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Responsabilidad en construir y habitar

Camilo Andrés López Leal

sábado, 12 marzo 2022

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La ciudad no es solo una materialidad, sino también un habitar, un deseo y una necesidad de vivir. Pensar una ciudad refiere estos aspectos. Al respecto, dice Richard Sennet, sociólogo norteamericano, “Una cosa es el medio construido y otra cómo vive en él la gente.” Desde el lenguaje sociológico del urbanismo se denomina ville a … Continuar leyendo

La ciudad no es solo una materialidad, sino también un habitar, un deseo y una necesidad de vivir. Pensar una ciudad refiere estos aspectos. Al respecto, dice Richard Sennet, sociólogo norteamericano, “Una cosa es el medio construido y otra cómo vive en él la gente.” Desde el lenguaje sociológico del urbanismo se denomina ville a la manera como se construyen las ciudades y cité a la manera en que la gente desea vivir. Estas dos dimensiones de ver la ciudad ponen sobre la mesa un conflicto que en la mayoría de los casos queda en manos de los expertos en planificación urbana (arquitectos, ingenieros civiles, sociólogos urbanistas, politólogos, investigadores, etc.), en los determinadores de políticas públicas de ciudad y, en especial, en los mandatarios locales, que tienen la responsabilidad, se supone, de orientar la planificación urbana a la luz de las políticas públicas acordadas.

El desarrollo urbano es actualmente una preocupación mundial, teniendo en cuenta el crecimiento cada vez más rápido de la población en las cabeceras municipales o zonas urbanas. Los datos recientes y las proyecciones a 2050, según el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, hablan que más del 55% de la población mundial se desplazará a las zonas urbanas; las causas de este desplazamiento son múltiples: por conflictos armados, corrimientos de las fronteras agrícolas, desertificación, oportunidades económicas de la vida moderna opuestas a la vida rural, entre otras. En Colombia este índice es mucho más alto, actualmente según el Censo de Población y Vivienda de 2018 realizado por el Dane, el 77,1% de la población vive en las cabeceras municipales, es decir, las zonas urbanas de pueblos y ciudades.

En este sentido, el reto en planificación urbana en Colombia es mucho mayor en términos de responsabilidad ética en la toma de decisiones que afectan el habitar, el deseo y necesidad de la vida, que en términos de la dimensión material o espacial de lo construido o por construir.  Es preciso reconocer que en estas decisiones tienen una inmensa responsabilidad ética y bioética los gobernantes que administran lo público, como los representantes que crean política pública y realizan control de la gestión pública. Así, la responsabilidad de la viabilidad de la vida en común, en sociedades donde estos actores políticos son elegidos democráticamente, es exigible también al del resto de la población a la hora de elegirlos.

El acelerado crecimiento poblacional en las zonas urbanas proyecta riesgos sociales y vitales que, si no se les presta la debida atención, de manera responsable, conducirían a un colapso inminente. La densificación de la población genera grandes demandas, tanto en las condiciones materiales adecuadas y necesarias, así como en los deseos del habitar. La clave está en ver de manera integrada y ecológica el construir y el habitar como elementos para pensar y hacer una ciudad viable y vivible. Necesitamos de planificadores urbanos, de líderes políticos y de ciudadanos que desarrollen la capacidad de ver, asumir y elegir las zonas urbanas de manera compleja, que trasciendan los intereses creados en la órbita de la construcción estándar, así como los creados en órbitas utópicas del habitar, es decir, sin determinismos materiales, ni fanatismos ideológicos.


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