El mundo actual tiene bastantes realidades crueles. Son muchas las urgencias que necesitan atenderse, reivindicando el respeto a los derechos humanos, a la conservación y viabilidad del planeta. Entre estas realidades crueles está la difícil situación que viven millones de hombres, mujeres y niños que abandonan sus lugares originarios de vida huyendo de las violencias, … Continuar leyendo
El mundo actual tiene bastantes realidades crueles. Son muchas las urgencias que necesitan atenderse, reivindicando el respeto a los derechos humanos, a la conservación y viabilidad del planeta. Entre estas realidades crueles está la difícil situación que viven millones de hombres, mujeres y niños que abandonan sus lugares originarios de vida huyendo de las violencias, las guerras y persecuciones; huyendo a buscar un mundo mejor, otra posibilidad de vida, poniendo en riesgo la misma vida.
En Colombia este fenómeno lo han vivido miles de familias debido al conflicto armado, que en 2016 creímos se anunciaba su finalización, pero las contradicciones políticas y económicas no han permitido poner punto final. Denominados desplazados, ciudadanos colombianos de diferentes edades han huido de sus lugares de origen para no ser asesinados por la violencia armada, dejando atrás las tierras que habitaban, historias, familiares y bienes materiales. Más que desplazados han sido desterrados y desposeídos.
Por otro lado, nuestro país lamentablemente es escenario de las migraciones de miles o millones de ciudadanos venezolanos que también decidieron huir de su país debido a la violencia estructural y las amplias dificultades económicas que vive la nación vecina. Y, por si fuera poco, Colombia se ha convertido en lugar de tránsito para cientos de miles de personas de diferentes nacionalidades, chinos, afganos, sirios, haitianos, senegaleses, entre otros, que también huyen de sus países originarios por las violencias y guerras. Con la esperanza del tan vendido sueño americano, este falso sueño cobra la vida de las personas que están en tránsito en las mismas rutas, caminos y cruces de frontera o cobra las vidas convirtiéndolas en esclavos contemporáneos en un país de los falsos sueños y costosas ilusiones.
La migración o movilidad humana es un problema muy serio, que quienes no lo padecemos no logramos dimensionar, por tanto, requerimos de proyectos, espacios, obras y escenarios que afecten y llamen nuestra atención y seduzcan nuestra empatía, con el propósito inicial de reconocer el problema y en la medida de lo posible comprometernos en aportar con algo que busque ir disminuyendo dicha situación. Aquí los llamados somos todos, no solamente los funcionarios públicos que tienen responsabilidades en esta temática, sino la ciudadanía en general. En primer lugar, hay que romper con la apatía. Una combinación de impotencia e indiferencia es lo que tenemos en la mayoría de los casos en nuestra mirada frente a los migrantes, urge hacer algo más y especial exigir a quienes en épocas electorales quieren ocupar algún puesto en el estado.
Como acercamiento a reconocer y enterarse de manera diversa podemos mencionar cuatro proyectos artísticos y mediáticos: en primer lugar, mencionar un evento amplio desarrollado en Argentina y que podemos consultar en línea denominado Cine Migrante, que hace énfasis y reclama la migración y movilidad humana como un derecho humano inalienable, que debe realizarse en dignas condiciones. En segundo lugar, la serie documental Caminos Humanos liderada por el Ministerio de las TIC, con la coproducción de la Universidad del Quindío y el canal regional Telecafé, producto audiovisual que nos introduce en todas las variables de la migración humana. En tercer lugar, la obra de teatro Entre Líneas del grupo Teatro Azul, una puesta en escena contemporánea que combina el audiovisual, la poesía, la danza y el teatro en una reflexión sobre ese artificio de las líneas de frontera. Finalmente, en cuarto lugar, mencionar la importante exposición de fotografía de figuras modeladas en plastilina realizada por el director-animador e ilustrador Edgar Humberto Álvarez, bajo el nombre Refugiados y Migrantes en América, que este mes se encuentra en la sala de exhibición del Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá.
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