

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¿Es posible que un ignorante enseñe a otros ignorantes algo que él mismo no sabía? En términos generales y cómo han formado la costumbre y la tradición, la respuesta a esta pregunta es: no es posible. Las sociedades humanas han fijado como patrón de comportamiento y toma de decisiones el direccionamiento de lo que podemos … Continuar leyendo

¿Es posible que un ignorante enseñe a otros ignorantes algo que él mismo no sabía? En términos generales y cómo han formado la costumbre y la tradición, la respuesta a esta pregunta es: no es posible. Las sociedades humanas han fijado como patrón de comportamiento y toma de decisiones el direccionamiento de lo que podemos saber y comprender del mundo a partir de las explicaciones de alguien que se dice tener un saber. Vivimos en sociedades “pedagogizadas”, que requieren de explicaciones de individuos que poseen un saber y transmiten a otros individuos que son vistos como no poseedores de saber. 

El filósofo francés Jacques Rancière ha dedicado su trabajo académico e investigativo a cuestionar este orden de las cosas, este patrón de comportamiento y toma de decisiones. Bajo la tesis del orden explicador, nos presenta cómo hemos construido lógicas y patrones de dependencia de “maestros” que toman la palabra para explicar a otros razonamientos que ya fueron presentados, publicados, divulgados. Es así que este orden explicador posiciona a unos capaces y a otros incapaces: “Explicar algo a alguien es, en primer lugar, demostrarle que no puede comprenderlo por sí mismo. Antes de ser el acto del pedagogo, la explicación es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido en espíritus ignorantes, maduros e inmaduros, capaces e incapaces, inteligentes o estúpidos”. (Ranciére, 1987)

Lejos de ser un discurso en contra de las formas de educación, la propuesta de este autor pone en cuestión los ordenamientos o patrones lógico-políticos y organizativos que justifican y promueven la desigualdad en diferentes instancias sociales. Están en una relación de desigualdad, bajo el orden explicador, el maestro del estudiante, el intelectual de la ciudadanía, el político de la gente, los sacerdotes y pastores de los feligreses, los medios de comunicación de los espectadores.

¿Cómo romper con el orden explicador que promueve las desigualdades? Rancière propone la experiencia pedagógica del profesor Joseph Jacotot, quien a comienzos del siglo XIX anunció la igualdad de las inteligencias y la emancipación intelectual, en el libro El maestro ignorante, cinco lecciones sobre la emancipación intelectual de 1987. La igualdad no constituye una meta o promesa, sino el punto de partida, una práctica, un hecho. Un cambio en la mirada y en el posicionamiento de cualquier individuo, de verlo y verse a sí mismo como poseedor de poder y capacidad como cualquiera, es decir, cualquiera puede y tiene la capacidad y el poder de la palabra. “El ignorante aprenderá por su cuenta lo que el maestro ignora, si el maestro cree que puede y lo obliga a actualizar su capacidad…” (Rancière, 1987).

En tiempos de decisiones trascendentales para el país, se espera que se obre de manera emancipada, es decir, que las decisiones no requieran de la explicación ni del direccionamiento de ningún supuesto maestro, político, pastor, influencer o medio de comunicación. Decidamos con el poder y capacidad de cualquiera. Exijámonos a nosotros mismos vernos como iguales.


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