Deponer los odios ha sido unos de los mensajes básicos en los procesos de paz que se han llevado adelante. Reconocer y no agredir al otro diferente a un yo, que solo se ve como idéntico, también está en los principios de la construcción de paz. Tener el coraje de expresar la verdad y de también escuchar la verdad que otros manifiestan igualmente está allí en la idea de paz. Tareas difíciles cuando han pasado tantos años de construcción de identidades basadas en el odio. Dice el filósofo alemán Gunter Anders en su ensayo ‘La obsolescencia del odio’, publicado por editorial Pre-textos en 2019, que el odiar a otros es construcción de identidad:
“Más verdadero que el famoso “cogito ergo sum” de Descartes, es el vulgar y casi universalmente aceptado “Yo odio, por tanto, yo soy”. O, con más precisión, “Por tanto, yo soy yo”. O, finalmente: “Por tanto, yo soy alguien””. (p.34)
Increible que un alguien construya su yo, su identidad, a partir del odio que le despierta un otro. Dicha identidad que se construye en el odio, no tanto en quién o qué es objeto del odio, sino en el odio mismo, invisibiliza, desconoce y desaparece al otro en tanto su compromiso afectivo es directo con el odio: “aman más el odio como tal de lo que odian a la persona odiada”. (p. 42) Situación enfermiza y preocupante que no deja avanzar los diálogos, conversaciones o procesos de construcción de convivencia y de procesos de paz.
Este afecto al odio es aprendido. En estos tiempos donde la cultura popular forma la ciudadanía, la industria del entretenimiento es uno de los grandes promotores y escuelas del maniqueísmo que fomenta la autoafirmación del yo en el odio: si no estás conmigo estás contra mí. Sin embargo, lo mismo podemos decir de los fundamentalismos religiosos y, casi similarmente a estos, en los procesos de militancia política en movimientos sociales, grupos políticos organizados y partidos políticos. La demonización de los otros pone el primer impulso en la formación de la identidad en el odio. Desconocer y anular la voz, posición o condición del otro bajo la idea “es que usted no es idéntico a mí”, a mi grupo, a mi partido político, a mi clase social, a mi generación. Como si la única condición válida de existencia fuera la pertenencia o identificación al grupo o filiación fundamentada en el odio.
En tanto a la propuesta de una paz total, las identidades basadas en el odio se convierten en el principal obstáculo. Y es tan difícil la situación actual para el país, que dichas identidades no solamente son favorecidas por los opositores históricos a la construcción de paz, sino que también se favorece, promueve e instala en los discursos de grupos simpatizantes o militantes al actual gobierno. La identidad basada en el odio es sorda a la valiosa idea de reconocer a los otros, de convocar a diálogos, acuerdos y negociaciones que se propone en la paz total. Un equívoco circular y autoaniquilador es continuar con las tesis dicotómicas. Las identidades basadas en el odio exterminan la pluralidad, la idea de una paz con todos.
- Temas relacionados :
